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OPINIÓN - VIERNES, 6 DE MAYO DE 2011

 

OPINIÓN / EL OASIS

Expresión desafortunada de un sindicalista
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

Como con Nuria de Madariaga. Con el único fin de pegar la hebra hasta caer rendido. Nuria es buena conversadora. Y a mí me encantan las personas que sean capaces de hablar de todo cuanto se encarte.

De Nuria, con la que he tenido la oportunidad de charlar dos veces, me gusta sobremanera su forma de entender la vida. Y, sobre todo, la manera que tiene de afrontar el trabajo diario.

Nuria sabe latín. Y yo disfruto oyéndola hablar de sus entrevistas, de sus contactos, de lo que piensa sobre Fulano, Mengano o Zutano, y de cuanto le ha sido posible aprender en su vida: una vida dura y trabajada a conciencia para sacar adelante a los suyos.

Nuria, abogada curtida en mil casos, debe haber vivido tan bien como sufrido de lo lindo. Lo cual no pasa inadvertido para cualquiera que tenga dos dedos de frente.

En un momento determinado de nuestra conversación, así como quien no quiere la cosa, le digo a la compañera lo que dice de mí un gracioso, que firma con pseudónimo, en Internet: Nuria de Madariaga es Manolo de la Torre con peluca. Y Nuria se ríe a mandíbula batiente. Y a cambio de lo que le digo, va ella y me pone al tanto de cómo se las gastan en un sindicato de clase que cuenta con un secretario general que está convencido de que es una eminencia gris.

En ese sindicato, al parecer, la eminencia gris es tenida como la mierda que cagó la Trini. Podría considerársele, más o menos, tan desgraciado como se ha considerado siempre en Córdoba al postiguillo de San Rafael. Y quien quiera saber del asunto que indague al respecto.

En ese sindicato de clase, tan presente en la vida de esta ciudad, hay un personaje que se ha hecho con mucho poder y que, debido a que sufre problemas de estabilidad, no tiene el menor empacho, cada dos por tres, en gritar lo siguiente: “Mora con tacones…”.

Y los musulmanes que oyen semejante insulto no saben si irse para el Fulano y medirle las espaldas o agachar la cabeza por miedo a perder el empleo. Lógicamente, optan por lo segundo. Puesto que no están los tiempos como para quedarse sumido en la miseria del paro.

Cuando quedo enterado de semejante ultraje a la mujer musulmana, me entran unas ganas locas de exponer el nombre del tío que se comporta de semejante manera. Máxime cuando hoy, ayer para ustedes, he leído esta frase escrita por el secretario general de CCOO en el periódico añejo, en su artículo de los jueves: “Queremos que musulmanes y cristianos nos sintamos iguales y hermanos”. Aunque se le ha olvidado decir si él comparte lo que dice uno de sus hombres importantes en el sindicato: “Moras con tacones…”. Pero, por razones obvias, debo morderme la lengua.

Lo de “Mora con tacones…”, expresión muy usada, cada dos por tres, por un gerifalte del sindicato, ha llegado ya a oídos de ciertos musulmanes. Los cuales estarán ya propalando el dicho entre los suyos. Ahora bien, a mí me habría gustado que Fatima Hamed, antes que ninguna otra persona, hubiera tenido conocimiento de lo que piensan sus socios políticos de las musulmanas que usan tacones. O sea: “Moras con tacones…”.
 

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