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OPINIÓN - JUEVES, 12 DE NOVIEMBRE DE 2009

 

OPINIÓN / MIS COSAS

Mis cosas
 


ADE
ade
@elpueblodeceuta.com
 

El pasado lunes se celebró el XX aniversario de la caída del “Muro de la vergüenza”. Aquella noche de 1989 miles de personas se atrevieron a cruzar el Muro, desprendiéndose del yugo comunista. Sin embargo algunos siguen sin enterarse de que le cuento “del paraíso de la mamá Rusia”, porque, según todos estos que siguen sin enterarse de nada, vivir en la Rusia comunista, con las botas puestas en el cuello, sin la más mínima libertad, ni Derecho Humano alguno, eso era vivir en un auténtico “paraíso”.

Hoy día, a pesar de todo lo que se ha demostrado con la caída del Muro, donde el “paraíso” del que tanto hablaban sólo era para unos pocos, mientas la miseria era para unos muchos que sólo encontraban consuelo en las borracheras, haciendo de las grandes ciudades de la “mamá Rusia”, del maravilloso “paraíso”, una legión de borrachos, caminado sin caminar, girando siempre a los mismos lugares con la esperanza de la desesperanza, sin más derechos que morir de alguna de sus borracheras, en su XVIII Congreso su nuevo líder, José Luís Centella, proclamó “No tenemos que avergonzarnos, ni pedir perdón por nada”

Este nuevo líder del PCE, sigue sin enterarse de nada. Vamos, por no saber, no se ha enterado aún, que hace veinte años no existe el “Muro de la vergüenza”, que Alemania se unificó y que millones de criaturas encontraron lo más sagrado que tienen los seres humanos, su libertad

Dejaron atrás el hambre, la miseria y encontraron la libertad, en cuanto abandonaron el maravilloso “paraíso” que tanto y tanto comentaban, todos los jefes comunistas, que ellos sí que vivían, al costa de los mas humildes, del sudor de los trabajadores, de p…madre.

Me parce que la he contado en alguna que otra ocasión, pero voy a repetir la anécdota vivida en Paris, con motivo de la celebración de la fiesta que, cada año, organizaba el periódico comunista “L’ Humanité”.

Un comunista amigo mío, comunista convencido del que mamá Rusia era un paraíso para los trabajadores decidió ir a la fiesta. Pago más caro que en cualquier bar parisino, la copa de vino tinto y el pincho de tortilla española que se pidió.

Ante estos precios, decidió pedir una explicación. Y se la dieron con todo detalle, Se cobraba algo más para ayudar a los camaradas que lo necesitaban. Pidió disculpa y otra copa con otro pincho.

Estaba degustando el segundo pincho de tortilla, cuando a la puerta de donde se celebraba el acto paró un mercede, cristales tintados, que cuando se abrieron su puertas, dieron paso a cuatro armarios roperos, que rápidamente se clocaron ante la puerta trasera que uno te ellos abrió, apareciendo la figura del Santiago Carrillo.

Mi amigo por poco se atraganta, mientras se dirigía al de la barra que con anterioridad le había dado las explicaciones preguntándole, de nuevo: ¿no será para mantener a ese, que se ha bajado del coche con los guardaespaldas, por lo qué hay que pagar todo esto más caro?.

Ante la repuesta afirmativa, mi amigo sacó el carné del partido y lo rompió en mil pedazos, mientas decía, “que trabaje que es joven”.
 

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