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OPINIÓN - DOMINGO, 13 DE MARZO DE 2011

 
OPINIÓN

Miscelánea semanal

Por Manuel de la Torre


LUNES. 7


Ayer amaneció un día inclemente. Llovía. Hacía frío. Y lo que más me apetecía es quedarme en casa. Bien leyendo o viendo los partidos de fútbol que ofrecían las televisiones. Pero uno, por razones que tampoco entiende, se vistió de domingo y encamino sus pasos hacia el Alfonso Murube. Tal vez porque de tanto hablar con quienes uno comparte palco, resulta que se ha hecho adicto a la asistencia a un estadio en el cual ha sido protagonista durante una época diametralmente opuesta a la actual. Finalizada la primera parte, cuando el Cádiz ganaba por un tanto a cero, habiendo jugado igual o peor que el equipo local, me encontré con Pepe Almagro en el descanso. En esa parte del estadio donde acudimos casi todos los asistentes a la tribuna para intercambiar impresiones y estirar las piernas. Pepe, en cuanto le di la oportunidad de meter baza en la conversación, sacó a relucir el nulo aprovechamiento que del viento se estaba haciendo por parte de los jugadores locales. Daba pena ver que Fock, portero local, se empecinaba en sacar de puerta de manera equivocada. Lo cual facilitaba el hacer del equipo gaditano. Tampoco entendí algo que es abc del fútbol: si con dos ‘pivotes’, tal como ahora se llama el jugar con dos volantes defensivos, no se logra dominar el medio campo, parcela vital del terreno de juego, por qué no jugar un cuatro, cuatro dos, con dos delanteros centro. De tal modo que alrededor de Manolo Pérez, jugador con cualidades ofensivas, se produjera un juego equilibrado y capaz de evitarle a Pérez el agotamiento.

MARTES. 8

Charlo con Emilio Carreira en pleno paseo Alcalde Sánchez Prado, cuando se une a nosotros Alfonso Conejo. Y allá que la conversación transcurre por cauces normales. Salen a relucir las molestias cervicales que viene padeciendo Juan Vivas. Todas las personas que se pasan tantos años y tantas horas en un despacho, acaban por acusar dolores en esa zona. Menos mal que Vivas decidió hace ya algún tiempo, más vale tarde que nunca, caminar por las mañanas para combatir el mucho tiempo que se pasa sentado. A Emilio le dije que me había gustado su manera de enfocar el debate que había mantenido con Juan Luis Aróstegui. Emilio no es muy expresivo. Y anda siempre en situación de alerta. Pero, a pesar de ello, yo sí le noto cuando se siente satisfecho por cualquier hecho en el cual haya participado. En esta ocasión, percibí inmediatamente su estado optimista. No es la primera vez que escribo sobre lo bien que se le da a Carreira el discutir y argumentar. Por tener aptitudes para ejercer la dialéctica. Alfonso Conejo, según sus palabras, está viviendo más que bien en estos momentos. Y es que lejos de la actividad política, también hay vida. Tal vez, mejor vida.

MIÉRCOLES. 9

Ayer martes reclamaron mi presencia en una comida. Y no tuve el menor inconveniente en participar en ella. Fuimos cinco las personas que nos sentamos a una mesa en Casa Navarro: en la misma que hace ya bastantes años comí con Rafael Alcalde Crespín, más conocido por Crispi, cuando éste era entrenador de la Asociación Deportiva Ceuta. Y, ante tal casualidad, durante la comida me pareció oportuno referir la conversación que mantuvimos Crispi yo y en la que estuvo José Manuel Gallardo como oyente. Y, puesto ya, no dudé en relatar la anécdota completa en la que participaron personajes importantes, de una época, como eran José María García, Miguel Vidal, periodista mallorquín, y el ya reseñado Crispi. También tuve la oportunidad de saludar a Yolanda Bel, portavoz del Gobierno y consejera de Medio Ambiente, que estaba en el comedor. Y con la que charlé lo justo pero no carente de interés.

