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OPINIÓN - MARTES, 19 DE OCTUBRE DE 2010

 

OPINIÓN / EL MAESTRO

Dª Margarita y Lope de Vega
 


Andrés Gómez Fernández
andresgomez@elpueblodeceuta.com

 

En las jornadas recientemente celebradas en nuestra ciudad, con motivo de recordar cómo era la preparación de los maestros en etapas pasadas. Por el coordinador de las mismas, Sr. Galindo, fui invitado. Tenía que recordar las vivencias del período comprendido entre los cursos 62-63; 63-64 y 64-65. El primero de ellos en la antigua escuela ubicada en la Marina y los dos últimos en la escuela del Morro, que juntos a otros cursos, nos correspondió inaugurar.

Daba el tema para más tiempo del empleado y, en mi caso, en el apartado de anécdotas se me quedaron en carpeta algunas muy curiosas.

Llegados a la intervención de los asistentes, uno de ellos, muy brevemente, recordó a la Profesora de Historia de la Literatura Española, Dª Margarita, de la que yo disponía una amplia información, que trataré de resumir en esta página.

Nos preocupaba mucho su materia, es decir, que para aprobarla, había que “sudarla”. Por un lado, su amplio contenido, y, por otro, su exigencia, ya que Dª Margarita era muy meticulosa, con una fuerte personalidad, aunque, ya en esta etapa, se notaba que estaba en el ocaso de su carrera.

Nuestro compañero Genaro conocía muy bien que había que estudiar. En una ocasión, previo a la realización de un examen, me pidió que, abriendo el libro donde yo quisiera, le preguntara. Así lo hice, y en ello estábamos, cuando la profesora apareció y pudo contemplar cómo mi compañero respondía a mis preguntas. Se quedó asombrada ante la “exhibición” de Genaro.

La clase con nuestro grupo estaba programada al final de la jornada que, como el horario era de régimen nocturno, salíamos siempre a las diez de la noche. Al igual que nosotros, la profesora estaría deseando que el Sr. Gervasio, el conserje, anunciara que la clase había terminado.

Dª Margarita firmaba sus documentos como Mª de los Ángeles R. Velasco. Nos recordaba con frecuencia, que siendo muy joven había sido Secretaria de D. Ramón Menéndez Pidal, el gran filólogo e historiador, que fue Director de la Real Academia de la Lengua Española, y nos obsequiaba con algunas vivencias junto al eximio D. Ramón.

Dª Margarita se desplazaba desde Tánger, donde residía, ya que su marido era diplomático, destinado en la citada ciudad marroquí. Despachaba todo su trabajo en los dos primeros días de la semana, con lo cual era de pensar que terminaría extenuada, ya que atendía también a las alumnas, éstas por la mañana. Su meticulosidad llegaba a límites insospechados al exigirnos, no sólo el temario contemplado en el libro de texto, sino unos apuntes que había preparado en cursos anteriores, y que nosotros teníamos que recuperar. De los autores interesaban mucho los aspectos personales y sus anécdotas.

De todo lo anteriormente expuesto, es fácil deducir que los dos días más “malos” que teníamos en la semana, eran los lunes y los martes. Por un lado la seriedad de la materia impartida por Dª Margarita y, por otro, el estar dispuestas sus dos clases a última hora de la jornada, es decir, salir a las diez de la noche.

Por eso, si por alguna circunstancia, posible indisposición de Dª Margarita, sus clases, esos días no se daban, salíamos una hora antes.

Yo tenía una privilegiada información, que me permitía conocer si la profesora se había desplazado desde Tánger para iniciar su docencia. Ella llegaba a nuestra ciudad, desde Tánger, los domingos por la tarde, y se alojaba en el desaparecido Hotel Atlante.

Mi vecino y amigo, Antonio, era botones del citado hotel, y me comunicaba si se había desplazado o no. Cuando no lo hacía, ya sabíamos que el lunes y el martes no tendríamos clases con la profesora, que al tenerlas a última hora, como bien he dicho anteriormente, posibilitaba que nuestra salida del Centro fuese una hora antes.

Sus ausencias, no frecuentes, generalmente se producían por problemas de salud, así que cuando mi amigo y vecino me daba la novedad, se producía la lógica satisfacción entre mis compañeros, que esperaban los lunes con expectación mi aparición en el Centro.

Al ser la asignatura Historia de la Literatura Española lógicamente el temario se centraba en aquellos autores de mayor relieve de todas las épocas. Pero, con toda justificación, Dª Margarita tenía como autor más importante a Lope de Vega, ya que de forma continua y siempre que la ocasión se presentaba, lo ponía como referencia, como modelo de los autores más prolíficos de toda nuestra Literatura.

En efecto, Lope fue un escritor de una exuberante –casi anormal- capacidad creadora. Entre su vida y su obra hay una gran trabazón: sus amores, sus crisis espirituales, sus polémicas literarias, sus odios y envidias, aun cuando no existiera un solo documento de archivo, los conoceríamos por su vasta producción. Lope, como otros escritores hasta entonces conocidos, en todos fue prolífico sin menoscabo de su calidad. Se inició en la novela con una obra pastoril, la “Arcadia”, que narra los amores entres pastores. Su producción: más de 1.500 obras. Se conservan unas 300.

Ahora, Dª Margarita se sentiría muy feliz al conocer la aparición de una película sobre Lope de Vega, que no se nos muestra al gran Lope “Fenix de los ingenios”, sino más a “Lopillo” (aún antes de que lo sellara Góngora), un joven que regresa de la Armada a la Corte y de la guerra al amorío: se centra “Lope” en algunas de sus primeras peripecias teatrales, poéticas y sentimentales, aunque tuvieran gran trascendencia en su vida posterior, sus versos a “Filis”, sus pendencias y libelos, su destierro…
 

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