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OPINIÓN - MIÉRCOLES, 26 DE ENERO DE 2011

 

OPINIÓN / MIS COSAS

Mis cosas
 


ADE
ade
@elpueblodeceuta.com
 

Desde hace varios años, no se cuantos, soy socio de la Sociedad Protectora de Animales, quizás por el enorme cariño que siente sobre todo por los perros, lo me que hace pensar en las sanciones impresionantes que les pondría a todos aquellos que abandonan a uno de estos animales y ni te cuento, serrana del alma, a quienes cuando no los necesitan los cuelgan de los árboles. A esos, lo digo como lo siento, los metía directamente en la cárcel.

Queda como muy mono, que llegadas ciertas fiestas en el calendario los papás les regalen a sus los nenes un perro como su mascota. Un animal al que deberán cuidar y no tenerlo como un juguete que cuando se cansen de él se tire a la basura, en este caso del perro se abandone a su suerte lejos del domicilio familiar.

Nadie tiene la obligación de comprar un perro. A nadie se le pone como se dice vulgarmente, una pistola el pecho para que lo compre. Si lo compra es porque así lo quiere, sin tener presión alguna para realizar tal compra. Por tanto al realizar la compra debe de “apechugar” con todo lo que ello supone. No más ni menos. Así de claro y sencillo. No hay que darle más vueltas al asunto.

El abandono de ese perro que se ha adquirido para regalárselo, en determinadas fechas al nene de turno, supone un auténtico peligro por varias razones. Porque al andar desconcertado, tratando de busca el camino de vuelta a casa puede, en cualquier carretera producir un accidente que causen victimas. De hecho ya han ocurrido varios.

El animal abandonado necesita comer y busca donde encontrar alimentos. En la mayoría de las ocasiones se une con otros perros abandonados formando una familia de perros salvajes, capaces en su necesidad de comer de atacar a las personas teniendo, en ocasiones, que lamentar más de una desgracia.

Decía la sabia de mí abuela que: “más vale prevenir, que curar”. Pues bien, hablando de esa clase de perros salvajes, que destrozan todo cuanto encuentran en su camino para satisfacer el hambre, tenemos que decir que existe una manda de perros salvajes a la altura de cementerio, que buscando comida llegan hasta la potabilizadora donde a cierta personas que se dedican a la cría de gallinas y conejos, han comprobado como muchos de eso animales han desparecido siendo engullidos por esos perros salvajes.

Es más me cuenta uno de esos señores, que tienen allí en la Potabilizadora sus gallinas y sus conejos, que en cierta ocasión, estuvo más de media hora subido en un árbol para evitar ser atacado por esa manada de perros salvajes.

Creo, si la memoria no me falla, que la Ciudad Autónoma tiene un servicio de recogida de esos animales que vagan sin dueño por aquellos lugares. Pues harían bien ese servicio establecido para la recogida de esos animales salvajes, intentar localizarlos y llevarlos al lugar que le corresponde, para evitar todo los destrozos que vienen realizando entre otros animales. Al mismo tiempo, por el bien de las personas que acostumbramos a andar por aquellos lares, a los que un día nos pueden atacar, con la desgracia que ello podría suponer.

Como bien decía la sabia de mí abuela:”Más vale prevenir que curar”. El que avisa no es traidor. Ojo al enorme peligro que suponen estos perros salvajes.
 

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