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OPINIÓN - VIERNES, 13 DE MAYO DE 2011

 

OPINIÓN / EL OASIS

¡Ay de los vencidos!
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

Esta expresión se aplica para terminar con las protestas de quienes se creen tratados injustamente en detalles secundarios, cuando hay una razón de más peso que debería aconsejarles mantenerse callados. El párrafo pertenece al diccionario de frases hechas de la lengua castellana. Vamos con la explicación: En el año 390 a.C., el general galo Breno venció a los romanos en la batalla de Allia. Tras la victoria, las tropas de Breno se dirigieron a Roma donde se entregaron al saqueo. Incendiaron la ciudad y exterminaron a la población que encontraron a su paso, sin distinción de sexo ni edad.

Solamente encontraron resistencia en el Capitolio, donde los romanos se habían fortificado y resistían el asedio de los galos. Tras seis durísimos meses los romanos, agotados por el hambre y la enfermedad, comenzaron a perder los ánimos. Entonces se iniciaron las propuestas de paz.

Sulpicio, tribuno militar del ejército romano, se entrevistó con el general Breno, que exigió a los romanos un gran rescate en libras de oro. Los romanos aceptaron las condiciones, pero se cuenta que cuando comenzó a pesar el oro se suscitó una polémica sobre la exactitud de los pesos de la balanza. Entonces Breno puso su espada en la balanza de las pesas, que se inclinó más a su favor, y narra Tito Livio que pronunció las palabras: ¡Vae victis! ¡Ay de los vencidos!

El Partido Popular –de Ceuta- ha ganado ya dos elecciones, por mayoría absoluta, con Juan Vivas como candidato a la presidencia. Y fue así, sin duda alguna, porque lo quisieron innumerables ceutíes. Que en ambas ocasiones acudieron a las urnas sin que fueran mediatizados por ninguna fuerza oculta. A no ser que uno siga estando en Babia por no creer que en esta ciudad exista una especie de Ku Klux Klan que obliga a los votantes a hacerlo a favor de los populares.

Y al igual que Juan Vivas está considerado como un ganador de elecciones, en la misma medida lo está Juan Luis Aróstegui como perdedor. Son la cara y la cruz de una moneda. La cara es respetada, admirada y llevada en volandas hasta el sillón presidencial, por más de veinte mil personas, mientras la cruz es cada día más detestada. En suma, que Aróstegui, que bien ha podido sacarle rédito a sus derrotas (no olvidemos que hay perdedores famosos y apreciados), se ha venido empecinando en convertirse en un derrotado exigente. En un derrotado altivo, desagradable, amenazador… Cuyo hieratismo es a veces cachondeable, si no fuera porque insulta a todos los ceutíes que votan al PP.

Pues bien, este Aróstegui, achulado y bravucón, es el que no ha tenido más remedio que comerle la sesera a un ganador, Mohamed Alí, para que éste le permita, en una decisión impropia de cualquier tipo que sea medianamente inteligente, hacerse con las riendas de la UDCE. Para ver si, al fin, consigue el tan anhelado escaño con el cual poder armar la marimorena en los plenos.

Esperemos, si acaso lo consigue, que Vivas, a su debido tiempo, sea capaz de parafrasear al general Breno: “Mire usted, señor Aróstegui, por más que venga presumiendo de escaño, usted sigue siendo un perdedor nato. Y su pasado como gobernante es tan malo, que bien haría en permanecer callado. ¡Ay de los perdedores!”.
 

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