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OPINIÓN - MIÉRCOLES, 25 DE MAYO DE 2011

 

OPINIÓN / EL OASIS

Alí no debe viajar en helicóptero con Aróstegui
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

A medida que voy conociendo los datos de las elecciones celebradas el domingo pasado, en Ceuta, más creo en los desastres que puede ocasionar un gafe. Eso sí, no un gafe cualquiera, sino un gafe de reconocida categoría; de esos, que si hubiera tabla de valoraciones al respecto, formaría parte del ‘Top ten’ de los individuos con más capacidad de atraer la mala suerte.

Gafe por excelencia, vamos, con muchísimos méritos para estar el primero entre los más celebrados, es, sin duda, Juan Luis Aróstegui. Su fama de tío con mala suerte, sobre todo para los demás, viene de lejos. De cuando sus campañas electorales con el PSPC eran costeadas por el propietario de un medio local.

Se quejaba el propietario de un medio audiovisual, entonces, de los muchos dineros que llevaba invertidos en hacerle campañas propagandísticas a un Fulano, se refería a Aróstegui, claro es, que no sólo era incapaz de ganarse la voluntad de los votantes, sino que, además, los ahuyentaba de las urnas. Cierto es que aquel empresario, con tal de que el PSPC lograra uno o dos concejales, era consciente de que podría recuperar el dinero gastado en un candidato con tan mal bajío. Pues Aróstegui, pese a que era ya cenizo de mucho fuste, sabía moverse por el sótano de la Casa Grande con una habilidad pasmosa. La misma que le valía para poder poner contra la espada y la pared a los que partían el bacalao en Ciudad Limpia; válgame como ejemplo de aquella época. Y qué decir de cómo era capaz de mantener el buen (!) funcionamiento de la entrega de viviendas, conocidas como VPO.

Y es que conviene aclarar, cuanto antes, que Aróstegui es un gafe para los demás. Su mala suerte consiste en estropearles a otros el pasodoble de la felicidad puesta en la consecución de algún logro (verbigracia: le acaba de buscar la ruina política a Mohamed Alí, que ha visto, con enorme pesar, cómo muchos de sus más acérrimos seguidores decidieron no votarle). El secretario general de CCOO es una especie de manzanillo. Aunque estoy intentando, antes de afirmarlo, ponerme en contacto con un profesor afamado en tal menester.

Y es que Mohamed Alí aspiraba a conseguir seis o siete escaños, cual mal menor, tras haber hecho, en principio, el cuento de la lechera. O sea, Alí se dijo para sus adentros: “Si aliándome con Izquierda Unida, a cuyo frente estaba un tal Musa de poca monta, conseguí cuatro escaños, con el Aróstegui, que le tiene sorbida la sesera a una gran parte de la clase media que no cesa de presumir de progresismo, por más que sus componentes vivan a lo grande, lo mío va ser un pelotazo en las urnas”.

Y, puesto ya a pensar, Alí llegó a creerse a pies juntillas lo que le había dicho su socio: “Mira, Alí, amén de que yo aporto a la coalición Caballas, como mínimo, una respetable cantidad de votos en el distrito 1, también te puedo asegurar que he conseguido poner de nuestra parte a un periódico añejo, que sumado al medio que yo mantengo con el dinero que tú ya sabes…, la cosa está hecha. O sea, que puedes ir contando ya con una victoria sonada”.

Y Alí, apreciado por mí, perdió la orientación. Y, sobre todo, no se percató de que Aróstegui es gafe prestigioso. Quizá manzanillo. Porque su mala suerte acarrea las desgracias ajenas. Menos mal que Alí aún no ha viajado en helicóptero con Aróstegui.
 

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