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OPINIÓN - VIERNES, 14 DE ENERO DE 2011

 

OPINIÓN / EL OASIS

José Mourinho acapara las envidias
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

Su regreso a nuestro fútbol, convertido en el número uno de los entrenadores mundiales, ha propiciado que la envidia española vuelva a florecer en todo su esplendor dañino. Y la envidia ha motivado también que se haya desatado una aversión manifiesta hacia su persona por parte de muchos profesionales pertenecientes al mundo del balón. El portugués, desde que se anunció su contratación como entrenador del Madrid, principió a ser objeto de odio, aborrecimiento, antipatía, etcétera. Fobia que ha ido creciendo cada vez más contra un técnico triunfador en tres países distintos. Y ha llegado al extremo de ser la causa por la cual no haya partido en el cual José Mourinho no sea afrentado por parte de los componentes del banquillo contrario, que parecen predispuestos a tenérselas tiesas con el entrenador madridista.

En tales grescas, antes, durante, o después de los partidos, participan entrenadores, jugadores, fisioterapeutas, delegados… Que parecen haberse conjurados para demostrar que Mourinho es un tipo dominado por una chulería que los españoles no deben permitir bajo ningún concepto. Y mucho menos, faltaría más, si el chulo es de nacionalidad portuguesa. Con lo cual la animosidad contra su persona es doblemente mayor. ¡Esto no hay quien lo aguante!, exclaman sus enemigos. Exclamación que lleva una tonelada de soberbia. Y dentro de nada comenzarán a decir de Mourinho que está loco. Lo cual significa que hace cosas con las que no están de acuerdo los demás profesionales que son incapaces de practicarlas.

Antes que a Mourinho, ya vivimos los más viejos del lugar a Helenio Herrera: quien pasó a la historia como el entrenador que hizo posible, entre otras muchas cosas, que la utilidad de los entrenadores sea reconocida, desde entonces, y pagada a precio de oro. Aunque en la época de HH los críticos futbolísticos eran cuatro y no se atrevían a realizar campañas en contra del “Melenas”. Sobrenombre por el cual era asimismo conocido el entrenador de origen argentino.

Mourinho es un excelente entrenador. Y así lo pudimos comprobar, una vez más, el domingo pasado, en el partido que su equipo jugó con el Villarreal, al tomar decisiones sobre la marcha que cambiaron el curso del encuentro. Decisiones que no siempre salen bien pero que son deseables antes que quedarse cruzado de brazos a ver lo que pasa mientras los jugadores propios no dan pie con bola. Mourinho ha llegado al Madrid en un momento donde en España se sigue viviendo el éxito del Mundial como si fuera la panacea. Triunfo extraordinario que, junto al juego maravilloso del Barça y sus rotundas victorias han hecho posible que Guardiola y Del Bosque estén a un paso de que pidan para ellos la canonización. Y, por si fuera poco, ambos representan la mejor versión del buenismo actual que existe. Son los mejores exponentes de esa falsa humildad tan en boga. Cuando habla Guardiola, más que a un entrenador me parece estar oyendo al padre espiritual que tuve en un colegio de jesuitas. Y Del Bosque podría explotar siempre su figura de Papá Noel. Sin necesidad de ponerse la ropa. Mourinho, en cambio, cada vez que abre la boca es para despertar sentimientos encontrados de admiración y odio. Y ha logrado que Valdano se sienta ridículo. Y éste, tan cursi cual peligroso, vive pensando en darle jaque mate al portugués. Lo tiene difícil.
 

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