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OPINIÓN - DOMINGO, 19 DE JUNIO DE 2011

 
OPINIÓN

Miscelánea semanal

Por Manuel de la Torre


Lunes. 13

Día festivo. Me recluyo en mi casa. Me llama un socialista de los de verdad. Pues lleva toda su vida militando en el partido. Y dando siempre muestras de buen hacer en todos los aspectos. Así que nos enrollamos por teléfono. Y no tarda en surgir la conversación sobre el mal momento económico que se está viviendo en el mundo. Suena la palabra capitalismo. Y comienza a definírmelo. Lo escucho atentamente. Y, cuando me toca intervenir, le digo lo siguiente: Para mí el capitalismo es sólo un sistema económico que viene acompañado de un sistema social y de un sistema político: no siempre democracia. Sistema social: valores. Sistema político: no siempre democracia. “¿Cuál es, entonces, la combinación mejor”, pregunta mi interlocutor. Según deduzco de mis lecturas, y de lo que les he oído decir a quienes saben del asunto, la del capitalismo con democracia, le respondo. “¿Me lo puedes aclarar mejor?, dice él. Claro, cómo no. Mira, capitalismo y democracia ha resultado ser -hasta la fecha- la mejor manera de ir corrigiendo los propios errores, de ir cambiando sin violencia. La democracia sigue siendo el debate permanente de todos los temas. La democracia significa sucesivos procedimientos de ensayo y error. Democracia equivale a sistema que permite la corrección de sus fracasos. Democracia, entre otras más cosas, no es sólo “ley de mayorías” sino también “respeto a las minorías”. Y, por último, no es fácil hacer posible que la democracia se mantenga lozana. Ya que las venalidades y las injusticias están arraigadas en todos los regímenes.

Martes. 14

Con Alfonso Conejo me encanta hablar. Hace ya muchos años que nos presentaron y, desde entonces, nunca hemos desaprovechado la menor oportunidad para pegar la hebra. Siempre, pero siempre, tenemos algún asunto para analizarlo de pe a pa. Nuestras buenas relaciones vienen de lejos y se mantuvieron, incluso, cuando Alfonso estuvo ejerciendo como autoridad de primera fila. Nunca un mal gesto. Nunca un desaire. En todo momento educado. Mi estimado Alfonso dio muestras en todo momento de saber estar. De Tener maneras. Que diría Antonio Rallo (por cierto, llevo ya mucho tiempo sin saber de él). Hoy, Alfonso Conejo estaba eufórico. Acababa de arribar a Ceuta procedente de una ciudad en la cual su hija había dado a luz. Es decir, que mi amigo es ya abuelo de cuatro criaturas. Así que sale a dos nietos por hijo. Felicidades le deseé a mi amigo.

Miércoles. 15


A Vicente Matoso lo veo de tarde en tarde. Cuando años atrás, debido a que trabajábamos en la misma empresa, teníamos contactos diarios y durante muchas horas. Las que solíamos compartir en armonía. De ese tiempo, en el cual nos entendíamos a la perfección, nació una amistad que aún perdura. Por más que ahora no podamos frecuentarnos en la medida que ambos quisiéramos. A mediodía, de este miércoles ya caluroso, nos vemos, por casualidad, y Vicente me dice que va a comprarle un regalo a su hijo. Le noto satisfecho. Le pregunto por el motivo y va y me dice: “Mira, Manolo, mi hijo tiene dieciocho años. Y es un gran deportista. Juega a waterpolo en el Canoe. Y no hace falta que te diga la enorme ilusión que me está proporcionando”. Y allá que ambos nos ponemos a charlar de lo divino y lo humano. ¡Qué alegría me causa ver a un padre disfrutando de la forma de ser un hijo que ha optado por ser, en este caso, un deportista destacado! Ojalá que Vicente Matoso Alguacil, hijo de mi amigo Vicente, consiga todos los logros deportivos a los que aspira en buena lid.

