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OPINIÓN - DOMINGO, 3 DE JULIO DE 2011

 

OPINIÓN / EL MAESTRO

Cuando yo iba al colegio (III)
 


Andrés Gómez Fernández
andresgomez@elpueblodeceuta.com

 

JORGE G.P. 49 años: Yo venía de un Colegio de Villa Manrique (Ciudad Real), donde realicé mis primeros estudios (cursos). El resto los hice en el “Convoy”. Fue una de las etapas más bonitas de mi vida, donde había una magnífica relación entre todos los alumnos y alumnas. También con nuestros maestros y maestras.

Voy a contar un hecho, del cual guardo una dolorosa experiencia: En mi grupo se encontraban dos hermanos, que destacaban por su rebeldía, y organizaron una especie de ‘huelga’, con la participación de todo el grupo, que firmamos un “documento”. La protesta era contra la profesora de Ciencias Sociales, porque nos ponía muchos exámenes y estábamos agobiados. La cara de la profesora cambió al recibir el “manifiesto”. Yo, en particular la vi afectada, recorriendo por todo mi ser la sensación de arrepentimiento. La profesora intentó conocer a los ‘cabecillas’ de la ‘movida’. No lo consiguió. Mis compañeros, promotores de la ‘levantada’ fueron unos pioneros de la ‘revueltas’ en las aulas.

Otro hecho destacado fue el derribo del ‘muro de la vergüenza’, que dividía el Colegio en dos, para separar a los chicos de las chicas. Fui testigo presencial de la caída anacrónica de la separación. Yo, entusiasmado, exclamé: ¡Vivan las clases mixtas!

TURIA A.A. 49 años: Mi trayectoria escolar primaria transcurrió íntegramente en el “Convoy”. Nuestro centro era un lugar de convivencia, donde no existía ningún tipo de discriminación. Sólo la Religión nos separaba, con gran respeto y tolerancia. El Colegio me llegó a marcar muy positivamente. Guardo gratísimos recuerdos. Tanto es así, que a la hora de elegir centro escolar para mis hijos, no tuve la menor duda: ¡Mi Convoy! Mis dos hijos mayores estudiaron en él. El menor, iría a otro Centro.

En mi larga trayectoria en el Colegio, serían muchas las anécdotas que podría contar, pero me quedo con el momento en que se decide la implantación del uniforme escolar. En principio fue muy acogido. Alumnos y alumnas nos vimos transformados. Pero, por corto tiempo, ya que empezaron a presentarse los primeros problemas. Al formar filas, para entrar en las aulas, ya se veía que parte del alumnado no lo traía. Eran aquellos casos en que sólo se disponía de un uniforme. Cuando se lo lavaban, y si el tiempo no acompañaba, no tenían más remedio que presentarse en el Colegio con otra vestimenta. Creo recordar que había mucha flexibilidad para dejarnos acceder a las clases. Transcurridos unos años, desapareció.

PEDRO O.N. 49 años: Yo estudié en el antiguo “Convoy”, hoy denominado “Santiago Ramón y Cajal”, en una época donde el objetivo prioritario era conseguir el Graduado Escolar que, gracias a mis esfuerzos, conseguí. Eran unos tiempos distintos a los actuales. Nosotros éramos unos alumnos muy responsables, obedientes y respetuosos. El respeto a los demás era fundamental.

Yo era un alumno comprometido. Quizás no brillaba como deseaban los míos, pero lograba sacar adelante las evaluaciones. Por cierto que mi padre me exigía que le sacara un “sobresaliente”, nota que estaba reservada para los “empollones”. Pero yo quise dar satisfacción al autor de mis días y cogí un sobre, lo metí en un libro y lo saqué un poco. Y le dije: Ahí tienes un ‘sobre-saliente’. La cosa tuvo gracia y mi padre sí que consideró que era un “sobresaliente”, por mi ocurrencia.

Lo que sí conseguí fue, aunque laboriosamente, el deseado Graduado Escolar, lo que me permitió iniciar mis estudios de Bachillerato, que no pude finalizar, quedándome en 2º Curso, por lo que, con 17 años, ingresé en el Ejército, donde permanezco en la actualidad.

ABDELILAH A.L 49 años: Inicié mis estudios en el “Convoy”, pero no llegué a obtener el Graduado Escolar. No terminé, mis estudios, porque mi hermano enfermó de corazón, y no tuve más opción que salir del colegio para ayudar en la casa y todos salir adelante con el problema de la enfermedad de mi hermano.

Recuerdo dos hechos significativos: Ya en 6º curso, en un examen de Matemáticas me sorprendió el profesor copiándome. Al menos eso fue lo que entendió el profesor, porque lo que ocurrió, en realidad, fue que estuve charlando con mis compañeros. Me llevó de inmediato a la Sra. Directora, porque todos los problemas que surgían en el Colegio tenían que pasar por ella. No recuerdo el castigo que me impuso. El otro fue que al salir al recreo, en una ocasión, al no disponer de balón para jugar el partidillo ‘reglamentario’, se nos ocurrió apoderarnos, momentáneamente, de uno de los balones que se guardaban en un armario que había en el sótano del colegio. Echamos nuestro partido y repusimos el balón, pasando desapercibidos.Encontrándome ya fuera del Colegio, haciendo grandes esfuerzos asistí a una clase de adultos y me preparé para conseguir el Certificado de Estudios Primarios. ¡Lo conseguí!
 

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