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OPINIÓN - SÁBADO, 22 DE ENERO DE 2011

 
OPINIÓN / COLABORACIÓN

Los peligros de azuzar la crispación

Por Nuria Van Den Berghe


Al Consejero de Cultura de Murcia le partieron la cara con un puño americano por su adscripción y puesto político. Esa puede ser una lectura. Simplista sin duda alguna. Porque, para entender y valorar los hechos hay que escarbar y ahondar en las sombras de nuestro sistema.

Luces y sombras existen en cualquier sistema y en cualquier actividad política. Pero, cuando ganan las sombras las consecuencias son fatales y se acaba con la cara rota en un quirófano. Yo he llegado a oír decir “¿Pero es que, el Consejero, no tenía dos manos?” Pues sí las tenía y las tiene, pero no todas las personas están capacitadas para actuar ante un comportamiento violento e inesperado. La segunda lectura que yo propondría, en estos tiempos de tentaciones de revanchismo y de apología de desenterrar enfrentamientos entre hermanos desmemoriados, sería la conveniencia de que, los cargos públicos tomaran, por decreto, clases de autodefensa. En plan preventivo y no es que estemos en Israel donde, hasta los gatos, son capaces de revolverse como fieras con técnicas de krav maga, ni en los Estados Unidos donde se enseña, por cultura, que todos los ciudadanos tienen derecho a portar armas y a usarlas legítimamente en caso de verse en peligro. No digo eso, al revés.

Nos quedan años de aprendizaje y de práctica de los más elementales derechos civiles para que, el legislador comprenda, que no existen límites a la legítima defensa y que, al agresor, al malo, no hay que protegerle ahogándole en garantías, sino castigarle con dureza. De hecho, en la actual tesitura, si un tipo, pongamos, un político, con conocimiento de deportes de contacto, repele un ataque y le mete al atacante una capujana, lo mejor que puede hacer es largarse y no avisar porque corre el riesgo de que, encima, le imputen por lesiones y tenga que indemnizar al agresor.

La esperanza para que se finiquite el mamoneo tendrá que venir de la mano de la anunciada “regeneración” que, sin duda alcanzará a todos los ámbitos y a todos los poderes. Hoy por hoy, quien azuza la crispación y fija “dianas” no suele salir mal parado, de hecho, en el País Vasco, se han pasado toda su historia democrática “fijando dianas”, regalando subvenciones neblinosas, premiando a los familiares de los etarras con viajes en cómodos autobuses para ir a ver a sus criminales a las cárceles y fraguando todo tipo de tropelías.

Y, no crean, el pueblo llano se comía por dentro y se le retorcían las tripas, recuerdo una anécdota graciosa y entrañable: Centro penitenciario del Puerto de Santa María, estando secuestrado Ortega Lara, mi acompañante y servidora con los lazos azules en el pecho, una ventita cuquísima al borde de la carretera, saliendo de la prisión cuando se tira para la derecha, en dirección Jerez. En la puerta de la ventita un lujoso autobús a reventar de familiares y allegados de ETA que salían de comunicar y se habían parado a tomar un refrigerio, a pesar de… A pesar de que, la venta, parecía un palacio de congresos, del pedazo de bandera española que tenían ondeando en lo alto y dentro, un parque temático de la más pura España cañí y un pedazo de lazo azul que no se podía aguantar y nosotros y los tertulianos haciendo comentarios de dudoso gusto acerca de la trayectoria que podía tomar el cacho de bocadillo de jamón al pasar por la garganta de esos bichos, allí nos estábamos retando, a ver quien saltaba antes. Y los allegados de los etarras, impresionados, porque aquello parecía una plaza de toros o un desfile de la fiesta nacional de puro despliegue de rojo y gualda, mirando de reojo los lazos azules “¡Tú! ¿Estás mirando algo? ¿Quieres que te prenda el lazo en los huevos?”. Crispación. Enfrentamiento. Había un pobre funcionario de prisiones secuestrado y esa gentuza se andaba paseando gratis de cárcel en cárcel y encima querían comerse “nuestros” bocadillos de jamón y beberse “nuestros” cafés, así, por la cara, provocándonos.

Mucho veneno y mucha crispación alentada por políticos de mierda con sus ikastolas y su falta de firmeza había llevado sin duda a tipos, que en otro contexto no hubieran sido más que gandules y chorizos, a convertir su odio en sangre de inocentes. Y, viéndoles allí, tras una historia de abusos por parte de los nacionalismos que sembraron esos vientos y cosecharon esas tempestades, nosotros, los españoles nos sentíamos provocados y vituperados, Ortega Lara en un zulo y esa gente buscándonos la boca. Y a los de la piel de toro quien nos busca nos encuentra.

Regeneración y krav magá por ley a todos los cargos públicos, para que no se vean indefensos y se defiendan como machotes. Y parar a los azuzadores, a los apologistas, a los cizañeros, a quienes “fijan dianas”, a quienes remueven ayeres para mover al enfrentamiento entre los españoles de hoy, parar, no al que critica o denuncia cuando lo hace con fundamento, porque esa es una luz del sistema, sino a quien envenena y encizaña tirando la piedra y escondiendo la mano. Eso y mucho krav magá.
 

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