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sociedad - SÁBADO, 24 DE ABRIL DE 2010


mujeres subsaharianas. fidel raso.

inmigración
 

Médicos Sin Fronteras refleja en
un informe que 1 de cada 3 subsaharianas son violadas

Las mujeres encuestadas por MSF refirieron
haber sido víctimas de uno o múltiples episodios de violencia sexual a lo largo de
su tránsito migratorio hacia Marruecos
 

CEUTA
Antonio Gómez

ceuta
@elpueblodeceuta.com

El informe de Médicos Sin Fronteras sobre violencia sexual padecida por la mujeres subsaharianas en su periplo hacia Marruecos, al que ha tenido acceso EL PUEBLO, indica que una de cada tres de esas mujeres han sido víctimas de reiteradas violaciones antes, durante y después de su largo trayecto hasta el norte de Africa desde su salida de los países limítrofes con la región saheliana. La organización no gubernamental alerta de estas “lamentables circunstancias” por las atraviesan las mujeres en su tránsito migratorio en su intento por alcanzar las costas del continente europeo

En su trabajo sobre el terreno, Médicos Sin Fronteras (MSF) es testigo del impacto directo que las políticas adoptadas por la UE y los países fronterizos tienen en la salud física y mental de los migrantes y solicitantes de asilo en Marruecos. Entre otras consecuencias directas de la aplicación de estas políticas, MSF -en un informe elaborado y publicado en este año- ha constatado por un lado que, al dificultarse el uso de las rutas tradicionales mediante el estricto control fronterizo, los migrantes subsaharianos se han visto forzados a embarcarse en viajes cada vez más largos y peligrosos y, por otro, que se enfrentan a una situación de bloqueo indefinido en Marruecos derivado de la imposibilidad tanto de continuar hacia Europa como de regresar a sus países de origen.

A falta de cifras oficiales, a través de un censo realizado en enero de 2010, Médicos Sin Frontera estima que actualmente hay 4.500 migrantes subsaharianos en Marruecos. La ‘oenegé’ no computó aquí a los migrantes legales, ni los que tienen posibilidades económicas como para mantenerse, y realizó el censo en las ciudades de Nador, Oujda, Casablanca, Salé y Rabat. Sin embargo, la más reciente realizada por el Alto Comisionado para las Naciones Unidas (ACNUR) ha cifrado este número entorno a los 10.000 subsaharianos en el interior del vecino país.

Pero Médicos Sin Fronteras ha reflejado en su memoria -titulada ‘Violencia sexual y migración’- la situación de las mujeres migrantes subsaharianas víctimas de todo tipo de violencia. De este modo, MSF refleja en su informe de enero de 2010 que el 39% de las 63 mujeres subsaharianas entrevistadas con las que trabajó la organización no gubernamental, reconoció haber sido víctima de algún tipo de agresión.

El documento hecho público por Médicos Sin Fronteras tiene como finalidad dar a conocer la problemática de la violencia sexual sufrida por las mujeres migrantes subsaharianas que llegan hasta Marruecos en su intento de alcanzar Europa.

En el informe, se explica que los países de obligado tránsito migratorio, como es el caso de Marruecos, se han visto en la necesidad de adaptarse a las exigencias de las políticas europeas, orientadas desde hace años al endurecimiento del control de las fronteras externas de la Unión Europea (UE). Estas políticas, junto a medidas que tienden a facilitar la expulsión de los migrantes en situación irregular, como la firma de acuerdos de readmisión con los países de origen, constituyen el marco sobre el que se regula la migración a día de hoy y “tienen graves consecuencias en las vidas de estas personas”, analiza la organización.

En su trabajo sobre el terreno, Médicos Sin Fronteras es testigo del impacto directo que las políticas adoptadas por la UE y los países fronterizos tienen en la salud física y mental de los migrantes y solicitantes de asilo en Marruecos.

Entre otras consecuencias directas de la aplicación de estas políticas, MSF ha constatado por un lado que, al dificultarse el uso de las rutas tradicionales mediante el estricto control fronterizo, los migrantes subsaharianos se han visto forzados a embarcarse en viajes cada vez más largos y peligrosos y, por otro, que se enfrentan a una situación de bloqueo indefinido en Marruecos derivado de la imposibilidad tanto de continuar hacia Europa como de regresar a sus países de origen.

Las niñas y mujeres jóvenes -en los que se ha centrado el estudio- se ven particularmente expuestas a todo tipo de violencia y abusos durante el trayecto migratorio y a su llegada a Marruecos. Dentro del seguimiento realizado por MSF desde el año 2003, destaca el actual protagonismo de los delincuentes comunes y de las redes de trata y tráfico de personas como principales perpetradores de este tipo de atentados a la integridad física y a la dignidad de estas mujeres.

Detrás de la información recogida por MSF se adivina un fenómeno de enormes dimensiones que “necesita un abordaje valiente e inmediato desde el ámbito institucional, nacional e internacional, para dar una atención adecuada a las víctimas”.

1 de cada 3 mujeres, violada


Entre mayo de 2009 y enero de 2010, una de cada tres mujeres atendidas por MSF en Rabat y Casablanca admitió haber sufrido uno o múltiples episodios de violencia sexual, ya fuera en su país de origen, durante el proceso migratorio y/o una vez en territorio marroquí. Esta cifra podría ser incluso más elevada, ya que algunas mujeres no aceptaron hablar o no reconocieron lo que su propio testimonio evidenciaba. El uso de la violencia sexual se convierte así en una de las prácticas violentas más habituales contra la mujer en el marco del fenómeno migratorio.

