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OPINIÓN - DOMINGO, 28 DE FEBRERO DE 2010

 
OPINIÓN / colaboración

Adoratrices en Ceuta: setenta y cinco años de presencia (y III)

Por Antonio Martín


Después de 22 años habitando en las inmediaciones de la calle Serrano Orive junto al chalet de la familia Orozco, las Adoratrices se trasladaron a la barriada del Sardinero, su tercera ubicación en Ceuta y donde actualmente permanecen desde el año 1959.

Transcurrió poco más de una década desde que se planteó la posibilidad de cambiar de hogar hasta que finalmente se logró. No fue un camino fácil. Surgieron diferentes problemas económicos que fueron solventándose, gracias principalmente, a las subvenciones institucionales y a la solidaridad mostrada por los ciudadanos que no dudaron en ofrecer su colaboración para la construcción del nuevo hogar.

Fue en el mes de abril de 1949 cuando las Adoratrices decidieron que había que encontrar una nueva ubicación, dado que la casa-colegio se había quedado pequeña, circunstancia ésta que unida a las numerosas deficiencias que presentaba y el mal estado en el que se encontraban algunas habitaciones justificaban el traslado. La llegada de la Madre Florencia Ariz del Sagrado Corazón como nueva madre superiora provoca un nuevo impulso en la intención de buscar una futura casa. Con esta misión se desplaza a Ceuta la madre Josefina Treto quien tras visitar varias zonas se fijó en un terreno, que reunía a su juicio, por su extensión, las condiciones necesarias para construir el nuevo hogar. Transcurrieron varios meses hasta que el 30 de agosto de 1950, el pleno municipal acordó –pero no fue aprobada- la cesión de un terreno. La parcela, denominada ‘Huerta de la Guarnición contaba con una superficie total de 9.379 metros cuadrados. Estaba ubicada en la barriada del Sardinero y había sido comprada unos meses antes por el ayuntamiento a la Junta de Acuartelamiento por el valor de una peseta el metro cuadrado. La intención del consistorio era destinarla a una escuela de aprendices dirigidas por los padres Salesianos, que finalmente no se implantaron en la ciudad. La adquisición del terreno se había formalizado con una condición: devolverlo a la Junta de Acuartelamiento si en el plazo de un año no se construía la escuela anteriormente citada.

Al no poder cumplirse esta premisa, intervino el Alto Comisario de España en Marruecos y gobernador general de las Plazas de Soberanía, ofreciendo al ayuntamiento la posibilidad de no ejecutar la devolución de la parcela si se concedía la escritura a favor de las Adoratrices. La propuesta fue aceptada y ratificada en el transcurso de la sesión plenaria celebrada el 25 de septiembre de 1950. En ese Pleno municipal se decidió ceder a las religiosas parte de la parcela -4.459 metros cuadrados- para la construcción de un colegio-residencia, destinando el resto sobrante de los 9.379 metros cuadrados totales a zona urbanizable. El primer paso estaba dado, pero quedaba otro más difícil aún: la construcción del nuevo hogar. Esto suponía un importante desembolso económico al que no podían hacer frente las Adoratrices, por lo que la madre superiora remitió con fecha 5 de junio de 1951 un escrito al ayuntamiento solicitando ayuda. Meses después –julio de 1952- el Gobierno concedió una ayuda de 255.384,10 pesetas para que fuese destinado al inicio de las obras de construcción de la nueva casa. La aportación económica procedía de una suscripción realizada anteriormente con el fin de recaudar fondos para la implantación en Ceuta de los padres Salesianos, pero al no producirse la misma, y permanecer aún en poder del Gobierno, se repartió entre diferentes centros benéficos, otorgándose prácticamente toda la cantidad recogida a las Adoratrices. Realizados los trámites pertinentes, el 25 de agosto de 1952 se procedió a la firma de la escritura del terreno donde iría ubicado el nuevo hogar.

Bendición del terreno


El 12 de septiembre de 1952 se celebró el acto de bendición y colocación de la primera piedra de la que sería, por aquel entonces, la futura casa-colegio de las Adoratrices. La ceremonia contó con una nutrida presencia de destacadas autoridades civiles y militares. El vicario general acompañado de los párrocos de Nuestra Señora de África y San Juan de Dios, Bernabé Perpén y Francisco Almandoz, respectivamente; procedió a la bendición de la primera piedra, que posteriormente fue colocada, con ayuda de una grúa, en una abertura hecha en el suelo para tal motivo. Una vez recubierta, se bendijo el terreno.

El acto finalizó con unas palabras a cargo del párroco de la iglesia de Nuestra Señora de los Remedios, Francisco Muñoz de Arenillas, quien destacó lo que significaba para las Adoratrices ese nuevo hogar en el que podrían seguir realizando su labor en pro de las clases más humildes de la ciudad, solicitando por ello, la colaboración de los ciudadanos y las autoridades. Finalmente, a mediados del mes de diciembre dieron comienzo las obras.

