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OPINIÓN - SÁBADO, 22 DE ENERO DE 2011

 

OPINIÓN / EL OASIS

Aróstegui: cabecilla del mal
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

Uno ya sabía que es un tipo antipático, envanecido y colérico. Que muy bien podría pertenecer a esa clase de personas que, cuando los suyos no le dejan hacer su santa voluntad, son capaces de ponerles los platos de la mesa bocabajo o, incluso, estrellarlos contra las paredes del comedor.

Uno ya sabía que es un tipo desabrido, amargado, avinagrado, huraño… Y, sobre todo, un Fulano que no cesa de destilar odio contra sus paisanos. Por una causa bien sencilla: sus paisanos no le quieren ver ni en pintura y se lo vienen demostrando cada cuatro años, cuando les toca acudir a las urnas.

Uno ya sabía de sus malas andanzas en la política. De sus contactos con empresas ceutíes, que lo consideraban el mejor asesor de sus componendas. Las de las empresas, claro. No en vano era, y sigue siendo, pariente de los propietarios de una que lideró este mercado durante muchos años.

Uno ya sabía de cómo por medio de faxes colocaba a dedo en el Ayuntamiento; es decir, de manera vergonzosa, a gente de su cuerda, impidiendo el acceso al empleo público en igualdad de condiciones. Lo que hacía posible que muchos de los mejores aspirantes se quedaran en la calle.

Uno ya sabía que padece de bovarismo: vive en un estado de insatisfacción debido al desajuste entre la alta concepción que de sí tiene y sus condiciones reales. Lo cual, como me dijo a mí alguien muy cercano a él, le hace estar en permanente acritud. Convertido en una fiera enjaulada, que segrega mala baba en cantidad.

Uno ya sabía que se tiene por ser la persona más inteligente nacida en esta ciudad. Debe ser porque maneja un sindicato de clase, a su antojo, desde hace un montón de años. Recibiendo subvenciones del Estado necesitadas, sin duda, de alguna que otra fiscalización.

Uno ya sabía…, bueno, que Juan Luis Aróstegui era lo que es y muchas cosas más. Pero lo que no entraba en mis cálculos es que fuera un traidor. Un traidor que ha terminado dando la cara con el artículo publicado el jueves pasado, titulado así: “Romper el círculo vicioso”.

En ese escrito –el editor del periódico añejo se ha cubierto de gloria al publicarlo- se aprecia la mejor versión de Aróstegui como cabecilla de una comunidad a la que trata de dividir. Inflamando los ánimos de los musulmanes, pidiendo venganzas y propalando que esta tierra pertenece a veintidós mil votantes del PP, en los que diez mil son fanáticos y doce mil racistas trashumantes desde lo ocurrido en Perejil. Ni siquiera Máximo Cajal y López se había atrevido a llegar tan lejos en su aversión por esta tierra: Ceuta.

Pero hay más: Aróstegui, al fin, ha dado señales evidentes de estar trabajando a favor de los del otro lado de la frontera. Me explico: ha emprendido una campaña contra la sociedad ceutí, a la que ha acusado de estar dispuesta a acoger a cualquier delincuente y hacerlo presidente de la Ciudad, si éste les prometiera a los ciudadanos que su misión principal consistiría en expulsar a los musulmanes españoles de su tierra. Con lo cual ha puesto la primera piedra contra una actitud que debería primar siempre aquí: tejer lazos de unión, disipar malentendidos, hacer entrar en razón a unos, moderar a otros, allanar, reconciliar… En suma: mediar entre las diversas comunidades y las diversas culturas. Aróstegui ha excitado identidades… Deberá atenerse a las consecuencias.
 

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