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OPINIÓN - MARTES, 21 DE JUNIO DE 2011

 

OPINIÓN / EL OASIS

Pepe Bonet
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

He disfrutado de lo lindo con las eliminatorias de ascenso a Primera División. Han sido seis partidos que me han entusiasmado como hacía mucho tiempo que no me sucedía. Desde que presencié el primero, me aboné a sentarme ante el televisor en cómoda butaca de la salita de estar para no perderme ninguno de los restantes encuentros.

Valladolid, Elche, Celta de Vigo y Granada me permitieron ver un fútbol rabiosamente competitivo. Donde los futbolistas corrían como gamos y disputaban los balones como si en el empeño les fuera vida. Y les iba…, les iba nada más y nada menos que la obtención de un ascenso a la que han dado en llamar la Liga de las Estrellas.

¡Que manera de correr todos los jugadores participantes en esas eliminatorias! Incluso cuando el lógico agotamiento se hacía presente en algunas fases de los partidos, los contendientes faltos de aire no dudaban en recurrir a eso que llaman sacar fuerzas de flaqueza. Surgía la voluntad a raudales. El espíritu de sacrificio. En suma: los futbolistas se entregaban de lleno a una tarea sin medir los riesgos.

Las eliminatorias de ascenso a la máxima categoría del fútbol español han conseguido que la Segunda División A haya salido fortalecida en todos los sentidos. El espectáculo que nos han ofrecido los equipos -al margen de ese comportamiento de algunos aficionados ilicitanos, debido a la frustración de haber perdido un ascenso que tuvieron a punto de caramelo- merece ser recordado como prueba evidente del enorme acierto que ha sido darle vida a dicha competición.

Ascendió el Granada. Un Granada capaz de fallar tantos penaltis decisivos como asimismo demostrar que andaba repleto de confianza en sus posibilidades. Un equipo que hace 35 años dejó de ser de primera y comenzó a expiar sus culpas durante tres largas décadas.

Por lo que dicen, los dos ascensos conseguidos por el Granada se deben a la magnífica labor desarrollada en el club por Enrique Pina. EP es muy conocido por el editor de ‘El Pueblo de Ceuta’. Si bien debo decir lo siguiente: el Granada ha tenido la suerte de llegar a un entendimiento con el Udinese. Y en el Udinese, equipo italiano, lleva ya tres temporadas un gran amigo mío.

Un amigo que está al frente del departamento técnico. Por ello, el ascenso del Granada me ha proporcionado doble alegría: la primera, porque es un equipo andaluz; la segunda, porque Pepe Bonet es la persona que ha sido capaz de hacer posible esa enorme relación entre ambos clubs.

Mi amistad con Pepe Bonet viene de lejos. De cuando él tenía 17 años y yo le hice debutar en Segunda División A frente al Sabadell. Bonet marcó el gol del triunfo y demostró que estaba llamado a ser uno de los más grandes jugadores mallorquines. De hecho, jugó como titular muchas temporadas y fue capitán del conjunto balear.

Pepe Bonet, que siempre tuvo conmigo detalles de los que me alimento en ocasiones, ha sabido mantener viva la llama de la ilusión en el compromiso entre ambos clubes: Granada y Udinese. No me extraña, pues, que su enorme categoría profesional y su personalidad, y lo buena gente que es Bonet, hayan contribuido en gran medida a la consecución del éxito del equipo entrenado por Fabri. Éxito que los granadinos no cesan de festejar.
 

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