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OPINIÓN - DOMINGO, 14 DE NOVIEMBRE DE 2010

 
OPINIÓN

Miscelánea semanal

Por Manuel de la Torre


LUNES. 8


He repetido hasta la saciedad lo bien que me cae Mabel Deu: consejera de Educación, Cultura y Mujer. Y el proclamarlo me ha costado que no pocos necios hayan usado mi franqueza para hacer comentarios desafortunados contra mí. Hoy, después de varios meses sin hablar con Mabel, he tenido la oportunidad de intercambiar unas palabras con ella en la avenida del alcalde Sánchez Prados. Y lo primero que me ha dicho Mabel es que lleva varios días afectada por el griposo catarro. Y hasta me ha pedido que no me acercara mucho a ella con el fin de que no se me pegara la fiebre esterilizadora e infectocontagiosa. Y a mí solo se me ha ocurrido responderle que el posible contagio no me preocupaba lo más mínimo. Mabel Deu, consejera de Educación, Cultura y Mujer, sigue gozando de mis simpatías. Lo cual no obsta para que en cualquier momento yo me vea obligado a tenerle que cantar las cuarenta por una actuación suya que yo no considere de recibo. En rigor: debo decir y digo que saludar a Mabel Deu es siempre motivo de satisfacción para mí.

MARTES. 9


En plena sobremesa con unos conocidos se acerca a nuestra mesa una persona que saluda a los dos comensales que me acompañan. Y, tras sentarse, me lo presentan. Se llama Antonio Chaves Macías y me dice que es Asesor de Seguridad de Prosegur Activa. De Antonio Chaves, que dice ser pariente de Manolo Chaves, ex presidente de la Junta de Andalucía, la primera conclusión que saco es buena. En principio, porque se muestra hablador y, por tanto, no se corta lo más mínimo en dar su opinión sobre lo que se encarte. Cuando se le pregunta si me conoce dice que sí y hasta responde que a veces pierde parte de su tiempo, tan preciado, en leerme. Le agradezco, como no podía ser menos, su sinceridad. Y a partir de ese momento no tiene la menor duda en rebatirme cualquier opinión que yo emita. De esa manera, y sin que él se percate lo más mínimo, al menos así lo creo yo, se va ganando mis simpatías. En ocasiones, conviene que las sobremesas, siempre frecuentadas por los mismos, se vean amenizadas por personas distintas. Savia nueva. Que uno termina agradeciendo muchísimo.

MIÉRCOLES. 10


Alejandro Sevilla y Cayetano Cuesta López son amigos. Y ambos pasean con calma por el centro de la ciudad casi todos los días. Me tropiezo con ellos en la misma puerta del Casino Militar y nos damos el correspondiente apretón de manos. Y Alejandro, que sabe más que los ratones colorados, lo primero que hace es tirarme de la lengua acerca de lo desagradable que resulta cualquier persona que dé la mano con fragilidad y blandura. Y es entonces cuando salen a relucir ejemplos de sujetos conocidos por estrechar las manos de modo y manera conocida como El apretón del dedo. “Que es cuando la otra persona no da la mano, sino que se limita a sostener los dedos de la otra persona fláccidamente entre los suyos incluyendo el pulgar”. Esto delata que esta persona, diga lo que diga, tiene muy poca confianza en sí misma y además puede no ser de fiar. Y son así, normalmente. Cayetano Cuesta, con quien este verano he conversado mucho en la piscina del Parador Hotel La Muralla, me preguntó si había leído su libro, ‘Vivencias de mis pueblos’, prologado, precisamente, por Alejandro Sevilla. Y le dije que sí.

JUEVES. 11

Hemos hablado muchas veces. Porque nos conocemos desde hace la tira de años. Hemos compartido charla de bares, alguna que otra sobremesa, y hasta debo decir que nos hemos reído de lo lindo formando parte de tertulias surgidas porque sí. Puedo asegurar que a mí me cae muy bien Emilio García Mateo. Y, por tal motivo, ya era hora de que lo aireara por escrito. Emilio García, cabeza visible de Áridos y Transportes del Estrecho S.A., es, además, muy apreciado por quienes lo frecuentan. Al menos, así lo podido comprobar yo en bastantes ocasiones. Hoy, tras brindar con una copa “Hasta verte, Jesús mío”, hemos seguido charlando sobre el cambio de carácter que se ha operado en un empleado suyo, de un tiempo a esta parte y sin venir a cuento, según me explica Emilio. El empleado, cuya conducta sobresaliente ha sido siempre destacada por los empresarios, es decir, por Emilio y sus hermanos, parece ser que no pasa por buenos momentos. Y dado que el empleado es muy estimado por mí, espero que se recupere cuanto antes.

VIERNES. 12


El hombre me mira insistentemente. Está sentado frente a una mesa de un comedor en la cual yo comparto charla con tres comensales. En principio, no entiendo las razones que tiene para fijar la mirada en mí con tanta impertinencia. El hombre que mira, va vestido de la manera que visten los periodistas que suelen asearse poco. Creo conocerle. Me parece que le he visto fotografiado en alguna parte. Pero no recuerdo dónde. Tampoco me merece la pena exigirle a mi memoria el menor esfuerzo para averiguar quién es el tipo que está pendiente de lo que sucede en nuestra mesa. No obstante, en un momento determinado, le veo adoptar una postura que acaba en un visaje que hace posible que yo sepa quién es la criatura que no deja de mirarnos y, sobre todo, de mirarme. La pose que adopta es muy femenina. Y debo reconocer que le sienta muy bien a su condición física. Lo cual no quiere decir que el tipo sea lo que aparenta ser. Quizá el que su dedo índice se apoye en su mejilla derecha y el reverso de su mano izquierda se asiente en el costado del mismo lado, solo signifique que el periodista es una persona muy sensible. Tan sensible como para entrar a degüello en la vida de unas personas que en su día quizá decidieron mantener relaciones sexuales a cambio de favores laborales. Y quién sabe si hasta hubo dinero de por medio. En fin, que conociendo esta ciudad, día llegará en el que el periodista, que gusta de apoyar su dedo índice de la mano diestra en la mejilla derecha y el reverso de la izquierda en el costado del mismo lado, se dé cuenta de que lo que está haciendo tiene fecha de caducidad. Y entonces, créanme, habrá que salvarlo como los americanos salvaron al soldado Ryan.

SÁBADO. 13


Son las ocho y media de la mañana, más o menos, cuando camino yo con mi perro, un labrador que me regalaron hace cinco años con el fin de que vaya dejándome de relacionar con ciertos sujetos, cuando pasa por mi vera Yolanda Bel, corriendo que se las pela. El ritmo que lleva la consejera de Medio Ambiente y Portavoz del Gobierno, cuando se cruza conmigo y con mi perro ‘Oasis’, es endiablado. Ritmo difícil de mantener cuando se hace carrera continua, si antes no se ha trabajado a conciencia la resistencia aeróbica. No me extraña, pues, que Yolanda Bel luzca esa figura atlética, que sigue encandilando a los suyos y a los otros. Eso sí, aunque la consejera pasa junto a nosotros como una exhalación, no deja de darme los buenos días. Y debo decir que sonaron nítidos, sin acusar la voz de la consejera la menor fatiga. Con semejante capacidad física, y sus deseos de aprender cada día más en todos los sentidos, Yolanda Bel está destinada a conseguir grandes logros en todo lo que se proponga.
 

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