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OPINIÓN - MARTES, 3 DE MAYO DE 2011

 

OPINIÓN / EL ESQUINAZO

El mes de mayo
 


Jesús Carretero
jesuscarretero@elpueblodeceuta.com

 

Es, sin lugar a dudas, el más atractivo de los meses del año, porque, de principio a fin, tiene elementos para todos y cada uno, según sus gustos, sus creencia y costumbres.

Comenzó con San José Obrero, una fiesta que en 1957 fue institucionalizada por Pío XII, como fiesta del trabajo, bajo unas perspectivas religiosas que, más tarde, los sindicatos y los políticos, especialmente los sindicatos, han querido hacer suyo, aunque cada año va teniendo menos seguimiento y, en esta ocasión, en Ceuta concretamente, la manifestación no congregó, ni siquiera a los liberados.

Un fracaso, en Ceuta, de Comisiones Obreras, y digo Comisiones Obreras, porque UGT se ha desmarcado para no hacerle el juego a Aróstegui y sus pretensiones. Buena jugada de UGT.

Pero mayo no se queda, sólo, en la manifestación del día 1, ya que a esto, y yendo por otros derroteros le siguen las cruces que, Ceuta como muy pocas ciudades, cuida y mima, a lo largo del mes, de una forma ininterrumpida y con un estilo inigualable.

Es, por tanto, el mes de las cruces y el mes de la flores, dedicadas a María, a todas las “marías”, a las madres, a lo largo de un mes, aunque el “día de la madre”, desde hace ya unos cuantos años se trasladó del día 8 de diciembre al primer domingo de mayo, que en esta ocasión ha coincidido con el primero de mes.

Queda claro, pocas son las personas, y muy especialmente en Ceuta, que no tienen que festejar algo en mayo, con buen tiempo o con días lluviosos, pero con el mismo ánimo siempre.

Y ..., esto por encima de todo, también es la época de las primeras comuniones, con días de reencuentros familiares, con festejos para los abuelos, los padres, los tíos, los primos y todos los chiquillos que, por vez primera, reciben la comunión.

En años pasados, por estas mismas fechas, ya lo hemos venido comentando, y es que las primeras comuniones no comienzan y terminan a la hora de ir a comulgar los niños o las niñas, sino que todo eso lleva aparejadas unas compras, desde muchas semanas antes de estos acontecimientos y, además, conlleva una serie de celebraciones que hacen que los restaurantes de las distintas ciudades y pueblos se puedan justificar a sí mismos, ese mes, y puedan seguir subsistiendo, en toda esta época de crisis.

Y, como en todo, siempre hay quienes confunden “la velocidad con el tocino” y hablan de gastos inútiles, en relación con lo eclesial, en estas celebraciones.

Se equivocan, nada más lejos de la realidad, por cuanto una comunión agrupa, en torno a ese niño o a esa niña, en el día de la primera comunión, a toda la familia, hasta tres generaciones, que de ordinario, no suelen reunirse y que, sin embargo, a esto se va con total alegría y con una gran satisfacción.

En las comuniones, con ser lo principal el hecho de ir a comulgar, por primera vez, un niño o una niña, no nos podemos quedar, tan sólo, a la puerta de la iglesia. Eso es importante, muy importante, pero mucho más lo es lo simplemente social que, en épocas de rencillas y discordias, por unas horas y, a veces, para siempre, a partir de aquí, esas discordias se transforman en una indefinida concordia. Eso, también, hay que saberlo valorar.

Hemos visto, pues, una variada diversidad de actos, de situaciones que, en mayo, más que en otros meses, se van dando, a lo largo de todo el mes, algo que anima un poco más la, bien entrada, primavera.
 

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