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ACTUALIDAD - DOMINGO, 21 DE MARZO DE 2010


Una tía paterna de los pequeños fallecidos.

Crónica de una tragedia / La consternación de un pueblo
 

Vecinos volcados con el dolor

Familiares, amigos y convecinos de
Abdelkader y Nadia, los padres de los
dos niños fallecidos, expresaron su solidaridad y aliento a la familia en
momentos de extremado desconsuelo
 

CEUTA
Tamara Crespo

ceuta
@elpueblodeceuta.com

Son ellos, son ellos? ¡Oh, no, no!”. La angustia de una de las vecinas de la abuela paterna de Ilias y Naira, los pequeños que murieron ahogados en el puerto el viernes, reflejaba el drama de la familia, cuyo dolor fue compartido ayer por muchos ceutíes que se acercaron a mostrar sus condolencias a los domicilios de los padres. La mujer que preguntaba con zozobra en presencia de los periodistas de El Pueblo a sus convecinos llegaba con una maleta y el periódico con la mala noticia en una bolsa. “Aquí traigo el periódico, pero ¿son ellos?”, insistía como para cerciorarse de algo que es difícil de asumir. Instantes después, tenía la oportunidad de abrazar y besar a una de las tías paternas de los infortunados niños, a cuya familia se la conoce en Ceuta como ‘los Casablanca’.

“Ayer estaban aquí, los ví ayer”, se lamentaba otro vecino del Poblado de Regulares, una tranquila barriada conmocionada por la tragedia. Con lágrimas en los ojos, el hombre apenas acertaba a explicar que conoce a Abdelkader, el padre, un hombre joven, y a su familia de toda la vida. “¿Les llevo a su casa, es ahí mismo?, se ofrecía amablemente una mujer. En la angosta calle en la que se sitúa el domicilio de la abuela paterna, donde residía el padre de los pequeños tras la separación del matrimonio, hace unos meses, se agolpaban familiares y allegados. Una mujer consolaba al padre, que con la cabeza entre las manos, acurrucado, lloraba apenas en un evidente estado de conmoción. Al querer pronunciar el nombre de su hija mayor, de 10 años y hermana de los fallecidos, se le quebró la voz. Tan sólo cabía darle el pésame y dejarle en compañía de los suyos, que repetían, acompañando sus gestos de incredulidad: “No sabemos qué ha podido pasar”.

Otros vecinos también recordaban la última ocasión en que vieron a los niños con su madre, “en el paseo del Revellín un día antes”, “y con su padre coincidí ayer en la frontera cuando volvía de Marruecos”, recordaba compungido uno de ellos.

En esos momentos, la madre permanecía aún hospitalizada, según señalaron desde el Ingesa, en observación, estable y pendiente de su valoración por un psiquiatra antes de darle el alta, algo que sucedió unas horas después. Precisamente ella era el centro de los lamentos: ¡Esa madre, pobre, qué desgracia!, repetían en Poblado de Regulares, donde dicen que es “una madre ejemplar, siempre con los niños colgados a todas partes”.

Las escenas de dolor y de acompañamiento a los familiares se reproducían en la calle Canalejas, domicilio de la abuela materna y en el que los dos chiquillos residían junto a su hermana mayor y su madre, “donde se han criado”, señalaban sus vecinos de Regulares.

Muy cerca de la vivienda de Canalejas, en la parada de taxis de la plaza de Azcárate, los compañeros de Abdelkader no dejaban de comentar el caso. El joven, explicaban, “echa horas” a bordo de uno de los vehículos de la compañía Radio Taxi para completar su sueldo de fin de semana en Urbaser, donde trabaja en el servicio de cuba. Otros conocidos lo identifican como gran aficionado y jugador de fútbol.
 


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