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OPINIÓN - VIERNES, 4 DE MARZO DE 2011

 

OPINIÓN / EL OASIS

Fraiz: fue alcalde atrabiliario
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

El miércoles pasado, mientras esperaba la llegada de alguien con quien suelo reunirme un día a la semana, para comer, hablar, y contarnos batallitas que nos hacen mucho bien a ambos, estuve un rato pegando la hebra con un tipo tan preparado cual amable. Y muy enterado de los entresijos y secretos de la política local. Y mira por dónde salió a relucir el nombre de políticos de otras épocas. Y me contó que no hace mucho estuvo hablando con Francisco Fraiz. Precisamente de cuestiones políticas, y según mi interlocutor, dedujo de sus palabras que Fraiz está convencido de que todavía sigue teniendo tirón político en Ceuta.

Mi respuesta fue que FF hace muy bien pensando en que ejerce todavía mucha atracción entre los vecinos de esta ciudad. Que a ciertas edades es conveniente vivir ilusionado con deseos que, aun a sabiendas de que son imposibles realizarlos, nos ayuden a hacernos la vida más grata. Quien dialogaba conmigo no dudó en pedir mi opinión acerca de aquel Fraiz que, en la década de los ochenta y primeros años de la siguiente, transitaba la calle con marchosería, sintiéndose garrido y brioso, pero a su vez convencido de que para ganar la alcaldía estaba obligado a frecuentar personas con las que jamás habría compartido ni saludo. Y no tuve el menor inconveniente en describírselo, así por encima.

Mira, Fulano, cuando llegaba la campaña electoral, Fraiz era capaz, por obtener un voto, de hacer de todo. Pero de todo. Era el político que más abrazos, besos, achuchones, apretones de manos, tableteos en las espaldas, y demás zarandajas relacionadas con esa actitud tan falsa cual extendida entre los políticos.

Yo he visto a Fraiz, en tiempo electoral, rebajarse hasta extremos insospechados con tal de ganarse la voluntad de quienes se aprovechaban de la ocasión para, entre bromas y veras, decirle de todo menos bonito en la barra de un bar, en una discoteca, o en cualquier otro establecimiento. Eso sí, tomaba nota de las personas que se hubieran atrevido a pasarse de la raya, y pobre de ellas, créeme, si en algún momento tenían que depender de la voluntad de Francisco Fraiz, como alcalde, para solucionar el menor problema.

Francisco Fraiz, una vez que conseguía su objetivo, es decir, cuando lograba los votos suficientes para poder gobernar, se convertía en otra persona bien distinta. Tan distinta como para sacar a relucir su carácter variable, atrabiliario y tonante. Una forma de ser que afirmaba en cuanto se sentaba en el sillón de la alcaldía.

A partir de ahí, todo lo que hacía iba ya encaminado a mostrarle a los habitantes de esta tierra que su autoridad era infinita. Y se arrogaba facultades en sus funciones, que no tenía. Y, claro está, la ley le quitaba la razón a la par que sentenciaba en su contra. Así le pasó con Aurelio Puya y, luego, cuando tuvo que cederle los trastos a Basilio Fernández en Progreso y Futuro de Ceuta. Entre otros casos. Ahí me paré. Pues no había leído aún las declaraciones de Fraiz.

FF está en su derecho a criticar negativamente al actual alcalde. A llamarle advenedizo y acusarle de abrazar farolas con tal de conseguir votos. Pero debería ser más cuidadoso. Pues su pasado, como alcalde, está repleto de malas decisiones: cierre de periódico, trifulcas en los plenos, desmayos, intervenciones policiales, etcétera. Alejandro Curiel sería el más indicado para aportar datos.
 

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