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OPINIÓN - DOMINGO, 2 DE MAYO DE 2010

 

OPINIÓN / EL OASIS

Conversar es saludable
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

La conversación de sobremesa es lo mejor de cualquier comida. Borges la ensalzaba como un glorioso invento griego. Los temas de conversación pueden ser muchos. Cierto es que, desde hace ya bastantes años, los comensales que no sepan participar en una charla sobre fútbol darán la impresión de estar fuera de lugar. Serán vistos como bichos raros. También prima el hablar sobre política y políticos ladrones, modas y bebidas, sobre adversarios y tiempos pasados, sobre antepasados y amigos que dejaron huellas.

Bien, uno piensa que la conversación puede ser un ejercicio relajante, tedioso, estimulante, inútil. Depende de los participantes. Verdad de Perogrullo. Lo que no cabe la menor duda es que a ratos, conversar es saludable.

De la semana que acaba hoy, puedo decir que he participado en varias sobremesas fuera de casa y también he formado parte de los corrillos que se formaron durante la imposición de la Medalla del Mérito al Trabajo en su categoría de oro a don Antonio Benítez Bautista, en el nuevo edificio que acoge al Instituto Nacional y Tesorería General de la Seguridad Social. Magnífico en todos los aspectos. Y tuve la suerte de poder charlar a gusto. Y hasta de enterarme de cuestiones convenientes para quienes hemos hecho oficio del escribir diariamente. De manera que no puedo quejarme.

Así que me cupo la satisfacción de conocer un poco más, a la vejez viruela, a Ramón Ruiz. Con lo cual se cumple a rajatabla lo que dice el refrán: “Más vale tarde que nunca”. Pude comprobar, una vez más, que Inmaculada Ramírez digiere muy bien las críticas desfavorables. Nada que ver con la altivez con que suelen mostrarse algunas muchachas del PP, cuando no se les dice que son las más inteligentes del lugar. Aproveché la oportunidad para intercambiar impresiones con el Delegado del Gobierno, José Fernández Chacón, que se dirigió a mí para que le acompañara mientras se fumaba el cigarrillo de la ansiedad fuera del círculo de invitados. Me cercioré de que Jesús Fortes se está dejando ver nuevamente en actos públicos. Como debe ser. Noté la frialdad en el saludo que me dedicó Juan Vivas. Así saludaba Manolo Irigoyen. Sí, hombre, quien fuera presidente del Cádiz. Me encontré con la agradable sorpresa de ver a Gordillo y Conchita, su mujer, alternando nuevamente. Los dos mirando de frente y disfrutando de la buena acogida que les dispensaron conocidos y amigos. Como no podía ser de otra forma. Me reí de lo lindo con José Manuel Domínguez, perteneciente al Gabinete de prensa del gobierno, que estaba eufórico. Y ya sabemos lo que JMD da de sí cuando está salido de madre. Roberto Franca se me acercó para contarme algo que me convenía saber. Con lo cual me demostró que nuestras amables desavenencias de antaño siguen enterradas en cal viva. Y, para colmo, se vino hacia mí, diligente y dispuesto a charlar después de habernos pasado veinte años sin decirnos ni pío, José Mari Pasamar Benítez. Me dijo lo que me tenía que decir y yo acepté su ofrecimiento. Que no es bueno que la gente nos retiremos el saludo un día y nos pasemos dos décadas sin mirarnos a la cara. Pues ni siquiera los hombres de Cromañón se habrían atrevido a tanto.

Ah, me pusieron al tanto de cómo le llegó a la Asociación Deportiva Ceuta el chivatazo de la alineación indebida del Polideportivo Ejido. Se ruega silencio en estos momentos.
 

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