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OPINIÓN - DOMINGO, 9 DE MAYO DE 2010

 

OPINIÓN / EL OASIS

Limpieza de cajones
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

Haciendo limpieza de cajones, que ya me tocaba, voy deteniendo mi mirada en notas que se han ido acumulando y que procedo a enviar a la papelera, no sin antes leerlas. Y hay una, que no recuerdo de dónde la extraje, que reza así:

-En una comedia de Lope de Vega aparece un filósofo horaciano que alaba la vida retirada, pero continúa residiendo en la corte. Alega, para justificar su contradicción, que en los lugares pequeños no se puede ser libre, dado que el vecindario observa maliciosamente todos los actos e intenciones. Por eso, él prefiere vivir en lugar donde pueda pasar inadvertido. Una conclusión que, a cuatro siglos de distancia, todavía suscribirían muchos españoles, al menos los que sienten que en lugares pequeños y vecindades cerradas subsisten hábitos inquisitoriales, y la gente propende a entrometerse en la vida del prójimo. Para que se vea cuánto arraigó la Inquisición.

La energía humana necesita un escape, un empleo; no puede estar reprimida, y en los sitios pequeños hace presa en las cosas pequeñas, insignificantes –porque no hay otras-, y las agranda, las deforma, las multiplica... He aquí el secreto de lo que podríamos llamar hipertrofia de los sucesos... Dice Antonio Azorín, personaje principal de ‘La voluntad’. Novela escrita por José Martínez Ruiz, quien luego adoptaría el apellido Azorín como seudónimo.

Ceuta es, lo he dicho muchas veces, una ciudad pequeña con problemas de urbe grande. Pero, por la limitado de su territorio, los prejuicios cristalizan con una dureza extraordinaria, las pasiones pequeñas se suceden a cada paso, y el que dirán está a la orden del día. Y, desde luego, todo se termina sabiendo. En Ceuta, el vivir se siente. Para bien y para mal.

En reuniones que suelo frecuentar se ha hablado esta semana de que hay personas que se están aprovechando de sus cargos para aumentar su cuenta corriente con el mayor descaro. Son tachados de venales. Y sus nombres salen a relucir. Y a mí, acostumbrado ya a esta clase de acusaciones locales, sólo se me ocurre decir que sin pruebas no me parece de recibo seguir largando. Y, por supuesto, me guardo muy bien de dar ningún parecer que se salga de mi modo de pensar.

El político a quien se coja metiendo la mano en la caja, y sin esperar a que los jueces digan la última palabra, lo primero que ha de hacer es dejar el cargo por decisión propia. Y si ofrece resistencia, deberá ser destituido inmediatamente. De lo contrario, cada día habrá más personas dispuestas a participar de una corrupción que está socavando los cimientos de la democracia. De modo que no podemos extrañarnos de lo que decían las encuestas del C.I.S. al respecto: “Que una de las mayores preocupaciones de los españoles es el comportamiento general de la clase política”.

Y los ciudadanos saben, además, que los corruptos para protegerse procuran por todos los medios hacer partícipes de sus fechorías a otros. De modo que hay pringados que están haciendo muchas trastadas, porque están convencidos de que cuentan con protección en las alturas. Pagos de silencios a quienes no se cansan de propalar que si ellos hablaran...

Resumiendo: que he puesto en cuarentena lo que me han contado esta semana sobre casos de corrupción. Que es la mejor manera de proceder cuando escasean las pruebas.
 

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