PortadaCorreoForoChatMultimediaServiciosBuscarCeuta



PORTADA DE HOY

Actualidad
Política
Sucesos
Economia
Sociedad
Cultura
Melilla

Opinión
Archivo
Especiales  

 

 

OPINIÓN - DOMINGO, 3 DE OCTUBRE DE 2010

 

OPINIÓN / EL OASIS

La pobre muchacha
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

Hay una muchacha que lleva ya mucho tiempo poniéndome como chupa de dómine y cual no quieran dueñas. Entre lo que sé y lo que me cuentan, he llegado a la siguiente conclusión: la fobia de esta chica contra mí está tomando dimensiones grotescas. Y, por ende, pienso que la pobre muchacha puede acabar con los nervios desquiciados. Si no lo está ya.

La pobre muchacha -que cada día que pasa va encontrando menos sitio en su body para poder ir almacenando su aversión que no cesa hacia mí-, cuando tiene noticias de que algo me ha favorecido o de que alguien se ha permitido recordarme para bien, pierde los papeles y se pone hecha una furia desatada. Por menos, he conocido yo a personas que han sido inmovilizadas por una camisa adecuada a semejante y doloroso trance.

Se van a quedar ustedes con las ganas de que yo escriba el nombre de la pobre muchacha que se desmadra por el mero hecho de verme, de oír hablar a alguien bien de mí, o leerme. Se pone frenética. Es presa de la ira. Y cae en un estado de excitación que la pone al borde de un repique. Pobre muchacha: tan joven, tan llena de vida, tan apetecible, y tan dicharachera, cuando no se acuerda de mi existencia.

El hecho de que yo me abstenga de mencionar el nombre de la pobre muchacha, coloreado además en negrita, es para que no adquiera la notoriedad que ella anda buscando a costa de ponerme verde a cada paso. Pobre muchacha: tan joven, tan llena de vida, tan apetecible, y tan dicharachera, cuando no se acuerda de mi existencia y, sin embargo, no para de vomitar mierda contra mí para, posiblemente, olvidar sus obsesiones.

Uno, que por edad podría ser padre de la pobre muchacha, aunque nunca llegaría a estar en posesión de la inteligencia que tenía el suyo biológico –que en paz descanse-, no entiende qué razones la obligan a perder el tiempo conmigo. A vivir pendiente de mis pasos. A estar preñada de iracundia continua a fin de desprenderse de ella a mi costa. La cual le está empozoñando el alma y le está marchitando su buen ver.

A mí me gustaría preguntarle, a la pobre muchacha, cuando se encartara, pues tampoco me corre prisa hacerlo, si, alguna vez, ha estado tentada de probar algún remedio casero para combatir ese grande mal que la predispone a estar siempre al acecho de mis andanzas con el único objetivo de indisponer todos sus demonios contra mí.

Y, cuando hablo de remedio casero, no crean que me estoy refiriendo a la infusión de tila o a la socorrida y añeja cucharadita de agua de azahar, no. Porque sé que ninguna le arreglará a la pobre muchacha el problema que yo le causo. Que, por lo que veo, no es baladí, sino que va adquiriendo dimensiones dignas de estudio. Pero, al menos, la tila y el agua de azahar podrían sosegar un poco a la pobre muchacha. Calmarla, serenarla, tranquilizarla a lo largo y a lo ancho.

En suma, devolverle la cordura que perdió en su día y que no ha vuelto a recuperar. Y así, olvidándome a mí un poco, podría la pobre muchacha volver a sentirse bien. Y, de paso, complacer a su compañero -o compañera- que debe de estar hasta el gorro de que la pobre muchacha no tenga los cinco sentidos puestos donde ha de tenerlos. A mejorarse, pues, pobre muchacha.
 

Imprimir noticia 

Volver
 

 

Portada | Mapa del web | Redacción | Publicidad | Contacto