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OPINIÓN - SÁBADO, 14 DE MAYO DE 2011

 

OPINIÓN / EL OASIS

Arribada de Jesús Gil a Ceuta
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

Los hay que siguen sin enterarse. Sin enterarse de que la llegada del GIL a esta ciudad fue una auténtica desgracia. Desgracia a la cual contribuyó la poca atención que recibía Ceuta por parte de los gobiernos presididos por José María Aznar.

Semejante dejadez gubernamental, que mucho tiempo después me confirmó una persona que tiene toda la información posible para aseverarlo, fue la causa que hizo posible que los ceutíes, casi mayoritariamente, acudieran a festejar la arribada de Jesús Gil a esta tierra.

Hablo de arribada, porque el propietario de ‘Imperioso’ llegó en barco. Hizo la travesía, desde Marbella, en un día soleado y luminoso de 1999. Y el líder tan deseado fue recibido por una multitud entusiasmada, amén de convencida de que era el hombre que, al fin, iba a sacar a Ceuta de su tan cacareado atraso secular.

Han pasado ya once años desde entonces y sin embargo aún tengo fresca en la retina a Jesús Gil, dejándose ver a bordo de la nave que le traía. La gente vibraba, gritaba, estaba enfebrecida. ¡Qué aplausos, qué hurras, qué bravos, qué todo! Todo era una demostración de entusiasmo sin precedentes. Menos mal que, años después, la visita del Rey consiguió dejar en paños menores a la gran manifestación pro-gilista.

Pero aquel recibimiento a Jesús Gil no se produjo por arte de birlibirloque. No. Aquel esplendoroso recibimiento se gestó en Ceuta por parte de destacadas personas de esta ciudad. Destacadas en cuanto a medios, posibilidades y ocupación de cargos públicos.

Personas que estuvieron yendo a Marbella para rogarle a JG que su partido participara en unas elecciones que tenía ganadas de antemano. Porque ellas, esas personas ya se habían encargado de prepararle el terreno en todos los sentidos.

De algunas de esas personas que iban cada dos por tres a Marbella para rendirle pleitesía al presidente del Atlético de Madrid, guardo yo recuerdos desagradables. Ya que convertidas, de la noche a la mañana, en proselitistas apasionadas del GIL, se ponían como basiliscos en cuanto se les llevaba la contraria.

A esas personas, que aun a sabiendas de que estaban cometiendo un disparate no cejaban en su empeño de propalar que el GIL era la panacea, el remedio que iba a poner fin a todos los males de esta ciudad, podría yo nombrarlas en esta columna. Pero tampoco creo que mencionarlas venga al caso. Ni mucho menos ir mentando cada día, en un apartado al respecto, medios que se pusieron al servicio de la causa gilista para obtener las prebendas consiguientes.

Lo que sí puedo destacar es que fuimos muy pocos los que desechamos apuntarnos a un movimiento que llegaba con las ideas muy claras: hacer de Ceuta una ciudad tan sumamente corrupta como lo fue Marbella durante el gobierno del GIL. Entre esos pocos, sí estuvo este periódico.

Por consiguiente, vaya, pues, el consejo: bien haría algún que otro político en dejar de proclamar que los gobiernos presididos por Aznar se volcaron con Ceuta. Porque no fue así. De ningún modo. Fue todo lo contrario: los gobiernos de Aznar, desatendiendo las peticiones de Ceuta, consiguieron que el GIL ganara las elecciones en 1999. Las cosas claras y el chocolate…
 

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