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OPINIÓN - LUNES, 26 DE OCTUBRE DE 2009

 
ANÁLISIS / MALIKÍ O WAHABÍ

Imam import

Por Abdemalik Mohamed


La idea de formar imames en Arabia y Egipto para aquellas mezquitas de Ceuta no dependientes del Ministerio de Asuntos Musulmanes de Marruecos (Habus), aparece como punta de lanza de una soldadesca sin méritos conocidos y que se aparece cada vez con más arrestos y menos razón.

La búsqueda de la independencia subyacente no trata del bienestar de los fieles; antes bien, es parte de una estrategia calculada a rodilla plegada y síes a bwanas presentes y remotos y de fines diversos, entre los cuales cabe citar la idea de establecer una quinta columna en el corazón del colectivo musulmán de Ceuta, con la “noble” misión de propagar nuevos dogmas, nuevas formas de oír, entender y aplicar el Islam, como si lo existente no valiese, aunque de él se afirme que su base maliki es la correcta, ahora, no así hace unos meses, pero con ciertos cambios, pero sin decir cuales.

En realidad, nada tiene sentido, salvo el propósito anhelado y no manifestado de sus promotores, pues si la escuela va a ser la malikí, resulta incoherente buscarla tan lejos, sobre todo si tenemos en cuenta que el único país que ha formalizado un proceso de formación para imames de acuerdo con los tiempos que vivimos es Marruecos, siendo el país que más imames “exporta” al mundo, sobre todo a los países europeos, bajo demanda de sus gobiernos, pues resultan atractivos los métodos establecidos por el Ministerio de Asuntos Musulmanes, que hace hincapié en el conocimiento y las muchas facultades que otorga el sentido de la moderación (Ver El Pueblo de Ceuta, martes 23 de septiembre, 2008, página 30, artículo Imames).

La idea de buscar el malikismo tan lejos teniéndolo tan cerca, sin más justificación que la manifestación de hacerlo, se ofrece como prueba suficiente de unas intenciones poco claras, sobre todo si tenemos en cuenta que buscar malikismo en Arabia Saudi es un poco complicado, dado que la escuela allí existente es la Wahabi, así como que en Egipto la escuela predominante es la de Abu Hanifa.

Existe en todos estos movimientos sombra intangible, con y sin perfil definido, con volumen y sin él, una forma grotesca y burlesca de decirles a los demás lo que es sin serlo, una actitud de ademanes maquiavélicos y matices maliciosos, todo ello entre quicios y balaustradas puramente kafkianos, sin abandonar ciertas formas que rozan la auténtica estupidez.

La única mezquita en Ceuta con pedigrí boxístico lo ostenta aquella que sirvió de lanzadera a quienes ahora pretenden decirnos que la vía heredada de padres y abuelos no lleva a ningún sitio, que cambiemos de andén y que nos vayamos al suyo, que desde allí nos llevarán sin parada a sitios celestiales nunca imaginados, plenos en ánforas de miel y almohadas de incienso, con huríes por doquier.

De buscar motivo para tanto sarpullido, habría que manifestarse ante las autoridades religiosas de Marruecos, pues su mínima intervención en las mezquitas de Ceuta, es quien ha dado lugar a tan molesto picor, pues de no haber limitado su participación al simple mantenimiento de las cosas, inhibiéndose de administrar y gestionar otros asuntos inherentes al buen y normal funcionamiento de las mezquitas, está claro que el grito de guerra de estos combatientes no habría tenido lugar, al menos como lo es hoy.

Existe en todo este asunto una parte formal y otra substancial. La formal es que les llevemos hasta la estación y les mandemos hasta nunca jamás, incluido el carrito de los helados.

La sustancial no es otra que, a la vista de lo que acontece o, como diría un buen amigo, a la vista del tinto puesto, mejor no tomarlo, para así llamar la atención de quienes han de velar por un futuro pleno en paz y armonía, de modo que no equivoquen camino, y así se abstengan de vestir fantasmas para una parte de la sociedad, desmereciendo a la otra, pues nunca en sociedad que se precie se magnifican y separan partes; antes bien, es el todo lo que importa.
 

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