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OPINIÓN - SÁBADO, 31 DE ENERO DE 2010

 

OPINIÓN / EL OASIS

Juan Luis Aróstegui tiene la cara de cemento
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

Está convencido de tener la mejor molondra de esta tierra. Y que ha nacido para dirigir los destinos de ella. Cuando jamás ha dejado de ser un muchacho acomplejado y necesitado de hacerse notar derrochando malaúva sin solución de continuidad. En realidad, Aróstegui es el resultado de quienes les reían sus gracias, menudo gusto, que a él le servían para hacerse el fuerte a ver si daba el pego de hombre decidido, audaz y capaz de demostrar que era el Che Guevara de Ceuta.

Vestía como un guerrillero y se daba pote de poder ridiculizar a la gente que a él le conviniera. Yo tuve la mala suerte de verle actuar en un pub y estuve a punto, con mis cuarenta y tantos años, de sacarlo del local a gorrazos limpios.

Era un chiquilicuatre. Un tonto con ínfulas de revolucionario y que preconizaba su anarquismo chapucero con el único fin de poder disimular que era miembro de una familia que veneraba el carlismo. Un hecho que le obligaba a comportarse de manera tan extravagante como cachondeable. Por lo visto era la única forma que tenía de rebelarse contra las ideas que prevalecían entre los suyos. Como si ser carlista fuera un oprobio.

Como dice David Rodero, en su análisis del viernes pasado, el paso de Aróstegui por el Ayuntamiento, como hombre fuerte del gobierno de Fructuoso Miaja, fue un desastre en todos los sentidos. Habría que recordarle todas sus actuaciones tan incompetentes como saturadas de puntos negros. David Rodero lo calificó de gran caradura. Pero yo diré de Aróstegui que es el influyente de Ceuta que tiene la cara de hormigón armado más lograda. Esa cara que le permite decir cada dos por tres que la prensa está vendida a Juan Vivas y que todos los periodistas están comprados.

Cierto es que los periodistas son incapaces de decir ni pío. Puesto que son sumisos a la voluntad de un secretario general de un sindicato de clase con una historia que él está manchando sin cesar. Y rodeado de una clase media satisfecha. Cuyos componentes viven sometidos a los caprichos de un fulano que se levanta cada mañana dispuesto a convertirse en el protagonista principal de la ciudad. Protagonismo que busca aunque en el empeño deba estar todos los días tirándole de la levita a Mohamed Alí. A ver si así obtiene la tan ansiada acta de diputado para poder hacer de filibustero en los plenos. Ya que el hombre cree que Castelar no le hubiera llegado a él ni a la altura de los tobillos. Si bien el tiro le puede salir por la culata.

Y será posible en cuanto Mohamed Alí se percate de que si acaso se presenta a las elecciones el Partido Democrático y Social de Ceuta le puede quitar votos a granel. Y podría darse el caso de que uno de los suyos se quedara sin escaño y éste fuera a parar a las manos del sindicalista que, siendo concejal con Miaja, tenía montada su oficina en un bar cercano al edificio municipal.

Pues bien, este Aróstegui es el que no ha tenido el menor inconveniente en llamarle palanganero a Guillermo Martínez Arcas: consejero de Economía, Turismo y Empleo. Cuando palanganero, en su acepción de insulto, significa empleado de prostíbulo.

(A ver qué dicen ahora intelectuales (!) tan afamados como Raquel Chaves, Iván Chaves y J. Manuel González Navarro)
 

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