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OPINIÓN - SÁBADO, 26 DE DICIEMBRE DE 2009

 

OPINIÓN / ALGO MÁS QUE PALABRAS

Acoger la diversidad

 


Víctor Corcoba Herrero
corcoba@telefonica.net
 

Las raíces de la diversidad germinan de la propia vida. No tenemos más remedio que acoger la pluralidad. Cada uno es como es y en su fuero interno odia la uniformidad, que es la muerte. Todos juntos somos la familia humana. Por separado no somos nada. Por eso es tan importante la conciliación y reconciliación entre personas. La apuesta de Benedicto XVI, fomentando espacios de diálogo y encuentro con los agnósticos y ateos, me parece fundamental. Las religiones y las culturas deben propiciar acercamientos. Es una buena manera de proteger la humanidad y de celebrar la diferencia. Todos diferentes pero todos precisos. De igual modo, los reinos vegetales y animales.

Por desgracia, también la mano del hombre ha causado estragos en los últimos tiempos en la diversidad biológica. Las especies se extinguen a un ritmo sin precedentes. La falta de protección a la biodiversidad como al propio ser humano debe corregirse, antes hoy que mañana. Vivimos en un momento de riesgo. Hemos aprendido a dominar la naturaleza antes que a dominarnos a nosotros mismos. El mundo de la civilización aún no ha suprimido la barbarie de matar a sus semejantes. Tenemos que interesarnos por la humanidad y por la vida. Es la gran asignatura pendiente. Se mire como se mire, las guerras son fracasos del ser humano contra sí.

Hay diversidad de mundos dentro del mundo, diversidad de pensamientos y costumbres; pero es la misma vida la que nos vive y la misma humanidad la que nos hace humanos. Acoger humanamente, con actitud de generosidad responsable a cualquier persona, debiera ser un signo de estos tiempos. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Cada día, de hecho, a través de los medios de comunicación, nos enteramos que el mal avanza, es repetido hasta la saciedad con amplificadoras páginas de sucesos, acostumbrándonos a las cosas más horribles, haciéndonos insensibles y, en cierto sentido, envenenándonos, con el consiguiente peligro de deshumanización.
 

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