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OPINIÓN - DOMINGO, 25 DE ABRIL DE 2010

 
OPINIÓN / COLABORACIÓN

... Y después qué

Por Ramón Cutillas García


El sistema convivencial que nos ha llegado más limpio de cualquier contaminación ideológica, nos lo aportó Thomas Moro en su publicación Utopía, donde nos recoge el sistema social de una posible República existente en “…la isla de UTOPÍA… Se cree… que aquel país…” lo estructuro “…Utopo, de quien tomó nombre la isla, por haberla conquistado,… fue quien hizo que sus moradores, que eran rústicos y muy atrasados, vivieran de manera humana y civil…” “… Nos sigue afirmando Thomas Moro que “…Hay en la, isla cincuenta y cuatro ciudades, todas… tienen en común el idioma, las instituciones y las leyes…” .

La distribución administrativa de Utopía se ubica en una ciudad en la que “… por estar en la parte central de la isla … se considera, como la Capital,… donde se tratan las cosas comunes y la ordenación pública de todo. el país…”

La lectura de Utopía es de obligado cumplimiento para todo aquel que sienta que la Sociología es una ciencia de exigida observancia para la estructuración del Estado. Personalmente la traigo a colación para hacer más comprensible mi pretensión de hacerles llegar mi más profunda preocupación por el testigo que hace meses di al “jubilarme” y que ha de ser recogido por la generación que en la actualidad se incorpora al mundo del trabajo.

En Utopía, esta alternancia generacional de debido cumplimiento se establecían bajo una férrea disciplina abocada a la preparación del adolescente para su incorporación al sostenimiento del conjunto social en el que el participaba. Y para que su integración fuese a pleno rendimiento su educación o preparación buscaba una armonización entre sus cualidades físicas, sus posibilidades intelectuales, siempre dentro de la total sintonía con el equilibrio emocional del adolescente, que es lo que extraigo de lo expuesto por Moro en relación con el sistema educacional de la Republica que nos describe.

La conveniencia del sistema educacional impuesto en Utopía, quedó perfectamente refrendado por el sistema educacional impuesto por el “Franquismo” a través de los internados de formación y de las Universidades Laborales, donde quedaba conjugado la enseñaza convencional con una formación profesional, lo que le permitía al adolescente o bien continuar con los estudios en pos de conseguir una formación académica o incorporarse al mundo laboral después de conseguir la formación para un oficio.

Lo que es incuestionable que el sistema educacional le había creado un ámbito de estudio y de trabajo a la vez que le había armonizado su espíritu hasta hacerlo conseguir el equilibrio que todos anhelamos. Ya que los caminos le eran conocidos y él tan solo tenía que elegir el sendero a seguir, desde la preparación que se le había facilitado para la alternancia.

Y con lo expuesto no quiero crear confusiones, ni que estimen que pretendo decir algo distinto a lo dicho, simplemente he traído a coalición las “Universidades Laborales” para ejemplarizar lo conseguido por varias generaciones de los 50 y 60 , que podrían exponer la excelencia del sistema educacional de esa época seguramente plagiado de Utopía.

Ahora bien, lo que si quiero pedirles y les agradecería mucho que me dijeran cuál es la proyección que tenemos con la preparación de nuestros adolescentes a los que se les obliga a la asistencia a las clases hasta determinada edad sin que sea necesario que estudien, ni se preparen para integrarse a la sociedad productiva para que nos releven .

Qué es lo que se pretende con esa necedad, que un adolescente pase de curso en curso sin haber asimilado lo que se le dio en el anterior y sin haber superado ninguna prueba de las asignaturas impartidas. El resultado en el adolescente es la frustración por la diferencia ante la que se encuentra con relación a sus compañeros, y por la doble vertiente que le hemos creado ante su incapacidad y su falta de preparación para cualquiera de los múltiples oficios manuales que se le han podido impartir para crearle un hábito en el trabajo. Situación lo más previsible que lo llevará al aislamiento primero de sus compañeros para marginarse después de una sociedad en la que no se siente competitivo para integrarse y prosperar.

Qué se puede esperar de un adolescente que antes de acceder a su primer puesto de trabajo ya se siente fracasado por no haber encarrilado su aprendizaje elemental de los estudios sin que sus profesores o tutores hayan percibido lo mejor que en él hay. Y que esta percepción hubiera podido servir o posibilitar la búsqueda del sendero por donde debiera discurrir el adolescente para dar lo mejor que tiene.

Qué nos puede dar un adolescente que desconoce hacia donde se dirige y el camino que ha de seguir. Qué reproches se les puede hacer sobre alguien que iniciado en el camino de la formación se deforma por las faltas de prestaciones necesarias para encauzar su camino hacia lo mejor que él nos puede dar a la sociedad en virtud de sus actitudes, de su disposición, de su entorno y sus circunstancias, que también le marcan y condicionan y que nuestro conjunto social tiene la obligación de conocer, para que dentro de lo posible, paliar y así poder aprovechar las cualidades de cualquier adolescente que posibilita la alternancia generacional.

Por el contrario si lo dejamos a su libre albedrío como actualmente estamos haciendo sin proporcionarle ninguna alternativa, lo único que lograremos proyectar son individuos rotos o medio rotos para su integración en el ámbito laboral. Tan imbéciles somos, que llegamos a la estupidez más cretina de no conocer hacia donde nos conducen nuestros pasos a los que estamos educando: Individuos sin oficios, por cuya razón el conjunto social no tan sólo no obtendrán beneficios, sino que recibirá los perjuicios que tan inadecuada educación nos generará.
 

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