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cultura - DOMINGO, 15 DE AGOSTO DE 2010


Jorge Sánchez. l.s.

entrevista / Jorge, Dj de La Cueva
 

Jorge: «Siempre he sido
muy dicharachero»

La creación de una página llamada Amigos
de la Cueva en la red social facebook trae de nuevo al presente a aquella discoteca, única en la ciudad por su estilo y ubicación
 

CEUTA
J. Losan

ceuta
@elpueblodeceuta.com

Jorge Sánchez Sánchez, a punto de cumplir cincuenta y seis años de edad, en septiembre, fue una pieza fundamental en la discoteca La Cueva hasta que llegó el momento de su cierre en el año 1997. Más de dos décadas de su vida estuvieron dedicadas a ser el alma de la pista de baile de una de las discotecas más recordadas de la ciudad. En esta entrevista recuerda numerosos episodios de aquellos días en los que La Cueva era un lugar de referencia en el mundo del ocio de Ceuta. A pesar del tiempo pasado ya, vuelve a estar en el candelero porque a través de la red social facebook se ha creado un grupo que mantiene vivos los recuerdos y se estudia la posibilidad de revivir aquellos días con una sesión en algún local actual.

Pregunta.- ¿Cómo comenzó usted la afición por la música?

Respuesta.- A finales de los años setenta yo iba los sábados por la tarde a la emisora de Radio Ceuta, la Onda Media, y colaboraba con programas musicales. Recuerdo a José Luis Díaz cómo me instruía en el método que se utilizaba para usar los dos tocadiscos, la mesa mezcladora y poner los vinilos. Yo no hablaba por antena, sólo ponía la música. Era algo que me gustaba mucho. También estaba Beatriz Palomo y por medio de ella conocí a su hermano Paco, que ponía la música en la discoteca La Cueva. Yo en esos días iba como cliente, a bailar y pasarlo bien.

P.- Lo veo venir. Poner discos en la radio, ¿le abrió la posibilidad de hacerlo también en la discotec?


R.- Un día, Paco Palomo me preguntó si me gustaba la música porque sabía que iba a la radio. Le contesté que sí. En esa época, Paco tenía un compañero que le ayudaba en la cabina pero que se había ido al Servicio Militar. Me preguntó si me gustaría poner música en la discoteca y me quedé. Yo aprendí a poner la música siguiendo el estilo que tenía Paco. Hablamos del año 1979.

P.- ¿Ya se quedó definitivamente allí?


R.- No, hubo un paréntesis. En el año 1980 se inauguró el Britannia y me contrataron en esa discoteca. Estuve el año de la inauguración, pero luego regresé en el 81 a La Cueva, porque Ignacio Becerra me reclamó. Ya sí me quedé como disc-jockey hasta el año 1997, hasta el final.

P.- ¿Le costó trabajo adaptarse?


R.- Yo siempre he sido muy dicharachero con la gente, me ha gustado mucho pasarlo bien. Ya cuando me quedé de pinchadiscos, tenía una base y una experiencia acumulada.

P.- Ese trabajo era complicado, porque hablamos de una época donde la tecnología todavía no había despuntado.


R.- Se trabajaba con tocadiscos normalitos, todavía no se conocían los Technics en España. Había que estar aguantando con la mano los discos hasta que se lanzaba la canción.

P.- ¿Usaba alguna técnica especial?


R.- Paco Palomo me había enseñado a hacer los cambios de un disco con otro en la mesa mezcladora. En esa época se utilizaban tres tipos de música, la lenta, la semimovida y la rápida.

P.- Es cierto, según la hora de la noche, tocaba una sesión diferente


R.- Yo también ponía baladas, Claudio Bagglioni y otros cantantes, que hacían que las parejas salieran a bailar lento y agarraditos.

P.- ¿Cómo fue su reincorporación a La Cueva?


R.- En el intervalo del año que pasé en el Britannia, Paco Palomo aprobó unas oposiciones y dejó la discoteca. Cuando regresé a La Cueva estaba Paco Fajardo, que también hacía radio en los 40 Principales. Al cabo del tiempo, se dedicó más a la radio y también dejó de pinchar en la discoteca. Me quedé solo.

P.- Pero no estaba solo realmente en la cabina...


R.- La cabina era un lugar especial de la discoteca. Allí siempre había mucha gente haciendo compañía. Se charlaba de todo, se pasaba muy bien siempre y cuando no interfiriera en el trabajo.

P.- ¿Había que saber de música, conocer los grupos, las canciones?


R.- Yo, prácticamente me lo conocía todo de memoria. Además, tenía una técnica que me ayudaba. Yo tenía los casilleros organizados por los estilos de lento, semimovido y rápido, singles y maxi singles. A veces, haciendo una búsqueda rápida, sólo con ver la carátula ya conocía perfectamente el contenido. Era un trabajo que iba mucho sobre la marcha porque no se puede prever la reacción del público, sino que, conforme iban saliendo las canciones, se enlazaban con otras, pero nunca era igual una noche que otra en el aspecto musical. No se podía poner una sesión cerrada de discos. Mi música siempre era espontánea, y creo que directa y atrayente. Solía poner música de actualidad, pero eso no quiere decir que en medio de la noche no recuperara algún gran éxito. Recuerdo uno que gustaba mucho, la canción que interpretaban Donna Summer y Barbra Streisand, que se titulaba “no más lágrimas”. Cuando la ponía, apagaba todas las luces de la pista y encendía los focos de flash y veía a la gente saltando.

