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OPINIÓN - MARTES, 23 DE NOVIEMBRE DE 2010

 

OPINIÓN / EL OASIS

Aróstegui es un político desgraciado
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

Francisco Fraiz era un conquistador de votos. Los ganaba para su causa con suma facilidad. Así consiguió ser alcalde en dos ocasiones. La primera, siendo candidato por el PSOE; la segunda, perteneciendo a Progreso y Futuro de Ceuta. En ninguna de las dos ocasiones pudo finalizar su mandato. Destacó además por ser el alcalde que recibió el primer voto de censura.

Fraiz Armada sabía ganarse a la gente. Y a fe que lo lograba con suma facilidad cuando de por medio estaba en juego algo que fuera de interés para él. Eso sí, una vez satisfechos sus deseos, se producía en él un cambio radical.

Y es que su carácter variable, atrabiliario y tonante solo se afirmaba en la posesión del poder. Era sentarse en el sillón de la alcaldía y convertirse en un tipo tan iracundo cual poco de fiar. Nada que ver, por supuesto, con el tipo que sabía desplegar todos sus encantos, cuando le tocaba hacerse el artículo en la calle.

Con Fraiz Armada llegó el escándalo al Ayuntamiento. Y a las sesiones plenarias acudía un público convencido de que tenía la diversión asegurada. Espectadores que sabían sobradamente que iban a ser testigos de insultos y denuncias graves entre concejales del propio partido y que, en nada y menos, se haría necesaria la intervención de la Policía local para evitar males mayores.

Durante esas sesiones plenarias, los concejales ofrecían el mejor espectáculo jamás visto ni en el más celebrado vodevil. Ni siquiera faltaban el señor o la señora que, desbordados por la histeria, sufrían el soponcio producido por ser incapaces de domeñar la agitación nerviosa que les impulsaba a la violencia.

De aquellos lodos, causantes de tantas vergüenzas ajenas, surgió el Partido Socialista del Pueblo de Ceuta. El cual se mantuvo en candelero mientras que Aurelio Puya tuvo capacidad de liderazgo. Que fue poco tiempo. El que le valió para conseguir tres escaños figurando como cabeza de cartel del PSPC.

A partir de ahí, es decir, en cuanto Juan Luis Aróstegui actuó de primer espada, el PSPC comenzó a resentirse. De tres concejales pasaron a tener dos y así hasta quedarse sin ninguno. Si bien la culpa de tan lamentable derrota, según sigue diciendo Aróstegui, la tuvo el GIL. Un fenómeno de partido que a él le perjudicó ostensiblemente.

Me decía de él, quiero decir de Aróstegui, un empresario local, que el mayor error de su vida fue confiar en el dirigente del PSPC. Una confianza que le hizo gastarse mucho dinero en todas las campañas electorales de este partido, tanto municipales como generales, a sabiendas de que arriesgaba su dinero a favor de un perdedor nato. Con el trabajo que a él le costaba conseguir la pasta mediante la recaudación de impuestos fuera de concurso.

Han pasado los años, y por mucha fama de perdedor que haya atesorado Aróstegui, hay personas en el PSPC que siguen sin entender las razones que éste ha tenido para coligarse con el partido de la UCDE. Personas que han decidido ya votar a Juan Vivas. Lo cual tampoco es nuevo. Pues a mí me consta que es lo que han venido haciendo siempre.

Por tal motivo, al político más inteligente de Ceuta, tal y como él me declaró un día, no le quedó otra opción que cambiar cromos con Mohamed Alí. Yo te presento en sociedad. Y tú me dejas dirigir Caballas. Vodevil a la vista.
 

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