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OPINIÓN - DOMINGO, 24 DE ABRIL DE 2011

 

OPINIÓN / EL MAESTRO

Situación feliz (S.F.)
 


Andrés Gómez Fernández
andresgomez@elpueblodeceuta.com

 

La enseñanza de las Matemáticas siempre, por razones diversas, han tenido muchas dificultades para que nuestros alumnos llegaran a dominarlas. Siguiendo un orden, quizás no lógico, nos encontramos con la propia estructura de las mismas, capacidad para su comprensión por parte del alumnado, escasa preparación por parte de aquellos que tienen que impartirlas, recurriéndose en la mayoría de los casos, a la realización cursos especiales de su didáctica… Porque, seamos sinceros: necesitamos, en general, de una mayor preparación para sentirnos cómodos y obtener los mejores resultados. No es razonable, aunque bien cierto es, que determinados alumnos justifican su bajo rendimiento con el argumento de “que yo no las entiendo”. Quizás, en muchos casos, sólo con el llamado “machaconeo”, se consiguen mejores resultados, pero aceptemos que la comprensión de las mismas, está muy lejos de la realidad.

Cuando ya nos sentimos seguros de que nuestro trabajo va en el buen camino, encontrarse con un grupo de alumnos que progresan adecuadamente, es un gran estímulo para el enseñante.

Es el caso que me ocurrió a mí con un 7º curso de la siempre recordada EGB, con un grupo de alumnos en el Área de Matemáticas, donde uno de ellos se erigió en entusiasta protagonista de un caso muy curioso: El alumno en cuestión destacaba también en el resto de las materias. Yo, tutor de grupo, sentía hacia él una especie de atracción por razones obvias, ya que, su rendimiento global, repito, era muy bueno y, además, su conducta era excelente. Siempre atento y realizando consultas, cuando el mensaje matemático no lo recibía con claridad, situación que siempre es de agradar por parte del maestro y, que no se prodiga mucho en el grupo-clase.

En el Área de Matemáticas, habíamos llegado al tema de la resolución de ecuaciones, concretamente a sistemas de ecuaciones con dos incógnitas y problemas que se resuelven con su planteamiento. El alumno se sentía cómodo, disfrutaba con esta parte del programa. Había conseguido dominar los “mecanismos” para resolverlas, y no le fallaba ni una situación. Rivalizaba con los “empollones” de la clase en las Matemáticas. Y, además, era el primero siempre en terminar las “pruebas-controles”. Yo le invitaba a que repasara, que le sobraba tiempo para entregar la prueba. El recogía el ejemplar de prueba y volvía a repasar. Enseguida, listo para entregarla. Yo le miraba de reojo y me convencía que, en efecto, el éxito le había sonreído.

Como le sobraba tiempo para la finalización de la clase, le invitaba a realizar otras actividades, en este caso, referidas a los temas referido a otras materias.

Yo solía recomendar a mis alumnos que siempre que tuvieran que resolver una ecuación o sistema de ecuaciones, iniciara su comprobación. Era la satisfacción de haberla resuelto bien o, en caso contrario, volver a repasarla. Aquello de comprobar se convirtió en una obligación, de forma que no permitía que un alumno diera por finalizado su ejercicio de resolución de ecuaciones o sistemas si no venía acompañado de la comprobación.

En mis orientaciones sobre la importancia de la comprobación, repetía, cuando se producía la igualación de los dos miembros, que habíamos llegado al momento de “satisfacción total”, que era indicativo de que todo lo realizado estaba bien, por lo tanto, “felicidad completa”.

Nuestro alumno había tomado buena nota y, al terminar las ecuaciones o sistemas con sus comprobaciones, añadía las siglas S.F. que, en principio, yo no encontraba relación alguna con lo realizado. Preguntado el alumno por el significado de las mismas, me respondió: “Significa situación feliz”. “Yo me siento tranquilo y contento de que mis ecuaciones y sistemas me hayan salido bien”.

Me recordó que en una situación de prueba-control le sucedió que la comprobación no le salía. Estuvo dedicándose un buen rato para conseguir el error, sin resultado positivo. Ya a punto de finalizar la sesión de Matemáticas y, por lo tanto, la prueba, se dio cuenta que donde se equivocaba era en la comprobación, con lo cual algo que él tenía como prueba infalible, dejó de serlo, procurando en lo sucesivo poner más atención en la comprobación.

Pero la S.F. no se perdió ya que él mismo, en 8º curso seguía, llegado el momento de las ecuaciones de 2º grado de aplicarla en aquellas situaciones de pruebas-control. Lo que no sé si él seguiría con su S.F. en las Matemáticas que estudió en el Instituto, situación que se me escapó de controlar.

Aunque él nos dejó, de forma “milagrosa” yo empecé a notar en las mismas situaciones de pruebas control de ecuaciones y sistemas, que un alumno de mi grupo las utilizaba. En principio empecé a descubrir, aunque yo empleaba el mismo sistema, es decir, les hablaba al grupo de la conveniencia de la comprobación de ecuaciones y sistemas si la S.F. habría salido de los ámbitos del colegio y sería de extensión generalizada. No fue así, sino que se trataba de un hermano, al que el creador de S.F. se lo había transmitido. Lo que sí es justo destacar que este hermano era también un buen alumno, que destacaba de igual manera que su hermano en la para algunos, difíciles e incompresibles Matemáticas.
 

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