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OPINIÓN - MIÉRCOLES, 11 DE MAYO DE 2011

 

OPINIÓN / MIS COSAS

Mis cosas
 


ADE
ade
@elpueblodeceuta.com
 

No es una de mis especialidades escribir de deportes porque, para ello, hay unos compañeros que es el trabajo que deben realizar cada día en el periódico, con mucho más conocimientos que los míos, porque viven diariamente todo cuanto acontece en el asunto del deporte.

Así que con su permiso y metiéndome donde no me llaman, en cuanto a deporte se refiere, pero que me afecta como aficionado al fútbol y, sobre todo, como ceutí voy a dedicar el artículo de hoy, al deporte rey, y a la actuación de ese señor que con una camiseta amarilla decían ser el juez de la contienda entre ceutíes y melillenses.

Un señor al que vamos a llamar arbitro, porque de alguna forma hay que llamarle, que con su desastrosa actuación sacó de quicio al más tranquilo de los aficionados ceutíes que presenciaron el encuentro.

Lógicamente, este señor con camiseta amarilla que decía ser el juez de la contienda, se llevaría, por quien tiene la obligación de calificar a los colegiados que nos llegan, la máxima puntuación. ¡Faltaría más, con lo bien que cumplió con su cometido!.

Él fue con su desastrosa actuación quien decidió cual debería ser el resultado del encuentro. Dos goles en claro fuera de juego, dieron la victoria al Melilla que, por cierto, sin esa ayuda arbitral no hubiese pasado del empate, pues como equipo no es nada del otro mundo, simplemente uno más de los muchos equipos de segunda B.

Si fuese la primera vez que un colegiado, de esos que nos mandan, se hubiese equivocado en su actuación, se podría pensar que éste era un mal árbitro, pero es que llueve sobre mojado. Toda la temporada hemos tenido que soportar las desastrosas actuaciones de quienes han venido a impartir justicia deportiva en el Murube.

Y, naturalmente, uno piensa, cada uno es libre de pensar lo que le venga en ganas, o que son muy malos y deberían dejar el arbitraje o que vienen preparados a fastidiar al equipo local, y llevarse como calificación el tres correspondiente, por su perfecta labor al cumplir el objetivo.

Soy enemigo total de las injusticias, no las puedo soportar y el domingo en ese encuentro sentí vergüenza ajena, ante la actuación de ese señor, al que llaman árbitro y que es el encargado de impartir justicia sobre el terreno de juego.

El segundo gol del Melilla, ni un chaval que está empezando en el arbitraje lo eleva al marcador. Ese gol es algo así como el penalty que le pitan al Coruña, con un defensor que está de espaldas, le da le balón en el cuello y el colegiado de turno señala el punto fatídico. De vergüenza.

Lo que no entiendo es como estos señores pueden llegar a sus casas y dormir tranquillos. Me imagino que sus conciencias no le permitirán coger el sueño, pues no sólo han jugado con el pan de muchos padres de familia, sino que le han tomado el pelo a los aficionados y a todo un pueblo.

Si esto es a nivel de segunda B, imagínense lo que se puede coser a grandes alturas. Ahora, eso sí, éste personaje tiene todas las papeleta para, como el árbitro del Ferrol, subir la próxima temporada de categoría. De vergüenza.
 

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