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OPINIÓN - DOMINGO, 26 DE JUNIO DE 2011

 

OPINIÓN / SNIPER

Constitución marroquí y Derechos Humanos


José Luis Navazo
yebala06@yahoo.es

 

Una de las claves de bóveda que está levantando ampollas en el debate sobre la nueva Constitución marroquí es sin duda el articulado del Capítulo V, referente a los derechos y libertades fundamentales de la ciudadanía, ancladas en la referencia universal de los derechos humanos anulando toda discriminación en razón del sexo, color, creencias, cultura, origen social o regional y lengua. Una auténtica revolución de arriba hacia abajo, del rey… para el pueblo. Al entender de este escribano del “limes”, español de las Asturias y “marroquí” consorte, el actual borrador constitucional no busca más que profundizar en el Preámbulo de la actual Constitución vigente, del 9 de octubre de 1992 y revisada el 7 de octubre de 1996, pocos años antes del deceso de Hassán II (23 de julio de 1999): el “acatamiento a los derechos del Hombre tal como éstos son universalmente reconocidos”. Y en la práctica, estos inalienables derechos humanos pasan por la libertad de pensamiento y religión; Marruecos es sin duda un Estado de raíz islámica, de la misma forma que España es un Estado aconfesional, pero sociológicamente de honda y mayoritaria cultura cristiano-católica. Las circunstancias de ambos Reinos no son, al día de hoy, moneda de cambio y descabellado está el que abogue por ello. Pero no es menos cierto también que la religión no se impone, paradigma de libertad al que de una forma u otra tiene que llegar la ciudadanía marroquí obviando chantajes y coacciones de los “islamismos” rampantes que, por otro lado, sin la obscena utilización de la religión (islámica) con fines ideológicos y partidistas serían mediáticamente un mero cero a la izquierda.

Es posible que para algunos analistas de salón el actual proyecto de Constitución presente muchas lagunas, lo cual no solo es posible sino que como ya he escrito los cambios con ser importantes pueden ser insuficientes cara a los vientos de fronda que corren, pero… ¿es posible hoy día ir más allá?. No lo pienso. Si la política es el arte de lo posible, el joven soberano Mohamed VI (un rey al que intuyo cada vez más enfrentándose, con coraje, al vértigo de la soledad del mando) ya ha cruzado su particular Rubicón… Más avances constitucionales no harían sino socavar su legítima autoridad y arrastrar al Reino de Marruecos a las oscuras incertidumbres de una desestabilización progresiva. No tengo la menor duda de que el pueblo marroquí, sensato y consciente de otros duros tiempos no tan lejanos, sabe apreciar los sinceros esfuerzos de Mohamed VI “El reformista” por, sin obviar sus raíces, incardinar el país en la esfera occidental, la única garantía de futuro para un Marruecos libre y próspero que pasa por la aprobación en referéndum, el próximo julio, de la nueva Constitución.

Esta tarde de hoy domingo, la organización del Movimiento del 20 de Febrero (muy infiltrado por la izquierda radical y el islamismo extremista) tiene previstas concentraciones en varias ciudades, entre otras en el centro de la histórica capital de la Yebala. ¿Qué pretende parte de estos particulares “indignados” de nuestro vecino del sur…? Entre col y col, lechuga: el objetivo no declarado de los sectores ya citados y que, de alguna forma, han ido “secuestrando” el movimiento no es una reforma profunda del sistema ni el avance de la democracia; su horizonte inconfesado sería el caos, pues no puede calificarse de otra forma lo que sería un desastre para Marruecos y su entorno regional: la deposición de Mohamed VI o su relegación a un papel meramente simbólico y en la práctica banal, como su infortunado “tito”, el inoperante y humillado Juan Carlos I de Borbón, rey nominal de esa chirriante jaula de grillos que todavía y a duras penas se llama “Reino de España”. Visto.
 

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