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OPINIÓN - MARTES, 26 DE ABRIL DE 2011

 

OPINIÓN / EL ESQUINAZO

El recuerdo de la Semana Santa
 


Jesús Carretero
jesuscarretero@elpueblodeceuta.com

 

Adiós, sin más, a una de las semanas más negras y lluviosas que se recuerdan, con un protagonista fundamental, la lluvia y unos datos que nadie querrá recordar para el futuro, por haber roto las ilusiones de muchas personas, de todas las edades que, generosamente, se entregaron, a lo largo del año a su principal ilusión, la de tener todo en orden en su cofradía para que sea la mejor o pueda competir con la mejor.

Esto no ha sido exclusivo de Ceuta, ni de Sevilla, ni de Valladolid, por citar lugares con procesiones de primerísimo nivel, esto ha afectado a todos por igual, con lo que los lamentos y las lágrimas, todo hay que decirlo, se han dado en todas las partes.

Pero paralelo a esto, que es enmendable y que podrá lucir sus galas que este año no lució, están los accidentes de todos estos días, con una cifra de siniestros que pone carne de gallina, en torno a cuarenta víctimas mortales, si es que en las horas finales de la operación retorno no han fallecido algunos más.

Este sí que es el punto negro, como ya he dicho, en días pasados, y es un punto negro porque no hay quien pueda atajar, por mucho que se pongan a hacer la cuadratura del círculo y traten de justificarlo con unos cinturones “equis”, con unos chalecos “zeta” o con la gilipollez de reducir la velocidad en autopista a 110 kilómetros a la hora. Ya veremos ahora, cuando las cifras fríamente son similares a las del año pasado, si no se les ocurre “parir” otra chorrada para que el que les sustituya el próximo año, tenga que deshacer lo que ellos hicieron tan mal, que no se sostiene de pie.

Lo de las procesiones es cuestión de esperar, si este año ha llovido, el próximo puede hacer sol, pero los muertos en la carretera no tienen solución posible, porque mirándolo, con toda la frialdad posible, es el resultado, hasta cierto punto lógico, de tantos millones de desplazamientos de familias enteras, a lo largo de la semana, desplazándose desde su lugar habitual de residencia, hacia la sierra, la playa o el bullicio de las procesiones de los grandes núcleos urbanos que se caracterizan por ser los primeros en este tipo de manifestación cultural-religiosa-folklórica, que de todo ello hay, mucho, en la Semana Santa.

Ahora, y manda narices, con la Semana Santa finalizada, aparece el buen tiempo, aparece el sol, ha cesado la lluvia y hay quien empieza a pensar en esa maldición, desde el santoral, dirigida hacia los que con tanta devoción y con tanta fe se afanaron para que la Semana Santa, sus procesiones, salieran un poco mejor o mucho mejor que el año pasado.

Y en lo otro, en los accidentes, ya he vuelto a oír la cantinela que me esperaba, como todos los años, para enmascarar la realidad, en términos como “tantos muertos menos que el año pasado”, como si los que han fallecido no significaran nada para ellos, o como si sus cambios en el tráfico ya pudieran justificarse, por sí solos, al haber muerto uno más o uno menos que en los años anteriores, y todo para justificar el famoso 110, de marras.

No me gustan las mentiras y menos las verdades a medias o de doble cara, porque de esa forma, en vez de estar informando de lo que hay lo que nos mandan es la adulteración de lo que existe en este momento.

La esperanza, cara al futuro, de las procesiones está en que, posiblemente, el año próximo haga mejor tiempo. Por su parte, lo de los muertos no tiene esperanza alguna.
 

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