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OPINIÓN - VIERNES,17 DE DICIEMBRE DE 2010

 

OPINIÓN / EL OASIS

Comida de diciembre
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

Hemos pasado el ecuador de diciembre y estamos tratando de encajar lo mejor posible los malos augurios con los cuales nos mortifican diariamente los que dicen saber que la economía está herida de muerte. Lo cual no es óbice para que la gente se reúna a fin de celebrar la clásica comida de las empresas. En una de ellas estoy cuando alguien pregunta si es verdad que España está abismada a un fracaso que será castigado severamente por la Unión Europea.

Un economista, que se halla sentado a la mesa, no duda en ponerse a dar lecciones de su especialidad y los demás le escuchamos atentamente. El hombre no tiene reparos en adelantarnos que España no es fiable en ningún sitio porque está dando pruebas suficientes de que no puede atender a sus deudas.

Cuando se le inquiere acerca de si hay soluciones que puedan cambiar el curso de los efectos negativos que están proclamando los medios a troche y moche, el economista, muy metido en su papel de especialista de la cosa, responde que la situación es desesperada. Y que a partir de ahora todo puede ir de mal en peor.

Estamos a los postres y el economista todavía sigue dando la impresión de disfrutar de lo lindo al ver que sus opiniones nos están acoquinando. De hecho, nada más iniciarse la conversación sobre el momento tan difícil que vive la economía española, todos los comensales dejamos de hablar hasta de lo que más se habla en España actualmente: que la novia de Iker Casillas, tan afamada ella por un beso mundialista, ha conseguido enemistar a su novio con Cristiano Ronaldo.

Cuando más crecido estaba el economista disertando acerca de los motivos por los que España puede darse de cara con la bancarrota, uno de los comensales, harto ya de escucharle profetizar mal tan descorazonador, va y le dice que “los economistas están para prever que estos malos momentos llegan y poner los remedios para que no lleguen, así es que si llegan ellos son unos mastuerzos y unos ganapanes, unos pinchaúvas y unos impresentables”.

Y, claro, ante la sarta de insultos, el economista se pone farruco y nos obliga a los allí presentes a intervenir. Antes de que se metan mano. Y, créanme, que nos costó nuestro trabajo conseguir que la sangre no llegara al río. Pues ambos, economista y provocador, se pasan las horas en el gimnasio y además son judokas. Así que no hace falta decirles que pasamos nuestra miajita de jindama.

Eso sí, en cuanto logramos que reinara la calma, nuestra conversación dio un giro radical. Que a todos nos vinos la mar de bien. Recuperado el sosiego, Juan Vivas fue el personaje central de nuestra charla. Y casi todos los comensales se deshicieron en elogios hacia él. Y no tuvieron el menor inconveniente en estar de acuerdo con su manera de dirigir los destinos de la ciudad.

Una ciudad que lleva ya diez años sin que en los plenos haya trifulcas, pendencias, grescas, alborotos, soponcios, lipotimias e intervenciones de la Policía Local. Lo cual es el resultado de gobernar con habilidad, paciencia, inteligencia y otras cualidades adecuadas a un gobernante sin rivales que le inquieten. Aunque convendría recordarle a Vivas que lo ideal sería que siguiera gobernando, como si en vez de mayoría absoluta la tuviera relativa; quiero decir, con más cacumen, más seriedad y más sabiduría política. Ya que él puede.
 

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