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OPINIÓN - MIÉRCOLES, 29 DE SEPTIEMBRE DE 2010

 

OPINIÓN / EL OASIS

Nombres en negritas
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

Salir en negrita en este espacio, como dice alguien a quien aprecio muchísimo, gusta tanto como disgusta a los que se ven nominados de tal manera. Cuando el negro es elogioso, los agraciados llegan a creerse a pie juntillas que el escribidor se ha quedado corto en los ditirambos. Y suelen sacar pecho por doquier. Cuando sucede lo contrario, las cosas cambian de manera que uno ya sabe que será motivo de malévolos comentarios.

Yo entiendo que la letra negrita llama demasiado la atención. Vamos, que es llamativa. Por lo cual destaca sobremanera en el texto. Motivo suficiente para que a los lectores se les venga a la vista cuanto antes los nombres enlutados que aparecen en la columna.

Personalizar en una columna, y además darle color al nombre de la persona a la que hacemos referencia, con el fin de ponerla en el centro de la atención, no es tarea fácil. Sobre todo en las ciudades pequeñas. En las que, cinco minutos después de salir el periódico a la calle, me puedo encontrar con quien ya me está esperando para mirarme de arriba abajo y decirme impropios entre bisbiseos. Situación ésta que, salvo rara excepción, no suele darse en las grandes urbes.

Por mor de mi costumbre de poner los nombres en negritas, casi desde que empecé a emborronar cuartillas, yo he ido ganándome enemigos a mansalva. Mientras que los beneficiados por las negritas, en cuanto un día se vieron criticados, torcieron el hocico y también se pusieron a mirarme de manera atravesada. Con lo cual nunca he dejado de estar en el ojo del huracán de la opinión pública.

Decir a estas alturas que a mí no me importa lo que piense la gente de mí, sería jugar de farol. Pues a todos nos gusta que de nosotros se tenga la mejor impresión. Aunque mentiría si no dijera que me trae al pairo el que se despotrique contra mi manera de escribir. Y, mucho menos me preocupa que haya políticos que, en cuanto no se ven reflejados en este espacio como ellos quisieran, prueben a desairarme. Pues a mi edad yo presumo de tener una entereza espartana para combatirlos.

Los políticos deberían haber asumido ya que están tan expuestos a las críticas como a la gripe. De lo contrario, sobran como personas dedicadas a una actividad pública. A las que conviene exigirles, entre otras muchas cosas, que sepan encajar las opiniones adversas, con el temple requerido.

Días atrás dediqué una columna a varias mujeres del PP, con el fin de que entendieran que no deben dormirse en los laureles. Mujeres que, en muchas otras ocasiones, habían recibido por parte mía los halagos consiguientes. Halagos que sirvieron para que contrarios a las siglas, y a la gestión de ellas, me pusieran verde en esos foros donde los muy cobardes insultan sin dar la cara. Y para más INRI, en bastantes ocasiones, con faltas de ortografías gloriosas.

Pues bien, a esas mujeres del PP, que aprovecharon una noche de alegría para quejarse ininterrumpidamente del trato que yo les había dado, debo decirles que yo no acostumbro a contar chistes. Que yo me limito a observar al gobierno e informar de los hechos.

Y los hechos son tozudos: o ustedes cogen el paso o terminarán saliendo de la fila. Así que en vez perder el tiempo en ponerme verde, lo que deben hacer es enmendar conductas.
 

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