Un importante número de mujeres sufre violaciones en sus países de origen, vuelve a ser víctima de episodios de violencia sexual a lo largo del camino y termina siendo nuevamente atacada en la frontera o dentro del territorio marroquí. Las edades de estas 63 pacientes oscilan entre 2 y 40 años. Resulta particularmente grave señalar que de estas mujeres, el 21,5% son menores de edad y un 10% de ellas menores de 16 años.

La gran mayoría de las mujeres entrevistadas por MSF (70% de los casos) explicó que había huido de sus países de origen por conflicto armado, persecución política y otros tipos de violencia o abusos, tales como matrimonios forzosos, violencia doméstica y abusos en el hogar.

En el resto de testimonios, sobre todo los de las mujeres procedentes de Nigeria, se recogieron razones de tipo económico, tales como la pobreza. De todas las mujeres, casi un tercio (29%) reconoció haber sido violada antes de salir de su país.

La mayoría hace el trayecto en condiciones físicas muy duras. En general viajan hacinadas durante varios días en la parte posterior de las ‘pick-ups’ que atraviesan el desierto, sin detenerse para dormir ni comer y sin apenas agua. En algunos tramos son obligadas a caminar para evitar los controles policiales.

Según varios testimonios recogidos, se dan casos de hombres, mujeres y niños que mueren a causa de las condiciones del trayecto o de la violencia. Las mujeres además, corren un elevado riesgo de ser víctimas de violencia sexual.

Hasta en un 45% de los testimonios, las mujeres sufrieron uno o múltiples episodios de violación durante el trayecto migratorio9, fuera a manos de la delincuencia organizada o por individuos que se aprovechan de la situación de vulnerabilidad para explotar o incluso violar a lo largo del camino a estas mujeres.

Argelia-Marruecos


El trayecto fronterizo entre Argelia y Marruecos ejemplifica la extrema peligrosidad del camino y la especial vulnerabilidad de las mujeres migrantes. Maghnia es la ciudad más cercana a Marruecos del lado argelino y punto de concentración de los grupos de MSS que pretenden entrar en territorio marroquí por la ciudad de Oujda.

Según los datos compilados por MSF, el 59% de las 63 mujeres encuestadas que han pasado por Maghnia hacia Oujda han sufrido violencia sexual. Posiblemente, esta cifra sea aún mayor si se extrapola a la totalidad de mujeres subsaharianas que pasan por este punto, ya que es la ruta más empleada por los migrantes –las redes de tráfico los conducen por este lugar– y los actores que operan en la zona entre ambos puestos fronterizos son particularmente violentos.

Los migrantes que han pasado por este lugar conocen bien la situación. “Una recién llegada a Maghnia es de quien quiera; no puede negarse, no puede irse, todo se paga con sexo. Aunque vaya con su bebé o con su hijo, toda mujer debe pasar por lo mismo”, declara un subsahariano de 31 años que estuvo en la zona.

Violencia en Marruecos

Un número cada vez mayor de migrantes y solicitantes de asilo se han encontrado bloqueados en Marruecos, sin poder ni regresar a sus países de origen ni seguir su viaje.

Las mujeres y menores no acompañadas sufren agresiones de delincuentes comunes o de otros MSS de su entorno, que quedan impunes y prácticamente ocultas. Otras mujeres están bajo el control de las redes de trata o tráfico de personas. Algunos de los testimonios recogidos por los equipos de Médicos Sin Frontera sugieren que existen casos de mujeres subsaharianas que sufren violaciones diarias y explotación sexual, siendo especialmente preocupantes cuando se trata de menores de edad.

Factores como el miedo, el sentimiento de pérdida de control de sus vidas o la preocupación por su situación irregular son alimentados a su vez por estas redes. De las 63 mujeres entrevistadas, un tercio afirmó haber sufrido alguno de estos abusos sexuales en Marruecos (sin incluir Oujda).
 


Dos dramáticos testimonios recogidos por Médicos Sin Fronteras de mujeres subsaharianas

MSF destaca en su informe algunos testimonios:

La policía arrestó a T.D. en la medina de Oujda cuando iba al mercado a comprar comida y la llevó a la comisaría donde había otros 28 subsaharianos detenidos. Todo el grupo fue expulsado y devuelto a

la frontera esa misma tarde, dejando a estas personas abandonadas de noche en pleno desierto. T.D. caminaba con tres hombres y otras dos mujeres, cuando el grupo fue atacado por bandidos marroquíes: en total, seis hombres armados con cuchillos. Según el relato de T.D., cada mujer fue violada por tres bandidos, uno tras otro. (Mujer de 19 años).

O.A. dejó su país a causa del conflicto político. Cuando volvía de recoger leña, vio a dos soldados golpeando a su padre. Pasó tanto

miedo que decidió abandonar el pueblo. Al llegar a una aldea, O.A. se encontró con un grupo de gente vestida con ropa verde caqui, como los soldados, y les preguntó cómo seguir el camino. Le dijeron que se sentara y esperara. Según relata O.A., un hombre pasó por detrás de ella y le tapó la boca con la mano mientras otro se colocó delante. Le hizo quitarse las bragas y la penetró por la vagina. Gritó pero nadie la ayudó. Los demás también abusaron de ella, pero estaba semiinconsciente y no sabe cuántos fueron. Ya en Mauritania, como no tenía pasaporte, un camionero le propuso llevarla escondida debajo de su asiento. Por el camino, el camionero y otro hombre que viajaba con ellos le dijeron que bajara del vehículo; allí no había nadie, estaban en mitad del desierto. En un momento dado, el camionero se acercó a O.A. y la golpeó. Cayó al suelo, donde le estrujó los pechos y la insultó. Después el otro hombre la violó. Gritó pero nadie podía oírla, estaban en medio del desierto. Cuando terminaron, los dos hombres se dieron a la fuga. (Mujer de 26 años)
 

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