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OPINIÓN - LUNES, 1 DE FEBRERO DE 2010

 

OPINIÓN / ESCRITOS CABALLAS

Forme todo el personal
 


Javier Cherllarám
javiercherllaramt@elpueblodeceuta.com

 

El artículo Los Siete Magníficos , dejó una intriga en el final de la narración, fue en el comedor del C.I.M. de Cádiz, cuando nos disponíamos a desayunar, con el canguelo que llevábamos todos encima, cogemos el colacao, las madalenas y nos ponemos a compartir mesa sin mantel, con un marinero, eramos los pelones por excelencia, junto a uno que vestía de marinero. Mi vaso de colacao, se “mueve” a lo que le digo al marinero si aquello era una “novatada” o si tenía que atenerme a algo que pasaba por ser el primer día de los días de la mili…, el marinero que parecía un tío normal, de no ser así no se habría sentado con nosotros, me dijo que el no había hecho absolutamente nada, a lo que yo me decidí a meter los dedos en el vaso, y descubrir el misterio de “porqué se había movido”, saqué tres o cuatro cristales enormes y eso me hizo entrar en una angustia enorme, más que nada por pensar en que hubiera sido si me hubiera bebido de un golpe el vaso de colacao, si me habría rajado antes la lengua, los labios, el interior de la boca, o si me habría reventado la garganta, de haber muerto desangrado, el primer día, de la manera más tonta y cómo se habrían enterado mis padres, de pensar en cómo era eso de la mili, que un hijo sufriera una cosa así el primer día, sin uniforme, sin pelado, sin botas y sin material. Salí pitando, con lo que me entró, me dio tiempo a ir a la cantina, y por diez duros, tomarme un café en vaso de plástico y una milhoja, ambos manjares sabían a gloria.

Desde aquel trance en el comedor, me pegué más de un mes sin desayunar en el comedor. En la oscuridad del previo al amanecer, se oye por los altavoces, Forme todo el personal de este Centro, en el Patio de Armas. Una música de bello recuerdo por su armonía y solemnidad, daba paso al turno de guardia entrande, al CIM de San Fernando, una vez formada. Se Izaba la Bandera Nacional, y todos a sus destinos, y nosotros a las puertas de nuestras Brigadas, ya por fín como corderitos, nos vamos con los cabos monitores y suboficiales, a las Barberias y Peluquerias, y posteriormente a la zona de duchas y primer vestuario. Las “motos” estaban enfurecidas e iban pasando por nuestras cabezas, todos nos quedamos “mirando” al que posteriormente sería el “canario” porque era enteramente Jesucristo, y claro lo dejaron sólo con la cresta de un indio de esos pieles rojas, le metieron la moto hasta por la cara, y no lo reconocimos, hasta mediados el tiempo de Instrucción, los de Ceuta, son los primeros en reconocerme con la cresta y la cabeza como una pelota de tenis..

Ostia Chellarám…., yo sólo sonrío y paso a las duchas, donde un marinero con la experiencia de sastre, suelta al verme L-46, no era una lancha de desembarco, era mi número de talla, y ya tenía mi traje de faena, la ropa interior, los tenis bamba y por supuesto la boina, y una ducha de velocidad máxima, entre los gritos y chillidos de los cabos, de que aquello no era el Hotel Ritz para estar plácidamente. Ahora todos al clínico, al Hospital para pasar Reconocimiento Médico, esos días del stress y de la incertidumbre, tenía dolores por el pecho, y al empezar el reconocimiento médico, ya iba pasando por rayos, por auscultación, peso, y se iba oyendo al fondo, a varios pelones, que tenían que pasar aparte por reconocimiento de pecho, hoy día ve uno en las noticias, futbolistas que son descartados para la práctica del fútbol, ahí los médicos lo tuvieron que ver muy claro, al descartar al menos a cuatro chavales, para hacer el servicio militar, se tuvieron que dar la vuelta, con el traje de faena y el pelado , era triste una vez entrado de marinero, el no poder continuar , pero la medicina tiene esas cosas.

De vuelta al Cuartel de Instrucción, subimos a la Sala de Proyecciones, donde la tele está cerrada con llave. Se presentan los mandos, un joven y apuesto Oficial, a la sazón Teniente de Navío es nuestro Comandante de Brigada, Don Angel Torres Blanco, se convirtió en nuestro líder y nuestro ídolo, ese don y esa persuasión en sus dotes de mando, nos encandiló a todos los 170 marineros voluntarios que éramos.

De Oficial de Brigada, un Subteniente de Infantería de Marina, Don Luis Sanchez Ruiz, éste hombre era la mili, la Armada y el Cuartel pegado al ser humano, ya nos entró el temblique al verlo , al hablar y sabía más que el Palo Macho del Cuartel. Los demás suboficiales, uno condestable, o sea artillero, uno torpedista, y otro contramaestre, cada uno con su manera de ser y mandar, pero el que ya había dejado su firma el Subteniente, de cuando llegaba por las mañanas a formar al Patio de Armas, nos convertíamos en Museo de Cera… continuará….
 

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