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OPINIÓN - JUEVES, 17 DE MARZO DE 2011

 
OPINIÓN / ANALISIS

Sanción justiciera a los cadetes

Por Nuria de Madariaga


Ser “justiciero” no tiene nada que ver con ser justo. Incluso es un concepto que choca con el término “Justicia”. Y la sanción de tres años de inhabilitación o prohibición de jugar al fútbol impuesta a dos jóvenes jugadores de la categoría cadetes por una pelea con el árbitro es, a todas luces desproporcionada ya que choca frontalmente con el mismo espíritu de la Ley del Menor.

Cierto es que los menores han sido acusados de golpear al arbitro en el curso de un encuentro, pero no han sido lesiones graves ni se utilizó una fuerza desproporcionada, de hecho no tenemos noticias de que se tramite ningún expediente en el Juzgado de menores y de ser así, tras el arrepentimiento y la petición de perdón al agraviado más el pago de la indemnización que pudiere corresponder conforme a los criterios legales, la pena sería de unos meses de servicios a la comunidad. Los dos jóvenes jugadores carecen de antecedentes por hechos similares o por comportamientos violentos, son deportistas, están acostumbrados a la disciplina de los entrenamientos, como deportistas jamás han presentado conductas de riesgo como pueden serlo las adicciones y su entorno familiar es muy favorable.

Pero, en este caso, las normas federativas sobrepasan y exceden a la propia ley condenando a unos deportistas, cuyo futuro y vocación se centran en el deporte “a no hacer deporte”. Una decisión cavernícola, desfasada, injusta y que se enfrenta a los fines últimos de la legislación de los menores ya que en esta, uno de los consejos y medidas que imponen a los jóvenes es la práctica de deportes por presentar grandes virtudes terapéuticas e imbuir al menor del espíritu del esfuerzo y de la disciplina. Se trunca con esta “sentencia” justiciera el futuro profesional de dos jóvenes sin que se les de la opción a la reeducación ni a la rehabilitación, se castiga sin más.

Y nuestro Ordenamiento Jurídico no se mueve en absoluto por el principio de punición y menos aún cuando se trata de menores a quienes la sociedad desea educar en valores y siempre se les ofrece una segunda oportunidad para enmendarse y rectificar.

Durísima la sanción que, con todo respeto, es arbitraria y claramente lesiva para los intereses de los jóvenes. Desproporcionada, abusiva, incoherente en estos momentos cuando la colectividad apuesta por “reinsertar y recuperar” que no por castigar causando el máximo daño posible.

Si los tres años de suspensión siguieran adelante y la decisión no fuera reformada y sustituida por medidas menos dañinas para los menores, conculcaría todos los principios que rigen nuestras leyes y nunca una norma deportiva puede ser contraria a derecho. ¿Indemnización? La que sea establecida ¿Petición de perdón? Evidente ¿Sanción? Unos meses sin jugar pero también sin dejar de entrenar. El deporte es la salida de muchos jóvenes y una terapia para muchos más, pero truncar el futuro de dos jugadores menores, cuando ambos están decididos a indemnizar y a pedir perdón así como a cumplir con una sanción ajustada a derecho, esa decisión no es justa, sino “ejemplarizante” y justiciera, es decir, que nada tiene que ver con la Justicia.
 

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