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OPINIÓN - DOMINGO, 6 DE JUNIO DE 2010

 

OPINIÓN / EL MAESTRO

Fracaso escolar, ruina económica
 


Andrés Gómez Fernández
andresgomez@elpueblodeceuta.com

 

El indicador que mide el abandono educativo y, como consecuencia, el fracaso escolar, recoge el porcentaje de población de 18 a 24 años que no ha completado la ESO y no ha seguido ningún tipo de formación. Ha crecido: del 29,6% al 31,8% entre 1998 y 2008. Como referencia: la media de Europa de los 27, bajó del 16,6% en 2003 al 14,9% en 2008.

Un gravísimo problema, con una doble vertiente. Por un lado, frenar el desarrollo de una población capaz de asumir empleo de alto valor añadido y, por otro, la consiguiente pérdida de miles de millones de euros anuales. ¿Cuántos? Difícil de valorar. Según un prestigioso investigador, de modo orientativo, el gasto por alumno suma unos 1.000 euros al año en Secundaria. Sólo el hecho de que más del 40% haya repetido un año a los 15, habiendo 1.800.000 alumnos, ya representaría unos 75 millones de euros, que con los que repiten por segunda vez, se acercarían a los 1.000. Si añadimos que en Bachillerato repite cada año casi un cuarto de los alumnos, otros 150 millones… Claro, que siendo el estudio un “ejercicio mental impreciso”, da una idea de la magnitud del problema, por lo que, sin ser descabellado “nuestro fracaso educativo” nos cuesta en conjunto “el triple de la crisis”.

A la hora de buscar un tratamiento a este fracaso, es preciso hacer un diagnóstico, que bien podría ir dirigido a este análisis: “la creación masiva de puestos de trabajo en el sector ladrillos”, animó a muchos jóvenes a dejar los estudios y esa bonanza económica trajo consigo un repunte del abandono y el fracaso escolar.

La Fundación “1º de Mayo” de CC.OO advierte también, de la influencia que ha tenido la incorporación de población extranjera de esas edades, ya que el abandono educativo temprano es mayor: del 53,1 % frente al 29% de los españoles en 2.000 y del 46,4 % frente al 28% en 2009. Pero, ¿cuál es su propuesta? Acabar con la “rigidez del sistema y ofrecer a los estudiantes problemas alternativas al abandono o “la denostada e ineficaz repetición”. Claro, que si los recursos destinados a los repetidores que empleasen en clases de refuerzo, el sistema ahorraría y los alumnos mejorarían.

Otra solución de la misma Fundación es erradicar el llamado ‘mal francés’, asumido aquí sin dudarlo, es decir, que no superar parte de los objetivos, tener que repetir el 100% de los mismos. Una barbaridad. ¿Aprobados para todos?

En nuestro país se admite la repetición, pero no debe servir para hacer exactamente lo mismo, es decir, que debe aplicarse refuerzos y recursos específicos para el repetidor.

Siendo la repetición de curso un tema opinable, por parte de la oposición, se defiende que hay que establecer una clara diferenciación en los contenidos, que curse el joven que aspire a ir a la Universidad y el que busca una formación general básica, que quizás debería rebajarse. En suma, una preparación que contemple que los alumnos sepan expresarse correctamente, conocer sus derechos y sus deberes, dominar una serie de destrezas básicas, informática… Una preparación moderna, dentro de los cambios sociales producidos con la llegada del nuevo siglo.

En realidad a lo que refieren los Sindicatos no es otra cosa que lo ya utilizado cuando la desaparecida EGB. En los centros educativos, cuando los alumnos llegaban a la 2º etapa, ya se utilizaban dos programaciones distintas. Una dirigida a aquellos que demostraban tener capacidades para, una vez concluido el ciclo, incorporarse a los estudios de Bachillerato, y otra para aquellos que se matricularían en la Formación Profesional existente en aquellos momentos. En realidad, la estrategia consistía en una mayor flexibilidad y tolerancia para aquellos que se incluían en esta última modalidad.

Ahora, con tanto revuelo en el fallido Pacto por la Educación, todos queremos dar soluciones al mismo. Es el caso de la anterior Ministra de Educación, Sr Cabrera, que se manifestaba así: “La financiación de la Educación debería figurar en el debe y haber cuando hablamos de la sostenibilidad –voz de rabiosa actualidad- del Estado de bienestar. La Educación y la Formación constituyen uno de los servicios básicos, incuestionables hoy. Nadie niega el derecho y estamos ya en la exigencia de una educación de calidad para todos y, a lo largo de toda la vida… La inversión en educación es la mejor manera en que los Gobiernos, las Administraciones Públicas y todos los partidos políticos demuestran su apuesta de futuro, por el medio y largo plazo tan desagradecido desde el punto de vista político. Hacerlo de manera controlada y con rendición de cuentas es el mejor servicio que puede hacerse al sistema educativo. Hacer de ello una cuestión de debate nacional, que no de discusión política, una de los mejores favores que podríamos hacernos todos. ¡Como verán, palabras, palabras, palabras… que no son más que humo!

Es posible que en el reciente Consejo de Ministros celebrado en Madrid (11 de Mayo), con motivo de la Presidencia Española, se consiga una unificación de criterios para reducir el abandono escolar, situación que preocupa a todos los países de la Comunidad Europea. Los máximos responsables educativos han trabajado para presentar una propuesta concreta.

Conviene recordar, en este sentido, que la Presidencia española está liderando los debates entre todos los países participantes que permitan reducir el abandono escolar.

Nuestro optimista Ministro defendió su visión de la educación como instrumento imprescindible, que permite a los ciudadanos un desarrollo integral que les posibilita ampliar sus expectativas a la hora de conseguir un empleo de calidad. Porque la educación es decisiva para la nueva Europa.
 

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