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OPINIÓN - SÁBADO, 31 DE ENERO DE 2010

 

OPINIÓN / EL MAESTRO

Rectificar es de sabios
 


Andrés Gómez Fernández
andresgomez@elpueblodeceuta.com

 

En estos días, la Universidad de Sevilla ha “exaltado” la importancia de copiar por medio de la clásica chuleta, es decir, te sorprenden copiando y, como solía ocurrir antes, en general, te expulsaban y perdías la oportunidad de participar en el examen. Ahora continúas haciendo la prueba y, después, un tribunal formado por tres profesores y tres alumnos –como verán hay equiparación- se encargará de en qué medida ese acto ha influido en la prueba, es decir, si verdaderamente ha utilizado la chuleta. Es la “Normativa Reguladora de la Evaluación y Calificación de las Asignaturas” (NORECA).

Considerando la norma así, a simple vista, no es de extrañar que determine que un catedrático que “pille” a un alumno copiando en un examen y trate de expulsarlo del aula y, por consiguiente, suspenderlo, sobre la marcha se le abre de inmediato un expediente disciplinario depurador de responsabilidades, por atentar contra los derechos del alumno a aprobar la asignatura, por lo que en la actualidad cobra especial atención el “método del todo vale”.

Es curioso que la regulación apele al “derecho” de los estudiantes a terminar su examen. ¿Y la obligación de respetar las normas? Van apareciendo las consecuencias de una sociedad cargada de “derechos”, pero sin ninguna obligación ¿Cuánto tardará en hacerse lo mismo en los colegios e institutos?

A mí lo que más me sorprendió fue la reacción del Sr. Ministro de Educación, al conocer la desdichada norma de la mencionada Universidad, que simboliza la destrucción de valores y principios, como el esfuerzo, el mérito y el talento. Pues, bien, el Sr. Ministro consideró que se trataba de una “innovación” y todo lo que sea “innovación” será bien recibido; aunque nada más lejos de la realidad, ya que toda innovación, aparte de cambio, novedad, originalidad… conlleva el sello de “mejora”, que en el caso que nos trae, mejor sería su no aplicación.

Como no podría ser de otra manera, los causantes de tal disparate, faltos de argumentos y justificaciones, no han tenido más remedio que retirar la normativa, quizás presionados por la propia Junta, al considerar el revuelo que se ha producido en toda la sociedad, siendo el hazmerreír de todos, aunque quizás, para algún piadoso observador, tenían que haberlo explicitado mejor. Yo, como no tengo una amplia y detallada información sobre la citada universidad, con más de 500 años de solera, me abstengo de hacer críticas mal intencionadas, aunque, eso sí, pienso que estarán reflexionando sobre el motivo de lanzar la norma, aún sabiendo que no iba a calar en la sociedad, como así ha sido. ¿Es que la calidad de los alumnos no es satisfactoria?

Así, que el articulado correspondiente a la “normativa” ha quedado sin efecto, aunque, es de esperar, como expongo anteriormente, que se proceda a una revisión que evite interpretaciones incorrectas, pero, de momento, dejemos las cosas tal como están, ya que “rectificar es de sabios”.

¿Cuál es la normativa empleada en algunas de las universidades más importantes a nivel mundial? En el caso de Francia en la Universidad de la Sorbona (París), el estudiante que es sorprendido copiando debe seguir en el aula y concluir el examen. Luego, tras comprobar las pruebas y escuchar al profesor y al alumno, un comité disciplinario juzga el caso. En Oxford (Inglaterra) es similar a la francesa. Al acabar el examen acusador y acusado deben comparecer ante el “Student Disciplinary Panel” que oirá a ambas partes y analizará las pruebas antes de tomar una decisión. En EE.UU., Yale, los estudiantes firman un “código de honor” en el que, entre otras cosas, renuncian a “hacer trampas o a plagiar”. También hay un juicio detallado, con audiencia de las dos partes. El oprobio social sobre el infractor es peor que el castigo. Por último, en Heidelberg, Alemania, la sanción consiste depende de cada Universidad y debe estar exactamente recogida en la normativa. Si no, el estudiante puede quedar impune.

El castigo más habitual es que el examen acabe con un cero, aunque en casos extremos se prevé la expulsión. Quizás, como mero hecho curioso, informar sobre lo ocurrido en la Universidad de Bari, Italia, en la Facultad de Medicina y Odontología, en 2007, donde un grupo de unos cincuenta estudiantes decidieron buscarse una “ayudita” extra. Su pusieron en contacto con una red mafiosa, y durante la prueba, los alumnos pagadores recibieron en sus teléfonos móviles las respuestas exactas a todas las preguntas. Los organizadores de tal “prodigio” habían robado los exámenes, montando una central operativa en el exterior de la facultad, e iban suministrando la información a los “estudiantes”. La policía desmanteló la red, y con asombro descubrió que, junto a los “estudiantes” (cada uno había pagado 12 mil euros), estaban implicados profesores y personal administrativo. Por supuesto que la prueba se anuló.

Por cierto, que cada vez que se convocan exámenes en la citada Universidad, la facultad de Medicina parece un búnker: los exámenes “duermen” custodiados en la Prefectura de la Policía; posteriormente son trasladados a la Universidad en un camión blindado, teniendo que pasar los alumnos por un detector de metales al acceder al centro. Además, toda la zona es sometida al influjo de inhibidores de frecuencia.

Los alumnos de la Universidad de Bari afirman que los tiempos avanzan y sólo fueron “manipuladores” de las nuevas tecnologías.

Aquí, en nuestro país, las nuevas tecnologías se han introducido con timidez, recurriendo los alumnos a la clásica chuleta, sin duda algunas de ellas verdaderas obras de arte, porque el copiar estará siempre presente en los alumnos.
 

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