P.- ¿Ahora no es así?


R.- Ha cambiado mucho con la digitalización o los platos modernos que tienen un boton de acelerador de revoluciones. Así es más fácil hacer que una canción case con la anterior. En mi época eso lo tenías que conocer de memoria porque no se podía revolucionar más el tocadiscos.

P.- En los mediados de los ochenta se produce un fenómeno musical con la aparición del estilo italiano. ¿Cómo lo vivió?


R.- Se puso muy de moda ese estilo de mantener las mezclas con los bpm (beats per minute). Carlos Coronado, que se incorporó a La Cueva durante bastante tiempo, me enseñó esa técnica.

P.- Poner música no era lo único que hacía el disc-jockey...

R.- He grabado miles de cintas de casete que me traía la gente. No había otra manera de tener una cinta de canciones mezcladas. Ha pasado mucho tiempo y parece hasta extraño hablar de esto. Los coches tenían un radio casete. Ahora llevan hasta mp3. También había que hacer un mantenimiento de los discos de vinilo. Aunque siempre se les pasaba un paño antiestático antes de ponerlo en el tocadiscos para evitar el tipico ruido de chisporroteo, de vez en cuando se daba un repaso general. Había que tener agujas de repuesto para los platos y más de una vez he tenido que sustituirla en medio de la sesión.

P.- Diferencie entre La Cueva y La Cueva de verano.


R.- Bueno, antes de que se inaugurara la discoteca de verano, al aire libre, La Cueva era un referente por muchas cosas, por su ubicación, por su decoración, por el ambiente tan bueno que había, prácticamente todo el mundo era conocido o amigo... Tiene un carisma, era acogedora, mis amigos de verdad siempre estuvieron allí conmigo.

P.- ¿Cómo era la marcha en esa época?


R.- Le puedo contar mi experiencia, pero es más o menos la de todo el mundo que fue joven en esos años ochenta. Por la mañana trabajaba en la Ducar y por la noche en la discoteca. En ese tiempo se abría todos los días. Teníamos clientes de entre semana, que llegaron a tener taquillas con sus botellas. Esos días ponía una música diferente a la del fin de semana. Por ejemplo, un día ponía grupos de rock, otro de cantautores... según quién estuviese allí esa noche. Se llegaba a conocer el gusto de los clientes.

P.- ¿Es una satisfacción ver cómo responde el público en la discoteca?


R.- Aunque en todos los trabajos hay momentos buenos y malos, yo he pasado más de los buenos. La reacción del público siempre es algo grato porque es una forma de recompensa a tu trabajo en ese mismo instante.

P.- ¿Recuerda cuántas personas cabían en la discoteca de verano?

R.- No, pero aquello era muy grande, con una pista en la parte de abajo, donde se ponía música lenta grabada previamente y la parte de arriba con la pista de marcha. Yo inauguré esa discoteca estando solo como pinchadiscos, pero al poco tiempo se incorporó Carlos Coronado porque hacía falta contar con su ayuda. Siempre nos hemos llevado muy bien poniendo música. Nos turnábamos y ninguno de los dos quería destacar sobre el otro.

P.- ¿Cómo se seleccionaba la música? ¿Dónde la encontraba?


R.- Tenía que ir a distintas ciudades de la península para comprar los discos que se utilizarían posteriormente en la discoteca. Principalmente era en Madrid, donde ya se preparaba un encuentro con distribuidores y proveedores y se compraba música de importación. Casi siempre teníamos en Ceuta la misma música que estaba pegando fuerte en las principales ciudades. Recuerdo también un año que pasé por Valencia y me traje discos del estilo que estaba de moda en ese año, el bacalao, que fue una total novedad en nuestra ciudad. Creo recordar que costaban más o menos mil cuatrocientas pesetas cada uno. Gracias a esos contactos se llegaron a recibir discos de promoción de las distribuidoras.

P.- El público, ¿le solicitaba canciones durante la noche?


R.- Siempre me pedían música. Y siempre lo ponía, pero en su momento, cuando yo veía que se podía intercalar. Hasta sevillanas se ponían. No muchas, porque a todo el mundo no le apetecía ir a una discoteca a bailar sevillanas, pero dos o tres se ponían.

P.- Estamos hablando de cosas del pasado, pero la discoteca La Cueva sigue actual porque existe un grupo de facebook dedicado a ello expresamente.


R.- Sí, fue una idea de Ignacio Becerra y Carmen Dorado, los creadores de la página. Allí se asoman muchos amigos de aquellos años, comentan sus recuerdos, y tienen también la opción de poder escuchar la música de esa época. Además, hay muchas fotografías que están llenas de aquella alegría que se vivía allí.

P.- Existe un proyecto de intentar hacer una sesión revival de lo que fue La Cueva, ¿puede añadir algo más?


R.- Es eso, por ahora, solamente un proyecto. Pero sería interesante poder encontrar un local adecuado en el que se pudiera reunir aquel público, con la gente que trabajábamos en La Cueva y pasar una velada agradable poniendo esa música, esos discos, recordar aquellos años y convertirse en lugar de reencuentro de viejos amigos donde pasar un rato inolvidable por tantas cosas.
 

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