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OPINIÓN - MIÉRCOLES, 10 DE NOVIEMBRE DE 2010

 

OPINIÓN / EL OASIS

Las propiedades de los garbanzos
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

Tengo un amigo a quien los potajes de garbanzos le chiflan. Se los come con tanto apetito que a mí me agrada sobremanera verle cucharear sin descanso hasta que deja el plato como si hubiera pasado por un lavavajillas de lujo. El martes pasado, bajo mi disimulada atención, mi amigo dio cuenta de un humeante plato de garbanzos. Así que le pregunté si semejante ingesta de legumbres no le ocasionaba ningún tipo de alteración, al margen de la clásica flatulencia.

Y me dijo que no. Que a él le daba mucha vida ponerse como el Quico de garbanzos. Y que lo hacía dos veces a la semana. Salvo contratiempo.

-¿Por que me lo preguntas?, Manolo.

-Porque hace ya mucho tiempo, no sé a quién le leí, ni tampoco me acuerdo de si fue en un libro, en una revista o en un periódico, que los garbanzos son estimulantes; de manera que quien los come tarda nada y menos en sentirse excitado y dispuesto a emprender cualquier aventura. Quiero decir, que se apodera de él un ardor inusitado, capaz de afrontar cualquier problema que hasta entonces no se hubiese atrevido.

-¡No me digas, Manolo? Pues en mi caso, te aseguro que nunca he notado nada sobresaliente.

-Sí, hombre, los garbanzos suelen propiciar un ardor combativo y guerrero. O sea, que la excitación provocada por tales leguminosas hace posible que te creas que eres más o menos una especie de guerrero del antifaz. Y aun más: sus efectos, que al parecer fueron comprobados en cobayas, ayudan enormemente a conseguir éxitos indiscutibles. Vamos, que los garbanzos no sólo proporcionan vigor sino que también aportan bastante lucidez a lo que emprendas en esos momentos.

La cara de mi amigo, ante lo que yo le estaba contando, era de sorpresa, como no podía ser de otra manera. Pero, aun así, pues mi amigo no tiene ni una pizca de torpe, tardó nada y menos en reaccionar:

-¿Decía algo el libro, la revista o el periódico, dónde tú dices haber leído las propiedades de los garbanzos, sobre cuánto tiempo tardaban en notarse los efectos benéficos de éstos, tras comerlos?

-Sí; creo recordar que tres o cuatro horas después, con poco error de cálculo, era posible aprovecharse de sus bondades. Y la estimulación tenía muchas horas de duración.

-Bueno, si es así como tú dices, Manolo, no tengo la menor duda de que Juan Luis Aróstegui lleva comiendo garbanzos desde que vestía pantalón corto. Y no dos días a la semana, como yo, sino todos los días y fiestas de guardar. Suficientes para que cada día salga a la palestra colocado de garbanzos y dando mítines en plan beodo de hidrato de carbono y, por lo tanto, atufándonos a todos de manera casi inmisericorde. Y será así, digo yo, porque la digestión de los garbanzos no será la misma en todos los estómagos.

-Llevas razón. Aunque debes ir haciéndote a la idea de que esta vez sí conseguirá Aróstegui su acta de diputado.

-No lo veo yo tan claro. Porque a Aróstegui le pasa lo que a la moza calentona, que hace concebir esperanzas que jamás llegan a realidad, lo cual es una grave falta de educación. En rigor, poco se puede esperar de quien viene medrando a costa de la política y la economía desde hace treinta años (Vivas dixit).
 

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