La construcción de la casa-colegio continuó su curso, pero comenzaron a escasear los recursos económicos para seguir haciendo frente a los continuos gastos que generaban las obras. Esta circunstancia motivó que se pusiera en marcha una suscripción pública al objeto de recaudar los fondos necesarios que permitieran ir sufragando los elevados costes derivados de la construcción. Las ayudas económicas, aunque no cesaban, seguían siendo insuficientes, por lo que había que buscar nuevas vías de financiación. En el año 1954 la madre superiora visitó al coronel de Ingenieros, Ángel Prados, consciente de la estrecha amistad que le unía con el ministro de Trabajo, José Antonio Girón de Velasco, solicitándole actuara como intermediario ante él, con el fin de obtener por parte del Ministerio una aportación económica. La respuesta fue positiva, y llegó ocho meses más tarde, aunque sin precisar cantidad alguna. Poco tiempo después se conoció que la ayuda concedida por la Junta Nacional del Paro ascendía a 300.000 pesetas.

El 26 de marzo de 1957 giraba visita a las obras de la nueva casa-colegio el teniente general de las Plazas de Soberanía y Norte de África, Alfredo Galera. A su llegada fue recibido por el3vicario general de la Diócesis, Isidro Conde; la madre superiora, Mª Florencia Ariz y el jefe de obras, Manuel Díaz Muriel; quienes le fueron explicando a lo largo de las diferentes plantas del inmueble, como quedarían distribuidas las habitaciones y el uso que se le daría a cada una de ellas. Finalizada la visita, el teniente general Galera mostró su compromiso a solicitar al Estado nuevas subvenciones que permitieran finalizar la construcción del nuevo hogar, y aseguró que en su última visita a Madrid había defendido la labor de las Adoratrices y demandado una importante ayuda que, según anunció, podría aprobarse en los próximos meses por parte del ministerio de Trabajo. Y así fue, porque en marzo de 1958 la Administración General concedía una subvención de 1.000.000 de pesetas.

Las numerosas vicisitudes económicas habían sido superadas, y tras varios años de espera, el 30 de agosto de 1958 se produjo el ansiado traslado al nuevo hogar, que aún no estaba finalizado, pero que ya reunía condiciones para ser habitado.

Días después del traslado todavía restaban algunos detalles. De hecho, había zonas en las que no se habían instalados las puertas. Esta circunstancia provocó que el comienzo del curso se retrasara hasta el 15 de septiembre, una vez fueron acondicionadas las aulas. Se procedió a pintar la bóveda de la capilla. Los trabajos a cargo del artista Justo Garrido se prolongaron durante aproximadamente un mes. Se ilustró la coronación de La Inmaculada, secuencia que en la actualidad todavía luce en la capilla.

Con la presencia de las primeras autoridades civiles, militares y eclesiásticas de la ciudad, el 7 de mayo de 1959 se celebró un solemne acto con el que las Adoratrices inauguraban su nuevo hogar. A las once y media de la mañana el obispo titular de la Diócesis de Cádiz y Ceuta, Tomás Gutiérrez Díez bendijo la nueva casa-colegio, trasladándose posteriormente a la capilla, donde ofició una misa de Pontifical.

Colegio

Es irremediable relacionar a las Adoratrices con la enseñanza. Sería impensable destacar su trabajo sin subrayar su labor docente, que es incluso más conocida por la gran mayoría de los ciudadanos, que el propio carisma por el que se rigen las religiosas.

El inicio del colegio en Ceuta va unido paralelamente a la historia de la congregación en esta ciudad, ya que apenas dos meses después de su implantación definitiva comenzó a funcionar la academia nocturna. La madre María Teresa Llerena y la hermana Valentina Aguado –ambas procedentes de Tánger- fueron destinadas a la ciudad para la puesta en marcha de la escuela, que mucho antes del curso contaba con una gran demanda. Prueba de ello es que la cifra de chicas inscritas se aproximaba a las 200. Fue el 7 de octubre de 1935 cuando dieron comienzo las clases. La academia nocturna estaba dirigida a chicas mayores de 14 años que demandaban aprender a escribir y leer y a las que además se les instruía en conocimientos básicos de matemáticas.

La enseñanza se complementaba con una formación moral y religiosa. Pocas fechas después de dar comienzo el curso, aumentó la oferta educativa. Tras adquirir una máquina de bordar por 370 pesetas, se incorporaron las clases de corte y bordado. Impartidas por las propias Adoratrices, las chicas adquirían conocimientos de confección, bordado, dibujo aplicado a las labores o encajes. Cinco días antes de dar comienzo la Guerra Civil, finalizó el curso inaugural de la academia nocturna.

Después de varias décadas correspondiendo las tareas docentes a las propias religiosas a finales de la década de los 60 se incorporaron profesoras seglares que junto a las Adoratrices se hicieron cargo de las labores educativas en la escuela externa. Por aquel entonces el colegio contaba con 6 unidades (1º a 6º de primaria) y párvulos (5 años). Pilar Barranco y Concepción López Valentín fueron las primeras profesoras no religiosas que impartieron clases en las Adoratrices. Poco tiempo después se incorporó María Lesmes.

Transcurrieron varios años hasta que un profesor formara parte de la comunidad educativa. El honor le correspondió a Francisco Canto, una figura emblemática en la historia del colegio. Históricamente el colegio había sido únicamente para chicas. Fue en el curso 1989/1990 cuando el centro educativo pasa a ser mixto, permitiendo la matriculación también de chicos. En ese primer curso las matriculaciones fueron escasas, pero con el paso del tiempo fueron aumentando, dejando en el recuerdo aquella condición de colegio femenino.

Gracias a la ayuda institucional y la solidaridad de los ciudadanos se produjo el traslado a la casa del Sardinero, donde actualmente permanecen desde 1959
 

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