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OPINIÓN - VIERNES, 7 DE MAYO DE 2010

 

OPINIÓN / EL ESQUINAZO

Adiós a un hombre del circo
 


Jesús Carretero
jesuscarretero@elpueblodeceuta.com

 

Veo en la televisión y luego leo en la prensa escrita que el domador y empresario de circo, Ángel Cristo, ha fallecido.

Lo extraño es que haya vivido tanto, con la vida y los avatares que ha tenido en los últimos años, pero está claro que su valentía y su valía dentro de las jaulas, con animales tan fieros como los que él dominaba, le han dado fuerza y vigor para esquivar, durante mucho tiempo, la muerte que venía de frente en su búsqueda.

Siempre, cuando se hace una reseña, sobre un hombre de valía, tras haber muerto, se acostumbra a ensalzar sus verdaderos valores y en Ángel Cristo, no cabe duda que, los había, pero va a ser uno de los personajes que no va a poder tener una reseña completa de loas y alabanzas, por esos claro-oscuros, más oscuros que claros, que mostró en lo más íntimo de su familia.

Y creo que él que sabía controlar y someter a sus leones, no se supo someter y controlar a sí mismo, cuando estaba en su propia casa.

La familia, que en nuestra sociedad, es lo que más vale, para él estuvo minusvalorada, y a partir de ahí, empezaron los pasos atrás, a partir de ahí ese gran empresario que podía haber sido, ese domador con mayúsculas, ese hombre querido por toda la gran familia del circo, comenzó a perder terreno, dejó de ser hombre de confianza y en muy pocos años su circo, un circo, que llegó a tener más de 300 personas trabajando para él, se arruinó.

Todavía recuerdo como, hace tres o cuatro años, quedaban restos de ese circo de Ángel Cristo, en un descampado, junto a la nacional 630, entre Almendralejo y Mérida.

Eran unos pocos restos, dos o tres trozos de camiones que ya no servían para nada, unas lonas y los carteles, ya descoloridos, de lo que había sido el circo, con más color de nuestro país.

Era joven todavía, no había cumplido los 66 años de edad, pero su aspecto demacrado y roto no le ponía ni siquiera edad, podía ser esa de los 65 o 66 años, podía ser otra superior, acaso inferior, su imagen no cuadraba con el tiempo, en nada, porque ya no era la imagen, ni la sombra de lo que fue.

Su oficio, uno de los más complicados que podemos imaginar sobre la tierra, le dio fama, incluso en algún momento dinero, pero también muchos sinsabores, por los frecuentes accidentes que tuvo con sus animales, eran gajes del oficio.

Uno de ellos fue muy serio, en 1980, cuando uno de sus leones le produjo varias heridas, cosa que le envalentonó más, así como otros varios en 1982. Eran los percances de un hombre arriesgado, que, incluso, dicen los entendidos, arriesgaba más de lo que se puede hacer en ese trabajo.

Pero eso, lo solventaba él siempre, a la perfección. De esos peligros sabía salir, sin embargo de lo que nunca supo salir fue del tormento que se creaba con su vida privada, que le llevó a actuar, más de una vez, como un simple macarra.

Un paro cardíaco, en el Hospital Universitario de Alcorcón, a los 65 años, terminó con un hombre del circo, que sólo sabía vivir ahí, porque ahí nació, ahí se crió, ahí triunfó y ahí se arruinó.

Es una pena, que un hombre famoso, un fenomenal domador que llevaba más de 40 años en su profesión, en la que había sido admirado, al final de sus horas, los más cercanos a él no hayan estado a su lado, totalmente.

Hoy, en España, el circo significa muy poco, pero lo que queda, estoy seguro de que recordará a Ángel Cristo.
 

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