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OPINIÓN - DOMINGO, 10 DE OCTUBRE DE 2010

 

OPINIÓN / EL MAESTRO

Sobre el tiempo escolar
 


Andrés Gómez Fernández
andresgomez@elpueblodeceuta.com

 

Son los padres los que no están de acuerdo con el actual calendario escolar. Consideran los días lectivos escasos y mal repartidos. El citado calendario tienen una media de 175 días lectivos (LOE, 2006) cuando en los años 70 se alcanzaban 220 días, lo que significaba un mes y medio más de clase.

De nuevo es la CEAPA, Confederación Española de Asociaciones de Madres y Padres, la que lanza la propuesta de “sentarse a hablar” sobre el tiempo escolar y el inicio del curso, así como los períodos de vacaciones, dándose el caso de que las Comunidades, esos 175 días que marca la mencionada Ley, lo han tomado como máximo.

Sin dudas que la mayor oposición la van a encontrar por parte de los maestros, secundados por los Sindicatos, que están muy de acuerdo con el calendario actual. Los docentes se “agarran” al período vacaciones y a la jornada continuidad, como una tabla de salvación para salir indemnes de una carga profesional máxima de desánimo y estrés.

Con el ansiado recreo, la jornada escolar en Primaria es de 5 horas, con clases, en teoría de una hora, pero que se convierten, en general, en clases de 50 y 55 minutos, aunque, a veces se pueden pasar un poco más, dependiendo de las actividades de cada materia, aunque, lógicamente en detrimento de las demás. Y no digamos del rendimiento cuando se llega a la última hora. En resumen, los tiempos dedicados a cada clase (1 hora) no son matemáticamente así.

No entro en detalles sobre la dificultad de mantener la atención, ni la aplicación del tipo de metodología, así como las actividades, ni tampoco en el hábito del esfuerzo y del estudio, para el mejor rendimiento de la jornada escolar.

Los teóricos –ya está dicho la experiencia que tienen en el aspecto práctico del hecho educativo- postulan nuevos métodos de enseñanza, flexibilidad en los horarios, el reagrupamiento de las aulas o la “apertura de los centros 24 horas” y, todo ello, con sólo el argumento de que la sociedad ha cambiado.

Es cierto que no faltan voces de padres que claman por el fin de unas vacaciones tan largas, que hacen imposible la conciliación laboral y familiar; otros esgrimen la contraindicación del clima, que no es uniforme en todo el país.

Se piensa que se podría acortar y repartir las vacaciones, aunque había que resolver determinados imponderables, como la ausencia de aire acondicionado, la orientación de las clases al sur y la capacidad de las mismas, siempre superior a veinte alumnos.

Un aspecto importante a tener en cuenta es la distribución de las materias. Unos especialistas, médicos, en general, piensan que en las primeras horas de la mañana, el alumnado está descansado para las áreas más exigentes, como Matemáticas, Lengua, materias instrumentales (creo que es la distribución que aún se mantiene); otros profesionales, opinan lo contrario: “la primera horas es cuando más alumnos somnolientos hay, y con mayor dificultad de concentración, que mejora al final de la mañana (jornada continuada).

Parece ser que lo ideal es que “el niño tenga tiempo para formarse, estar con su familia, participan en el juego, descansar… No es aconsejable que madrugue para permanecer en el aula de acogida, coma en el centro, termine las clases por la tarde y después cumpla varias horas extraescolares más el tiempo invertido en los desplazamientos.

Son estas actividades extraescolares las protagonistas de la llamada ”escuela a tiempo completo”, un modelo de centro abierto que, aún existiendo en otros países, se convirtió en un sueño en paralelo a la jornada continuada, que no siempre se ha hecho realidad, principalmente por problemas económicos.

A pesar de todo ello, siguen reclamándose como sustento de una escuela entendida como “servicio, capaz de dar respuesta a múltiples necesidades”. Y se van más lejos: “Parece inadmisible que muchos centros estén cerrados a cal y canto por las tardes, los fines de semana y la mayor parte de los días no lectivos, que son casi la mitad del año. En nuestro país, en muchas Comunidades, se encuentran centros con bibliotecas, aulas de informática, pistas polideportivas y diversos espacios cuyo uso comunitario sería de gran interés.

Todo parece lógico, conveniente, sobre todo en una sociedad cambiante, donde, en educación, como en otros aspectos de nuestras vidas, se pide un cambio radical, porque todo lo conseguido hasta ahora, da la impresión que es obsoleto. Pero se habla de medios, de recursos económicos, pero nos olvidamos de la gente principal de todo el proceso: el maestro.

Sobre los años 1985-86 y 87, se celebraron en nuestra ciudad las llamadas Escuelas de Verano, con duración de varios días, a principios de Julio. Creo que no tuvieron mucha aceptación. Se participaba en actividades de Seminario y en actividades de Taller. Dejaron de programase. ¿Falta de participantes? ¿Temor a los comentarios que corrían entre los asistentes, en el sentido de que tener éxito, veíamos en peligro las vacaciones de verano, reducidas sólo al mes de Agosto?

Conviene conocer que el calendario escolar ha evolucionado mucho. En 1860 la jornada escolar era de ocho horas, reducida a siete; en 1887 con la Ley Moyano, se introduce por primera vez, vacaciones estivales de 45 días de duración; en 1970, con LGE, 220 días lectivos; en 2006, LOE, se establece un mínimo de 175 días lectivos.
 

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