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OPINIÓN - DOMINGO, 8 DE MAYO DE 2011

 
OPINIÓN / EL ANÁLISIS

De mi mismo… desde la otra orilla

Por  Juan Manuel Pecero


Hoy es viernes y son las 6 de la mañana; hace un rato he llegado de Madrid, y desde mi ventana no se puede ver la otra orilla por la niebla. En la tranquilidad del amanecer solo nos separa, a ustedes y a mí, el levante del Estrecho. Como todos los viernes, lo primero que hago al llegar a casa es ir a ver a mi “mejor amigo” de 4 años que duerme plácidamente; se remueve un poco entre las sábanas, no sé si me habrá oído o está soñando con el último capítulo de Bob esponja y con nuestros, ya amigos, Patricio y Calamardo. Algo tan simple y tierno como esto podríamos decir que es un valor prácticamente universal; en todas la culturas y credos religiosos la preocupación por los hijos es algo natural; mas cuestionable es la posición que damos a nuestros mayores, a los que son la auténtica memoria histórica de nuestro país y a los que curiosamente en las sociedades menos “avanzadas” se les tiene mayor respeto y consideración. Hoy vivimos en un mundo de presente, sin pensar que los años de juventud madura pasan a la misma velocidad que nuestros “mejores amigos” crecen. Pero mientras tanto, las generaciones intermedias tenemos una responsabilidad social y moral con nuestros dependientes, ya sean mayores o pequeños. Seguramente, a esta misma hora y en diferentes partes del mundo padres y madres pensarán qué estamos haciendo con el futuro de nuestros hijos, qué legado estamos conservando para ellos.

No sé si la herencia será una sociedad española, como la actual, que destila por sus poros pesimismo, y que los medios de comunicación con sus cifras y noticias apocalípticas ayudan a retroalimentar; ya no se sabe si no podemos hacer nada o es por esto que ni siquiera lo intentamos; esta sensación se ve muy bien en la generación “nini”. Después de la guerra civil, y de esto históricamente no hace tanto tiempo, en España se partió de cero; la diferencia es que esta crisis sistémica que empezó en el 2008 nos ha sorprendido pensando que lo normal era una sociedad con dos o tres coches por casa o adosado y viajes a los destinos más remotos del mundo; todo impensable para la generación de nuestros padres, acostumbrados a gastar sólo lo que se tenía y podía y a comprar al contado; ¡tantas veces le oía decir a mi padre lo importante que es dormir tranquilo por la noche!, esa sensación hoy la desconocemos y sabemos más de economía por la ingeniera financiera doméstica que por lo aprendido en los libros.

Pero este sentimiento contrasta en estos días con el clima de precampaña electoral; no se habla de otra cosa. Dejamos aparcadas todas nuestras preocupaciones hasta el 23 de mayo o peor aún hasta el año que viene; ¡este es un país de vivir al día! Ya empezaremos a pensar con los nuevos gobiernos. Las visitas de todos los líderes políticos no sirven ni para convencer más al convencido ni un poco al inconvencible. Son baños de multitudes que elevan al político del plano terrenal, que me recuerdan, por fugaces, aquella película entrañable de Bienvenido Mr Marshall; en unas horas, se figura, pero no se aprecia ni siquiera la realidad de unas ciudades pequeñas en tamaño, que no en importancia, como Ceuta y Melilla, -si la comparamos con grandes urbes como Madrid- Para mi, esta ciudad cosmopolita perdió su interés cuando mi hermano de sangre fue asesinado hace unos años defendiendo unos ideales que le acompañaron desde pequeño; ¡murió en acto de servicio! Hace unos meses, y por azar del destino, Ceuta se cruzó nuevamente en mi camino; tuve la posibilidad no consumada de cambiar mi vida, pero ese mismo destino me hará esperar un poco más. Mientras tanto seguiré observando el mundo desde la otra orilla.

Mundo que cambia a velocidad tal que noticias como la muerte de Osama Bin Laden pueden perdurar sólo los informativos de unos cuantos días. La discusión se ha centrado en la legitimidad internacional de Estados Unidos, dudosa y sumamente peligrosa por el precedente que supone, y en el morbo de unas fotos. Pero, sin duda alguna, el problema que subyace es qué es Al Qaida. Hoy, probablemente, y como dice Rohan Gunaratna –uno de los primeros estudiosos de este grupo–, “Al Qaida se ha convertido sobre todo en una idea…”, en una marca o franquicia (en palabras de mi gran amigo César Roa), que con proyección de yihad global dista bastante del núcleo duro en torno a Bin Laden de finales de los 90 en Afganistán (la base). Lo que no sabemos es si esa capacidad de influencia planetaria podrá sobrevivir al hombre que la creó y confiemos en los que, como Jean-Pierre Filiu, piensan que la propia violencia de la organización supondrá su fin.

Acuerdos euromediterráneos de intelectuales de ambas civilizaciones sobre los valores comunes acercarían posturas y relegarían la violencia; es cierto que los puntos en común son mayoritarios y España aquí podría adquirir un protagonismo histórico. Quizás este pueda ser un punto de partida de nuestro legado a las generaciones venideras.

Dedicado a ti, mi hermano de sangre, Salvador Lorente Sánchez (Inspector de Policía del Grupo V de Homicidios de Madrid, muerto en 2002) y a todos los que, como tú, dieron su vida por la idea de una España mejor.

Vosotros, a diferencia de tantos integrismos, entendisteis que por una idea, por un ideal, se muere, no se mata…
 

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