Jueves. 16

Ángel Gómez lleva ya mucho tiempo sin ejercer de Superintendente de la Policía Local. El tiempo que lleva siendo director de Protección Civil. Ángel Gómez y yo tuvimos, durante cierto tiempo, nuestras diferencias. Debidas a que alguien trató de enfrentarnos con mentiras que a él le causaban desazón. Una inquietud absurda. Diferencias que logramos superar a base de buena educación y de falta de rencor. No sin antes padecer ambos inconvenientes desagradables, en grado extremo. Hoy nos tropezamos muy cerca del edificio municipal y nos ponemos a charlar. Va acompañado por Castillo. Un policía local al que, cuando apenas había cumplido los dieciochos años, hice yo debutar en la Agrupación Deportiva Ceuta, en el Murube, en un partido que perdíamos por tres a cero, en el primer tiempo, y que logramos ganar por 4 a 3 en la segunda parte. Metidos en conversación, a mí se me ocurre decirle a Ángel Gómez que me da en las pituitarias que, más pronto que tarde, puede que lo veamos otra vez en su puesto de superintendente de la Policía local. Y doy fe de que la cara se le ilumina.

Viernes. 17


Disfruto conversando con dos amigos. Surge el nombre de Germán Borrachero. Y me vuelco en elogios hacia él. Recuerdo sus palabras, cada vez que se hablaba de lo necesario que era que Ceuta contase con una Universidad. La Universidad hará posible que esta ciudad cuente con mejores ciudadanos, en todos los sentidos. De pronto, se acerca un Fulano a saludarnos. Y sin que nadie le dé bola para ello, no duda en meterse en “un jardín”. Sí, se complica la vida hablando mal de ese tipo que lleva ya más de veinte años sin doblarla como liberado en Comisiones Obreras. Me refiero al tipo del lunar en la mejilla, más bien verruga, que no sabe de qué manera hacerle cosquilla en el orto a Juan Luis Aróstegui. Y uno, que no admite que se hable mal de nadie, no estando presente, le para los pies al Fulano que no duda en decirnos que el tío del lunar, creo que en la mejilla izquierda, más bien verruga, era más de derecha que Carrero Blanco. Inmediatamente, intervengo para salir en defensa del sindicalista liberado, perteneciente a CCOO, y que tiene un lunar en la mejilla, más bien una verruga, diciendo que todo el mundo tiene derecho a evolucionar. Por más que el tipo de CCOO pueda resultar dañino para la vista de cualquier persona decente. Uno es así.

Sábado. 18


Hace ya más o menos dos años. Me llamaron de cierta televisión para preguntarme por algunas situaciones que se vienen dando en esta ciudad. Mi interlocutor quería contar conmigo porque le habían dicho que yo estaba muy al tanto de asuntos que bien podrían explicarse ante las cámaras. Los dineros que me ofrecía eran apetitosos. Pero tuve el buen gusto de decirle, con todo respeto, que no. Que yo prefería seguir combatiendo en esta jungla local. Observando a distancia las actuaciones de ciertas personas a las que les seguían oliendo la boca igual que el culo. Y le hablé de un sujeto, por ejemplo, que sigue sin aceptar sus protuberancias; como también le referí el caso de una periodista, sin mencionar su nombre, como tampoco lo hice con el de las protuberancias, a la que por lavarse poco y mal le huelen los bajos de cojones. Dejé que mi interlocutor dejara de reírse, por mi forma de expresarme, y, cuando ello ocurrió, fue y me dijo: “De la Torre, ahora tengo más interés en contratarle”. Le di las gracias, y volví a decirle que no estaba dispuesto a trabajar para ellos. Hace apenas nada, la misma persona volvió a la carga. Y otra vez me he negado. Debo estar de moda. A mi edad. Porque también he sido requerido para que le dé vida a una columna atractiva, en una página de Internet. No. De ningún modo es la que usted piensa. Aquí hay dinero. Les responderé que no. Que, de momento, seguiré en este medio. (Por cierto, dado que hoy celebramos el Día E, la fiesta de todos los que hablamos español, estoy leyendo, una vez más, a Quevedo. Y, sin ánimo de pedantear, debo decir que tengo decidido usar sus mejores expresiones para dedicárselas a un tío que no escarmienta. Luego, claro es, cuando el tío se siente tocado de un ala, sale gritando: “¡Justicia! ¡Condenen a mi ofensor!”. Ji, ji… Ja, ja… Con las protuberancias se pierde la racionalidad).
 

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