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OPINIÓN - MIÉRCOLES, 7 DE JULIO DE 2010

 

OPINIÓN / EL OASIS

¡Menudo español!
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

Ya ocurrió en el llamado Siglo de Oro español. La ruina se cernía sobre España en todos los sentidos y, sin embargo, nuestra cultura rayaba a una muy grande altura. Por no irme hacia atrás, recordaré solamente la plenitud de Quevedo, Cervantes, Góngora, Baltasar Gracián... Casi nada.

Aquella decadencia española empezó a fraguarse en las tierras conquistadas de América. Pues nos dio por malgastar los dineros procedentes de semejante El dorado, debido a que fuimos gobernados por reyes nefastos. Y sólo nos quedó presumir de una cosecha de enormes literatos que pasaban hambre más veces de las debidas y hasta dieron con sus huesos en la cárcel por escribir contra los poderosos.

De la decadencia económica actual se nos ha venido diciendo que también tiene su origen en los Estados Unidos de América. Se nos ha ido explicando que todo arranca de una serie de créditos que los bancos concedieron a personas que se veía a la legua que no iban a poder pagar. Dinero fácil y barato que hizo soñar en demasía a una clase media que, de la noche a la mañana, se vio metida en un lío monumental. Quizá porque ésta aspiró a dejar de ser término medio y colchón muelle entre pobres y ricos.

Aristóteles se limitó a pedir en su día al buen gobierno que protegiera al pobre de la opresión y al rico de la confiscación, y a la clase media que gobernara lo mejor posible los intereses de todos. Y los bancos, claro, culpan del desmadre a la clase media y la responsabiliza de que estemos viviendo con el miedo metido en el cuerpo porque pueda producirse otra crisis económica como la de 1929. Conocida por la Gran Depresión. Un desorden monetario que propició imágenes de una pobreza dantesca. Por haberse aireado hasta la saciedad que hacerse rico estaba al alcance de cualquiera.

La pobreza dantesca, toquemos madera, aún no se vislumbra. Pues no hace falta nada más que ver cómo Sudáfrica sigue repleta de turistas dispuestos a disfrutar de un Mundial que ha entrado ya en su tramo final. Gracias al Mundial de fútbol tenemos la impresión de que cuanto nos dicen de la crisis monetaria es lo más parecido al cuento del alfajor. Desgraciadamente, volvemos a repetir que no es así. Pero continuamos viendo a personal de medio pelo que sigue viviendo por encima de sus posibilidades. Tal vez porque la selección española aún les tiene secuestrada a estas gentes la voluntad de percibir que al regreso de Sudáfrica se verán obligadas a vender hasta el colchón del tálamo nupcial. Pero eso es ya harina de otro costal.

Lo que ahora me apetece recordar es que otra vez -cuando España, según leemos y oímos cada día, en medios hablados y escritos, está al borde del colapso económico, motivado dicen por un presidente de Gobierno al que nada más que le queda que le den una lanzada en el costado sagrado-, en época decadente, los españoles podemos presumir de valores mundiales, tal y como ocurrió en el ya reseñado Siglo de Oro. Aunque ahora las estrellas no son literatas, sino deportistas en general. Jugadores de baloncesto, ciclistas, tenistas... Y futbolistas que están en las mejores condiciones para ganar un Mundial. De entre todas estas figuras, si acaso yo tuviera que elegir una, para que nos representara en época tan abocada al pesimismo, no lo dudaría: señalaría a Rafael Nadal. ¡Menudo español!
 

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