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OPINIÓN - DOMINGO, 3 DE ENERO DE 2010

 

OPINIÓN / EL OASIS

Mujeres con el ceño fruncido
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

A las mujeres del Partido Popular, concretamente a las que están en el gobierno, parece ser que no les gusta demasiado que yo hable tanto de quien fuera hasta hace nada hombre todopoderoso en el partido. Lo sé, amén de que la obligación de uno es estar al cabo de la calle, porque ellas, en cuanto me ven, se hacen las suecas.

Y a mí la postura de esas señoras, la verdad sea dicha, me tiene acongojado. Hasta el punto de que puedo tocarme los congojos en la garganta. Y a veces el temor me paraliza. Y me entran unas ganas locas de quitarme el canguelo acercándome a ellas para pedirle disculpas por estar dando tanto la tabarra sobre un asunto del que creen ha de imperar el silencio más absoluto.

Días atrás, por ejemplo, vi a Mabel Deu, a la que siempre dispensé el mejor de los tratos, y tuve la impresión de que aceleró el paso para evitarme. Y lo hizo a una velocidad que nunca pensé pudiera tener una consejera de Educación, Cultura y Mujer, que hasta hace poco caminaba con la cabeza gacha y moviéndose a paso de tortuga. Otra que tal anda es la consejera de Sanidad, Adela Nieto. Tan dada a compartir tertulia, no ha mucho, en la barra de un hotel, y que ahora parece que se la ha tragado la tierra. Parece mentira que haya perdido las ganas de dejarse ver por donde antes iba asiduamente.

Yolanda Bel, en cambio, jamás frecuentó tertulias ni fue amiga de corrillos. Las cosas como son. Pero se le nota demasiado lo bien que le ha sentado lo que todos sabemos. Ha ganado en alegría e incluso se muestra en sus intervenciones con esa tranquilidad que proporciona el saber que nadie importante en el partido cuestiona ya sus actuaciones.

Por cierto, que el miércoles vi a Yolanda en la plaza de los Reyes y estuve tentado de aproximarme a ella para felicitarla las fiestas y de paso preguntarle si es verdad que no se lleva con Francisco Márquez. Pero pronto me di cuenta de que su lenguaje corporal me decía que ni se me ocurriera acercarme siquiera a dos metros de distancia. Así que me quedé hablando con Manolo Gómez Hoyo.

A quien, por no pecar de indiscreto, no quise sonsacarle sobre cómo son sus relaciones actuales con su jefa. Después de lo ocurrido cuando el problema de la desaladora. Momentos en los que uno trató por todos los medios de requerir calma ante un error que otros calificaban de imperdonable. Y por el que muchos no se cansaban de pedir responsabilidades en todos los sentidos.

Pero está comprobado que estas criaturas dedicadas a la política activa son tan egoístas como desagradecidas. Y están convencidas de que han nacido especiales. Y que los demás hemos de vivir siempre pendientes de ellas para alabarlas por lo bien que realizan el cometido que les corresponde.

De no ser así, pasa lo que pasa: es decir, que todas ellas terminan frunciendo el ceño y haciéndose las distraídas cuando les conviene. Como si el hecho de ser mujer les concediera licencia para mostrar de cuando en cuando ramalazos de educación a la baja.

En fin, esperemos que con la llegada del nuevo año las mujeres del PP se percaten de que ese mirar por encima del hombro a los demás no les conviene ni a ellas ni al partido que representan. Y mucho menos deben mosquearse porque uno tenga la debilidad de no hacer nunca leña del árbol caído.
 

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