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OPINIÓN - VIERNES, 18 DE DICIEMBRE DE 2009

 

OPINIÓN / EL OASIS

Aróstegui ha perdido la razón
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

Si Juan Luis Aróstegui fuera bebedor, bien podría decírsele que tiene muy mal vino. Incluso tampoco faltarían quienes le advirtieran de que suele hacer el ridículo muchas veces, debido a los problemas causados por la ebriedad. Pero nuestro hombre no bebe alcohol, según tengo entendido. Con lo cual ni siquiera le es posible disculpar su forma de ser por mor de la bebida.

Juan Luis Aróstegui nunca tiene un día bueno. Se levanta cada mañana dispuesto a ser el más antipático del mundo; el más iracundo posible; el más envidioso... Tales pecados le sirven, ya que hemos dicho que no es bebedor, para conseguir evadirse de una realidad que le atormenta: cada día que pasa se da cuenta de que su fracaso político es una evidencia que sólo él se niega a reconocer. Y le puede el demonio de la frustración.

Juan Luis Aróstegui necesita que alguien, muy cercano a él, le diga que se ha convertido ya en su propia caricatura. Todo en él es exageración hasta la náusea. Todo cuanto dice parece pasado por los espejos del callejón del Gato. De tal manera, que ni siquiera cuando lleva razón consigue que la gente le haga el menor caso. Lo cual, bien mirado, es, además de grave, digno de piedad.

El secretario general de Comisiones Obreras padece de algo que en el vocabulario de la psicología se le conoce como proyección: mecanismo de defensa del yo, consistente en atribuir a los demás los propios conflictos internos. Y se le nota, por ejemplo, cuando escribe cosas así: “Es demasiado frecuente (y lamentable) ver cómo buenas personas obran como déspotas o despiadados por el mero hecho de ocupar una ínfima parcela de poder. Y cuando pierden su condición de concejal, y recuperan su carácter original, contemplan desde el arrepentimiento las calamidades que han contribuido a generar”.

He aquí el drama de este muchacho, Aróstegui, criado en un ambiente familiar carlista y que cuando tuvo la oportunidad de predicar con el ejemplo en el Ayuntamiento, no sólo fue un desastre como político, sino que sus actuaciones le fueron sumiendo con el paso del tiempo en un ser capaz de destilar odio contra todo cuanto acontece en la vida de la ciudad.

Porque es bien sabido que cuando tuvo una parcela de poder, el muchacho consiguió acumular una cantidad de errores que todavía se recuerda. Nada de lo que puso en marcha llegó a buen fin y, sobre todo, si por algo se distinguió fue por sus enormes fracasos en todos los aspectos. Y, desde luego, porque se le consideró como el hombre que era capaz de colocar a cualquiera de los suyos a dedo. Investiguen en el Ayuntamiento.

Habría también, por supuesto, que recordarle sus andanzas en la ‘Cafetería Milord’, cuando la entrega de viviendas protegidas estaba en pleno apogeo, en los años que él mandaba tela marinera y siendo Fructuoso Miaja alcalde. A propósito: ¿se acuerda Aróstegui de aquella fábrica de leche pasteurizada que iba a ser instalada en terrenos de Benzú? Y así podría enumerar una serie de proyectos que, si fueran contados, causarían vergüenza ajena.

Por consiguiente, no es posible entender que un tipo que ha tenido siempre el respaldo de las familias capitalistas y más conservadoras de Ceuta, ¿por qué será?, se atreva a decirle mercenario al Delegado del Gobierno, entre otros improperios. Aróstegui ha perdido la razón. Quizá porque nunca se ha perdido por la bragueta.
 

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