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OPINIÓN - VIERNES, 24 DE SEPTIEMBRE DE 2010

 

OPINIÓN / EL OASIS

La tercera planta del edificio municipal
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

La Asociación Deportiva Ceuta le ha dado la primera alegría a Juan Vivas: ahí es nada que éste haya podido llamar a Sandro Rosell, presidente del FC Barcelona para decirle que Ceuta está dispuesta a celebrar cual fiesta grande la visita del Barcelona que él preside. El presidente de la ciudad, gracias al fútbol, vuelve a vivir momentos estupendos.

Juan Vivas llevaba mucho tiempo sin poder disfrutar de una situación capaz de levantarle el ánimo que va marchitando los muchos años del duro bregar en la vida pública. El ánimo de Vivas, según me han dicho, estaba de capa caída. Menos mal que el sorteo de la Copa del Rey ha sido como una especie de bálsamo de Fierabrás que le ha puesto nuevamente en situación de sacar pecho.

Vivas es persona que no necesita de mucho asesoramiento. Ya que tiene un conocimiento muy grande de cómo hay que desenvolverse en una ciudad que él domina de cabo a rabo. Sin embargo, como humano que es, a Vivas le gusta que le cuenten milongas.

Las milongas, o sea, las mentiras, se las cuentan sujetos que han vivido demasiado tiempo bajo la protección de un presidente que comienza a darse cuenta de que tales asesores le sobran. Sobre todo a raíz de que hayan tratado de convencerle de que debe abandonar la primera planta del edificio municipal, por razones de seguridad, y trasladarse a la tercera.

La tercera planta del ayuntamiento es muy conocida por las desgracias que acarrea a quienes se aposentan en ella. Es una planta fatídica. Quizá debido a que en ella ha habido muchos políticos que la han usado como habitáculo para mantener relaciones extramatrimoniales a costa del presupuesto público.

Podría dar nombres de concejales y consejeros que han vivido plenamente el amor furtivo en la tercera planta. Pero no lo haré. A pesar de que no tuvieron la delicadeza de pagar sus amoríos con dinero propio y no con dinero ajeno; es decir, con el de los contribuyentes.

Es lo que me contaba, días atrás, en el comedor de verano del Hotel Parador La Muralla, un político veterano: “Si los fantasmas de la tercera planta del edificio municipal hablaran, seguramente habría personas que nunca más se atreverían a decir esta boca es mía”. La tercera planta del edificio municipal, ha sido durante muchos años un picadero. Y los ruidos que se venían oyendo en ella eran jadeos y susurros de parejas entregadas al fornicio.

La tercera planta del edificio municipal, además, carece de buena suerte. En ella han estado trabajando Elena Sánchez y Pedro Gordillo. Amén de políticos secundarios que atraían la mala suerte como el pararrayo atrae las descargas eléctricas atmosféricas. Por todo ello, y por cuestiones que me reservo, no acabo de comprender que algún listo, revestido de asesor, se haya atrevido a proponerle a Juan Vivas que se traslade a la tercera planta del edificio municipal, por cuestiones de seguridad.

Y a mí sólo me cabe decir que la propuesta es demencial. Menos mal que el presidente Vivas, que no tiene pelo de tonto, ha dicho, según he sabido, que nones. Y está dedicado a vivir plenamente el acontecimiento que se avecina: la visita del FC Barcelona; el mejor equipo del mundo, desde hace varios años. Gracias a la buena suerte que tiene José Antonio Muñoz.
 

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