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OPINIÓN - MIÉRCOLES, 28 DE ABRIL DE 2010

 
SEMANA SANTA DE CEUTA 2010 / COLABORACION

Recordar es vivir

Por  Juan Antonio.López Garcia de Vinuesa – Queque ¬-


Somos esclavos, tantas veces agradables esclavos, de las pequeñas cosas, de emociones que parecen insignificantes, pero que anidan muy adentro. El Jueves Santo próximo pasado al situarme en penitencia detrás de nuestro Cristo de la Humildad y Paciencia en la procesión de Semana Santa, me invadió una emoción indescriptible. Cumplía un sueño toda vez que no lo veía desde 1973 y ahí estaba Él, era el mismo Cristo de mi juventud el que yacía, coronado de espinas y humillado, el mismo al que cuando le dirigí mi mirada, sus ojos que ya me impactaron en el pasado, por su serenidad, resignación y ternura me transmitían ahora recuerdos inolvidables. Visiones renovadas que, desde aquella posición, trajo de nuevo el tiempo. No sé lo que me empujó a asistir este año al cortejo del paso de la Semana Santa. Pero llevaba tiempo con la matraquilla. Lo necesitaba, como también necesitaba compañía y reconozco que logré tenerla, pues iba muy bien acompañado y no, no estaba solo, porque delante lo llevaba a Él y a mi lado a las dos personas que mas puedo querer en este mundo, mi esposa y mi madre, a las que el Altísimo guarde muchos años. Una de ellas, Inma la madre de mis hijos, que desde hace muchísimos años me regala su amor todos los días y otra, Juanita la que me dió el ser y que bastante “aguantó” mis ruindades de juventud y que ahora, como señora fuerte y humilde, serena y cristiana, también “aguantó” a sus fenomenales 85 abriles, nuestra compartida penitencia paso a paso, de 6 horas de duración procesional, gracias a Dios. Tiempo durante el cual fueron pasando por mi mente diferentes y variopintas películas con los fotogramas e imágenes de una plácida niñez e inolvidable juventud caballa, a la que por momentos parecía volver. Ignoro si quienes me saludaban al paso de la procesión, antiguos amigos y compañeros de clase, familiares e incluso algún capirote, notaron mi turbación.

Agradecer a la Hermandad de las Penas del Santísimo Cristo de la Humildad y Paciencia y Nuestra Señora de las Penas, sea casi 40 años después, una Casa, una familia a la que se le han ido agregando nuevos miembros y desde mi punto de vista, material y humanamente muy bien evolucionada y habiendo mantenido espiritualmente aquel sentimiento cofrade que conocí en 1968. He estado allí para contarlo, con la misma emoción que sentí siempre, en Cervantes o en Plaza de los Reyes, Real y Gran Via, Jàudenes, Catedral, Ingenieros, Velarde o en su templo, chicotás, revirás y levantás majestuosas unas, impresionantes otras y todas pasito a pasito haciéndome polvo el corazón, acrecentándose cuando fuí invitado por Rafa, mi hermano y Capataz del Cristo de la Humildad y Paciencia a accionar el llamador que ordenaba una sentimental levantá.

Es cierto que uno vive y se emociona de las pequeñas cosas y, entre ellas se encuentran metidos en la piel, los recuerdos y los pensamientos de toda una vida. De los recuerdos, que de vez en cuando salen de donde todos los guardamos y que se valoran aún más cuando se dan un paseo por el aterrador mundo de hoy, en el que se han perdido los valores. Redobla el tambor, suena la saeta, se esfuerza el costalero, sostienen sus cirios los penitentes y las señoras beatas sus rosarios, Ceuta hace una pausa en su tráfago para ver pasar las figuras y los símbolos, que de ellos también se vive, aunque sean de pasta y de tela antigua. Gracias Ceuta. Disfruté y me emocioné en tu Semana Santa. Y no sé si volveré a ella el año que viene. Aún si así no fuera, si regresaré en alguna otra ocasión para cargar una alforjas que me llevo plenas de ilusión y sentimientos. Me ha hecho reflexionar este encuentro y entre otras cosas me ha demostrado que, recordar es vivir.
 

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