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OPINIÓN - SÁBADO, 20 DE MARZO DE 2010

 
OPINIÓN / COLABORACION

La Galaxia de Sidi Embarek

Por Abdelmalik


Si verdad es que un fiel es un piñón de paz, más lo es su par multiplicador: el Imam. Y la razón no es otra que su condición de hombre con ciencia, así diferenciándose de aquellos otros sin ella, al tiempo obligándose a tratarles con comprensión y humildad, favoreciendo la resolución de sus problemas y cuantas actuaciones promuevan una mejor vecindad entre todos ellos.

Resulta difícil resaltar las virtudes de aquellos que tradicionalmente han influido en los estados de ánimo de pueblos y gobernantes, así como en su felicidad y su contrario, su paz y su guerra, en cualesquiera de sus aspectos, pues la figura del Imam de hoy no es la de aquél en cuyo regazo dormitaban los asuntos de justicia, impartiéndola a su goce y modo, en paralelo a su función de ministro de religión y de la fe.

Entre otras, la diferencia entre un Imam y el que no lo es, radica en que en el espacio de actuación del Imam siempre hay un camino más franco hacia el ascetismo, al misticismo, a la soledad, a una senda espiritual de mayor rango, privilegio para unos pocos e inaccesible para muchos, se trata de un nivel de educación superior, es como hacer matrícula en la universidad del alma, es el vuelo hacia lo indefinido, un camino que puede tomar o ignorar; si hace esto último, permanecerá en lo mundano, como si de cualquier capa intermedia de una cebolla se tratara, alejada de su núcleo y siempre bajo la influencia de aquella que hace límite, en cambio, si decide tomarla, su primer premio no es otro que el depósito en su corazón de una brizna de humildad, un anticipo del gran premio que le espera: alcanzar los racimos de una pócima genial: La humildad vital.

Bien que decía Ibn Arabí que la humildad es un tesoro muy cercano a Dios y que de él da a quien le place.

No creo que tan notable acontecimiento se esté produciendo en los protagonistas principales de los sucesos de Sidi Embarek; antes bien, habría que hablar de todo lo contrario, así como de una absoluta anarquía en cuanto a la asunción de las responsabilidades de unos y de otros. Tampoco parece que exista camino ni posibilidad de matrícula en los colegios del alma para los protagonistas estrella de los sucesos de Sidi Embarek, ya no sólo por motivos de edad para algunos y por falta de nota para otros, sino porque falta lo fundamental: humildad de corazón, eso que permite labranza prodigiosa, pero nada hace pensar que tales tierras se parezcan a aquellas otras que de forma magistral describió en su hermosa novela Pearl S. Buck: La Buena Tierra.

Ser Imam implica conocimiento y, a la vez, ignorancia absoluta o, como diría el místico, vacío de corazón, en el sentido de que no sabemos nada. Siempre fue una de las primeras reglas del iniciado en la vida ascética.

Lejos de todo esto, aquí, en esta ciudad, con el obtuso título de imam principal, hay quien lucha denodadamente por alcanzar un púlpito que no le pertenece, haciendo de la fuerza y de la intimidación su carta de presentación, no causándole sonrojo alguno, magnificándose como ungido por fuerzas extraordinarias e indelebles, aquellas que siempre prometen caseríos atiborrados de fantásticas ubres y exquisitos manjares. Es la dimensión de quienes sólo piensan en si, son los cautivos del yo soy.

Promover conflictos religiosos contraviene las más elementales normas de convivencia, ya no sólo por el coste en cuanto a desprestigio para el colectivo que los protagoniza, sino porque impulsa la aparición de zozobra e inquietud en gran parte de la población, percepción que aumenta cuando todo ello discurre en el interior y en los aledaños de un templo establecido para el rezo y el recogimiento y como punto de encuentro entre criatura y su Creador.

Toca ya que los principales protagonistas de la serie del asalto a la mezquita de Sidi Embarek se involucren en acciones sociales, como por ejemplo, construir comedores sociales, escuelas gratuitas y con idearios propios de los tiempos actuales, acciones que fortalezcan la cohesión social, etc., constituyéndose como una nueva esperanza para las gentes, tanto aún más en estos tiempos de dificultad y de desánimo, pero tales actuaciones para tales oídos suenan a música contraproducente, magnificándola como dañina, así como de otro tiempo y lugar. Es la doctrina en la que el bien general es confundido intencionadamente con la estupidez.

Ya cada viernes será un problema, para luego pasar a los lunes, y así. Es la estrategia de la confrontación permanente, haciendo de la constancia su principal arma. El futuro espiritual del colectivo musulmán de Ceuta resulta desapacible, encapotado, gris. Es lo que traen siempre.

Como en la película de George Lucas, se trata del lado Oscuro y del lado Luminoso, cuando la ficción describe a los Sith y a los Jedi. A los primeros como símbolo de la agresividad y demás sentimientos negativos; por otro, a los amantes de la paz, de la meditación, y de sentimientos positivos.

Mientras que para los Jedi el objetivo es la paz en la Galaxia, para los Sith es todo lo contrario: su conquista y destrucción.

Incluso en esa dimensión se exhibe el poder del buen sentimiento frente a su eterno oponente.

A la galaxia de Sidi Embarek llegaron oscuras naves.
 

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