JUEVES. 10


“Uno de los recuerdos más vivos de mi niñez es el de haber escuchado en la radio el segundo combate de boxeo entre el norteamericano negro Joe Luis y el peso pesado alemán Max Schmeling. Schmeling había dejado fuera de combate a Louis en el primer asalto y la prensa nazi habló con elocuencia de la superioridad innata de la raza blanca. En el combate de vuelta, Louis dejó fuera de combate a Schmeling en el primer asalto, si no me falla la memoria. El árbitro puso el micrófono ante el vencedor y le preguntó emocionado: -Bueno, Joe, ¿te sientes orgulloso de tu raza esta noche?- Y Louis contestó con su deje sureño: -Sí, estoy orgulloso de mi raza, la raza humana, claro (Gabriel Jakson). Por tanto, sigo sin explicarme a qué viene que señores que forman parte de la Coalición Caballas se sientan ofendidos cada vez que a mí me da por resaltar la importancia que ha tenido siempre el mestizaje. Me veré obligado a preguntarle a Mohamed Alí si él no se ha dado cuenta de semejante desprecio por parte de algunos de sus socios. Qué cosas…

VIERNES. 11

El sonido del teléfono me despierta de una siesta que estaba transcurriendo plácidamente. Apenas llevaba veinte minutos durmiendo cuando hube de atender la llamada. Me quedaban otros veintes. Que para eso hago uso del despertador. Mi comunicante, que me había echado de menos en la calle, debido a que es de los que aún no se han enterado de que yo transito el centro de la ciudad nada más que dos o tres días a la semana, me dice que se sorprendió bastante cuando me leyó el artículo dedicado al debate entre Carreira y Aróstegui, celebrado en Ceuta Televisión. Pensaba, me dice, que tú no podías ver a Emilio ni en pintura. Y le contesto con pocas ganas, la verdad sea dicha, que en mí no influye en absoluto lo personal cuando trato de destacar la actuación profesional de alguien. Un futbolista, por ejemplo, puede ser el más agradable y culto para compartir con él comida y sobremesa. Y luego, si sus actuaciones en el campo dejan que desear, no dudo en exponer públicamente sus fallos. Es lo mismo que me ha ocurrido con Cristina Díaz -que gerencia la televisión pública-, el que yo lleve muchos años, pero muchos, sin hablarme con ella, no es obstáculo para que haya escrito contra quienes la han puesto a parir cuando no tuvieron huevos de hacerlo siendo Manolo González Bolorino gerente del medio.

SÁBADO. 12

Me hablan de un personaje que no cesa de alardear de conocimientos, y que lleva tiempo sometiendo a un duro castigo a las instituciones y a quienes están al frente de ellas. La tarjeta de visita del personaje está atiborrada de títulos y de cargos. Más que una tarjeta parece una carta de restaurante con varias estrellas. El personaje, en cuestión, reconoce que ha evolucionado con el paso del tiempo. Y que está en su derecho de hacerlo. Desde luego que sí. Faltaría más. Pero su evolución ha sido tan radical como para opinar una cosa y al día siguiente la contraria, como quien dice. Pero esa forma de ser no me interesa. En absoluto. Pero sí el que lleve un tiempo metiéndose en camisa de once varas. Que es oficio arriesgado y en el que con frecuencia, el oficiante suele encontrarse con la no buscada horma de su zapato. Sin embargo, la suerte del personaje es que hasta ahora no le había prestado la menor atención. La que merece por su insistencia en, como ya he dicho, meterse en camisa de once varas. El ir por lana no tiene más que un riesgo: que le trasquilen a uno. Antes de ir por lana -aunque el personaje crea que imponen respeto sus títulos y el careto de mosquetero con que los luce-, es aconsejable tentarse la ropa, medir las distancias y santiguarse, por si acaso las cañas se vuelven lanzas.
 

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