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OPINIÓN - SÁBADO, 17 DE JULIO DE 2010

 

OPINIÓN / MIS COSAS

Mis cosas
 


ADE
ade
@elpueblodeceuta.com
 

Dicen los que entienden del asunto que el Lince, especie protegida por cierto, tiene una vista de aquí te quiero ver. De hecho cuando alguien tiene una buena vista, todos les décimos “anda que eres un Lince” para, de esa forma, destacar la gran visión que posee el personaje en cuestión.

Por eso creo que los inventores del aparato ese que detesta cuántas persona ven en realidad en una manifestación, le han puesto el nombre del Lynce, solamente cambiando la i latina por la y griega. Pero que, al final, leyendo la palabra suena igual esté escrita con una i que con otra.

Qué ventajas tiene el Lynce a la hora de calcular cuantas personas conforman una manifestación. Tiene varias, entre otras la de acabar, de una vez por todas, con la discusiones planteadas sobre el número de personas que van en la manifestación, entre los organizadores, las delegaciones de gobierno y la policía local que, por cierto, ninguna de las tres están nunca de acuerdo.

Los organizadores siempre tienden a inflar el número de asistentes a la manifestación, las delegaciones de gobiernos, dependiendo de para qué sea o quienes la organicen dan unos resultados u otros y la policía local nunca está de acuerdo con ninguna de las dos instituciones.

O sea, con claridad meridiana, con el Lynce se acabaron esas discusiones que no llevan a ninguna parte, sobre cuántas personas van en una manifestación. Cosa, por supuesto, que no va a agradar a ninguna de las partes participantes a la hora de decir la cantidad de personas que van en ellas.

El asunto se ha destapado por culpa de las 175 fotografías realizadas por le mencionado aparato, en las que demuestra que en la manifestación realizada contra España, sólo acudieron unas sesenta y cuatro mil personas, cifra que queda muy lejos del millón que alegaban los organizadores del evento. Y es que, con el mencionado aparatito de marras, como decía la sabia de mí abuela: “se coge a un embustero antes que a un cojo”.

Haciendo cuentas de la cantidad de personas de las que consta el censo de Cataluña, los manifestantes, esos que aseguraban eran un millón de personas, se quedaba a solamente en el 1% de la población de Cataluña. Representación de los independentistas de pacotilla que marca un nuevo ridículo de los organizadores, que quedan con el trasero al aire por culpa del aparatito de marras, que no permite engaño alguno a la hora de contabilizar los asistentes a una manifestación. Para desgracia de todos estos, se acabaron las manipulaciones y las historias para no dormir.

Queda claro, que esa Cataluña que yo conozco y donde tuve la suerte de vivir en Barcelona, pasa olímpicamente de todas esas historias del Estatuto y de la independencia, pues sólo interesa a los cuatro políticos que buscando votos, una y otra vez machaconamente le dan al pueblo la “vara” para contar con su apoyo, al mismo tiempo que reciben esos votos necesarios para seguir subidos en el carro del poder.

No se trata de trabajar por le pueblo, se trata de seguir gobernando que, para todos ellos, es lo único importante.
 

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